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Cumanayagua, Cuba,
 

POEMAS DE ANDRÉ CRUCHAGA

 

 

Ramas del sueño

Creo que vamos subiendo
el último peldaño.
Desde allí veremos
la verdad repartida,
la sencillez implantada en la tierra,
el pan y el vino para todos.

                                                                                 PABLO NERUDA

 


Los sueños a menudo se nutren no sólo de cadáveres,
Sino de la humedad de la lengua, de los hijos de la tierra;
Construyen escaleras de obligadas raíces.
Sobre los ojos despiertan las calles y las plazas
Y los muelles que en la noche se volvieron ciegos.
El rocío suspira en las sombrillas de la ciudad —los pájaros,
Le ponen alas al aire. Hay luz en las pupilas
Después de tanta piedra oscura en el camino.
La marea de oscuridad transida, se ha hecho bosque;
En los sombreros del día, las ventanas como almohadas.
—las ventanas cuyo aliento florece en las hojas
Y abrigan el libro diario que la historia escribe
Con los colores interiores del arco iris…
Nada es sin sueños: el sueño mismo inventa los milagros
Y hace de la conciencia una fruta infinita.
Esperamos casi una eternidad para que las semillas ardieran:
La semilla del tiempo que maduró el espíritu.
Dejamos atrás el escombro de la noche y nos alineamos
Al rocío, al balcón de un final feliz…
Nada es sin sueños: el sueño mismo es un río de aguas
Con la dimensión de una respiración colectiva.
Para los nuevos tiempos la página de papel en blanco,
La suma de las manos, la atalaya del lenguaje, el idilio
A prueba de los espejismos, el cuaderno sereno del sol,
El universo con la verdad de los contrastes y las paradojas.
Hoy ha sido posible oir al viento —la fantasía del viaje
Floreciente en la carpintería del profeta.
En la desnudez del sueño nos arropó la Esperanza:
Nadie advirtió que caminar descalzos sobre las aguas,
Sería una pródiga romería hacia el cierzo del alba.
Lo que fue en un tiempo —velada de cirios—, ahora
Es alianza de inspirada sabiduría y fluyentes jardines.
En los armarios adustos de la noche se forjó el día:
Su entraña es de audible incienso, víspera de un murmullo
Que comienza a respirar sin muros en el horizonte.
Nada es sin sueños: la luz se hizo inminente en los folios
Del día —ahora compartimos mutuamente el fruto
De la unidad como un jardín cultivado en el corpiño.
“Porque es la patria punto de partida,
Básica piedra tumultuaria extendiéndose,
Savia y semilla de la floresta cantadora del hombre,
Misiva leal hacia aglomeraciones fraternas y ecuménicas.”
Es la “patria la que hoy renace con música profética”,
La patria junto a la audiencia de las palabras y el sueño.
Barataria, 16.III.2009

NOTA DEL AUTOR: Escrito en ocasión del Triunfo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en las elecciones presidenciales del 15.III.2009.


_________Alta noche________


Alta noche en los despojos del tiempo, pájaros sin colores,
Tampoco luz, tampoco ríos con el misterio de la fluidez.
Sombras dormidas en las manos, sombras en los párpados.
Ojos entre rocas, lentamente comiéndose el horizonte.
En cada campanada sorda, el silencio de los barcos,
La joroba del viento, deforme en las ventanas…
Los que ríen cavan en los nichos de la noche,
Y desfilan con vapores de moho y sortijas debajo de las pupilas.
Los que ríen juegan probablemente sólo al espectáculo
Creyendo no ser corderos de un calendario opaco.
Los que lloran, los que sufren, los compungidos, verán
Un siglo de pájaros blancos y no esas bestias apocalípticas
Que muerden las sienes en los sueños…
Alta es la noche y los brazos que la contienen —el alma
Golpea el hastío de su memoria, el resplandor esférico
En los cuchillos, la avalancha de sal en los ojos.
Una y otra vez el follaje alineado, sin palabras. Sin ojos.
El amor sin ser la heroína de los brazos, el vuelo sin ser luz.
Alas, luz, fuego. Falta todo. —Alta noche de muros
Y sombras. Alta noche de la carne sin palabras
Donde los ecos terminan imponiéndose en su atroz batalla.
¿Dónde los espejos marchitan su delirio? —La garganta
Se torna una ladera del desvarío, un acantilado del miedo,
O un anaquel de sombras como cresta de olas.
¿Cuándo desaparecen las sombras de las horas
O el fuego oscuro que consume al fuego de los días?
—Lento fuego de la noche con cadenas, risas anochecidas
Chorreando párpados desgastados y herrumbrosos.
Alta noche en el hueco de los zapatos, en los hombros.
Los ojos resbalan en paisaje de harapos —en golpes
De alucinantes periódicos, en el aire condenado a ser
Un paladar cerrado y no una moneda sin fronteras.
De pronto las mañanas traen, también, sofocante memoria:
Vienen desde ráfagas oscuras de ceniza en los ojos;
En la sombra de la noche reptan hasta hacerse cavidad
Apocalíptica. Hasta hacerse espina…
Alguien jadea en medio de los sueños de la historia:
Los mercados, las palabras disfrazadas, los espejos
Agrios del vinagre, la sangre desvelada cubierta de neblina.
Alguien muerde alacranes en la undécima hora, y lanza,
Irrespirables estallidos, jornadas de miedo
Y dientes de abismo. La alta noche nos muerde las uñas
Y la yema de los dedos, las sábanas y el rito de los domingos.
Alta noche sin luz y sin espejos: —sin apenas un árbol
Posible en este bosque de sombras…
Barataria, 13.III.2009


______Rastro de los sueños_____

“Rastros del sueño”, tejidos de la memoria:
Eco de un tiempo transfigurado en las persianas
Cálidas de las pupilas. El firmamento hundido
En las manos —el tren roto del calendario
En la lengua de los rieles, las ramas del viento
Como una lluvia que la música no borra.
—Aquí y allá, jugando al ajedrez del horizonte,
Al jardín oscuro de los relojes, a la sed que no sacia
Las lunas del País, al árbol del silencio
En los meses de la garganta, al fantasma del asfalto
En la noche caminando con cuervos y sicarios.
El amor y la ternura otra vez en la ausencia:
—sólo en los parques se ve el temblor de las sombras
Y esa forma del tiempo ceñida a la boca.
Esa forma de refugio marmóreo y de granito.
Los pies furiosos y cansados de caminar sobre
Las hojas de los libros, las calles carcomidas
Por el ansia, a veces apretada furia de la angustia.
Las horas arden en su partida moribunda:
Muerden en la centella de la almohada
—soplan los muros, las puertas y las ventanas.
El polvo ahoga los poros y junta la ceniza en los cuadernos
Donde hemos ido escribiendo las aguas interiores.
El hierro ha formado su violín de halcones, —sordos
Violines en la niebla de la tormenta, transiciones
Que sólo son posibles en la noche de los espejos.
El jadeo de los metales hiende la memoria:
Hoy discurren vahos en medio de respiraciones ácidas.
La sequedad puede más que un lecho de humedad plena.
La inocencia se perdió en cada palabra: hoy
Se ha llenado de pretextos e indiferencia y destiempo.
Los antiguos miedos fraguan su lado oscuro,
La rugosidad es demasiado habitual y carcome
Como un fuego a ciegas los sembradíos de la transparencia.
Luego los objetos en negro, la respiración
En su concavidad pétrea —las aguas bajando sin voz
Por los espejos y de nuevo la luz oscura ardiendo
En el cuerpo como la noche que cuelga sus ojeras
En el desván líquido de las pupilas…
La raíz del sueño se queda en la garganta, en la sombra
Súbita que se respira: Ahí la memoria juega
Sin palabras, pero arde frente al vértigo —hacia
Las aguas del aliento donde se lamen los suspiros.
El sueño siempre juega a ser un sueño de irrealidades:
Y por más días y lámparas o noches,
Ahí están rotos los párpados junto a una estación
Sin pupilas fiables, a los pañuelos del alba.
Barataria, 11.III.2009


Oscuro lugar donde la muerte
es una explosión interminable…

 

EUGENIO MONTEJO


Alrededor de las venas y la carne, el surco
Quemante del tiempo, la brasa, el hollín,
Deshaciendo el aliento, mordiéndole al viento
Todas las raíces hasta dejar al fuego
Objeto ciego de la noche…
De pronto nada sobrevive: salvo la sombra
De las palabras —nada es, ceniza en la sangre.
En cada paso los ríos se sumergen,
El moho de las llaves y este bregar insostenible
Entre flautas de sorda ternura.
¿Qué relámpago quema la concavidad de las pupilas?
¿Qué gusanos abren a borbotones la piel?
¿Qué sed grita ahogada en los desfiladeros?
El ansia corroe la sed con su feroz azufre.
Nada tiene más significado que el miedo y la oscuridad:
Aquí las horas en su claustro inútil.
Aquí el reino de la hiel en la sonrisa.
Aquí la sal sorda en los brazos de la noche.
Aquí la boca bebiendo el vinagre de los símbolos.
Voy entre el grito chirriante del cuerpo,
Haciéndome certeza frente al ascua de rostros
Y espejos, —frente al golpe que tortura en ardida
Hoguera. Vida atada a los manteles del abrojo.
Nada son las horas cuando la niebla del día
Rompe las arpas del alma
Y las puertas no sostienen los pilares de los pétalos.
Una y otra vez fenecen las pupilas,
Los fósforos mordiendo la timidez,
El zumo del tiempo, grotesco, ahí en las ventanas.
Apenas se llora en la muerte que habita;
El pulso impalpable cada día, idéntico a la boca
Lenta de los mausoleos, indiferente a la mirada
En lo oscuro. Una y otra vez la dureza oscura de la tierra.
Mientras mis pasos patean el calendario,
Los párpados en un espectral invierno,
La hora escrita en la centella del césped,
El reloj como un coágulo de sangre en el dintel.
En el umbral apenas la oscuridad de la ceniza:
—La llama del cuerpo, cada vez en su pabilo,
Es un presente con ausencias fugaces…
En el espacio de la garganta, la salmuera de la lluvia
Arrecia sus hierros corroídos.
A la medianoche, en la almohada, pócimas de viento,
Dientes masticando los sueños, cámaras
Donde envejecen redes desoladas,
Árboles mudando vasijas de sueños.
Sobre la llama abierta en mis sienes,
El ascua de las horas, escombro de cornisas sin respuestas.
Barataria, 06.III.2009


André Cruchaga (Nueva Concepción, Chalatenango, El Salvador, 1957). Poeta. Tiene una Licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Danièlle Trottier y Valèrie St-Germain. Estas últimas, el libro antológico: “El fuego atrás de la ventana” (Le feu derrière la fenêtre) y Viajar de la ceniza. La poeta María Eugenia Lizeaga, por su parte, ha traducido el libro “Oscuridad sin fecha” al Idioma vasco (Euskera); poemas sueltos, al holandés por Michel Krott y al rumano por Liliana Popescu. Jurado de Poesía de la XVI Bienal Literaria “José Antonio Ramos Sucre”, Venezuela, junio de 2007. Buena parte de su obra se encuentra publicada en diferentes revistas (electrónicas y en papel) de Argentina, Chile, España, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Colombia, México, Perú, Italia, Holanda, Grecia, Rumania.


 

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