HAY QUE ENSUCIARSE LOS OJOS
Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a abrasar la muerte
Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas
A ellos
de hembra alguna
que tienen precio de orgía
y besan en el agua
las huellas del deseo que saben mutilar
que sólo conocen la lengua de su espejo
que no pueden evitar
ser soga de mendiga colgada a sus monedas
pan en la boca de un tigre
nudillos al borde de no importa qué
plegaria manoseada
Hay que saber desnudarles el pellejo
sepultar sus rodillas
masticarlos como a hostias
desgastarlos como a un centavo ciego
y dejarlos inmóviles de tiempo
para ver lo que esconde la sepultura de sus cejas
y descubrir por fin
que lloran como cualquier mortal
y que como a cualquier mortal
la madre los traiciona
Y serán tan bellos cuando lloren
cuando los veamos morder
con oficio de Dios
ese miedo de pájaro a subirse a los ojos de los gatos
mientras yo los araño
ME DECIDO A HABLAR
Me decido a hablar
No pude ser jamás espejo de otra cara
Había en la mesa cuatro panes entonces
era todo reír guijarros y turrones
mientras mi madre lloraba la muerte de los trenes
Bebíamos del frío y de la lluvia
y no era poco mirarnos
o aprender de las caricias del trigo
sobre las frentes afiebradas
Las procesiones del Corpus
vestían sus pabilos de júbilo
y el altar nos llamaba al regocijo de ser fieles
No estabas
-no voy a hablar de pormenores-
La sombra hechizaba la maleza
y daba lo mismo ser piedad o furia
Pero aquella sombra de los cálices
no seríamos jamás
después
como nunca antes
Por eso ahora
que hace ciénagas que el viento
no puede desbebernos de la sangre
que hace cuatro imágenes
que el Cristo ha dejado de llorarnos
que hace tanto que mi lengua
no se pegotea a tu amor de hombre pasajero
apaguemos los cirios
que el luto del sagrario
se cubra de esperma para una creación nueva
que hable
que ningún perfil se arrobe de monedas que no serán pagadas
No hay redención posible
Seamos Judas otra vez
y ya nunca dejemos de mirarnos
Hartas de bondad las manos de los párrocos
hartos de llorar mis rodillas sin peso
comulgan con mis ojos a cuestas
Qué mejor ultraje
que cubrirme de tierra
y no resucitar
para que Dios se quede con las ganas
INVIERTA UN HIJO (fragmento)
Soy gemelo a mí mismo en otra muerte
un salto al infinito vacío de sus ojos
un pájaro lleno de silencios
Sólo la noche
hembra madre del destierro
nos devuelve al seno del cansancio
Estoy desfigurado de mi ser
Hoy el cuervo acelera los retornos
Yo
espejo en los ojos de aquellas madres
que recibían a sus muertos
vi bajar en guirnaldas
de los trenes cuerpos enhebrados
Ya no asustaba a las vecinas
que en los ataúdes sembraran crisantemos
Era setiembre en casa de mi padre
Y las mujeres cargaron sus semillas
Recuerden
he enterrado
esa desesperación incesante de volver sin mí
Estoy en cópula con las llaves del infierno
Mirame
Yo sabía del aroma de azahar en los naranjos
Pero estoy muerto
y he visto el rostro de Dios llorando sangre
Dame Señor un poco de tus náuseas
un poco de tu llanto o tu vergüenza
El tiempo cauteriza el hedor de la carne
pero hay una bestia en mí
insaciable de coágulos y exilios
Ante un sol verdugo afiebrado de sentencias
la guerra zurce prolija nuestras llagas
No sé si pueda recordar
NADIE ME VERÁ DE ESPALDAS
Huérfana de cautela o ceremonias
voy hacia el génesis
Ya no hay razón para maniatar al grito
atrincherar la verdad tras una mueca
ser escrupuloso títere del hambre
un selecto imbécil del silencio
Por eso me revelo
trasmuto con terquedad de hormiga
todo antiguo anonimato
La mano del juego comanda los destinos
y me invita a no irme al mazo
Hay cuatro barajas sin jugar
una es la muerte
DESAPARECIDO
Todavía sangra entre las baldosas
la mano del último gesto
esa historia cotidiana
de espanto y levadura
un olor quizás ajeno
a la nariz de la tarde
Mientras hombres en fardo
abotonan insignias en fiesta de tenazas
el sol recuesta su cansancio
cara al pueblo
(hay algo absurdo
en los nudillos apretados de los débiles)
Hermano intacto:
tu nombre aún late
bajo el cobijo de la ausenci
Marcela Predieri (Buenos Aires, Argentina, 1960). Reside en Mar del Plata desde 1991. Premio Lobo de Mar a la Cultura (2003). Coordinadora de “DELAPALABRA” (Sitito: www.delapalabra.com.ar; contacto: delapalabra@hotmail.com).Ha publicado los siguientes poemarios: Sangre de Amarras, (Ed. Nuevo Milenio, 1989); Invierta un hijo (Ed. Nuevo Milenio, 1991), La Pancarta (Ed. Martín, 2000) y Los Andamiajes del Miedo (Ed. Martín, 2002). Es directora de la revista La Avispa y colaboradora del diario La Capital, de Mar del Plata.