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QUIÉN PODRÁ SALVARNOS DE ESTA DESOLADA ETERNIDAD
de los levitantes desfiles que imitan las coristas
cuando sus manos aturden los cantos con solemnes banderas.
Sabio es el tiempo que nos lanza como piedras a la muerte
para unirnos al apacible juego del dibujo.
Pero estamos abandonados,
todas nuestras medallas fueron lanzadas al vacío
y la duda.
Hemos sido laberintos ante la verdad
por temor a padecer del mito
y cercado el patibulario de los idiotas
que cruzan el agua en lento paso por evadir su hundimiento.
Percibimos que este noviembre estaremos dormidos
escupiendo la tierra con dulce rozar de los crisantemos
porque afuera los vivos trazan las cortinas de humo,
lloran a los muertos y cruzan las calles
siguiendo la ruta de la piedra
donde solo se salva el lamento de los que escuchan.
CUANDO EL CAZADOR SOPLA EL CUERNO
esbozo eternas profundidades.
Le nombro para que me persiga
y respiro quieta
jugando el tiempo de captura.
Las luces de las cosechas,
cada vez más invisibles,
dibujan en las bocas una luz
que besa la inmortalidad.
Se acercan livianos cascos.
Animal vivo.
Animal muerto.
TEMO A ESA LARGA TÚNICA
que esconde la pálida mejilla del guerrero.
En el regazo de las vestiduras
la voluntad empobrece el milagro
y su oscura sangre brama el pudor.
Debo cantar sus himnos,
callar luego doblegando las rodillas
ante sus triunfos.
Soy la que ante Dios me disminuyo,
la que se distingue al borde de su callado anhelo
y blasfema cuando pienso
en la proximidad de su fuerza,
de su muerte.
Sentir lejos mi temblor de sus mejillas,
sin nadie que me brinde la mano
y me levante de esta inclinación ante el guerrero.
Amante, huésped nocturno
que pasas por mi lado ignorando el ruego,
el corazón que figura humildemente
ante el rostro mudo.
DÓNDE PUDE HEREDAR ESTA LLAGA QUE MOSTRÉ AL GUERRERO
¿Habéis amado alguna vez el cuerpo de una mujer?
Walt Whitman
Miserable era su cuerpo si se desvanecía al amanecer
porque nunca le perteneció el lánguido campo
y las innumerables hojas que se disputaban la tierra
cuando el agonizante e inquisitivo disfraz
se inclinaba tras una larga espera.
Dediqué mi vida a elegir otras soledades,
a amar un cuerpo ora tenaz, ora derramado y culpable
para describir un pecho hambriento, oculto de miserias
ajeno a la verdadera magia de mi vientre.
Lariza Fuentes López
(Fomento, 1973). Poeta, editora y guionista radial. Miembro de la AHS. Licenciada en
Letras por la Universidad Central “Marta Abreu” de Las
Villas. Ha colaborado con artículos críticos
y poemas en publicaciones periódicas cubanas y extranjeras.
Ha publicado el poemario Asesino de aves (Ediciones
Sed de Belleza, 2005), y en proceso de edición se encuentra
Feria de livianos torsos.