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A
CUMANAYAGUA
Estando en Cumanayagua
me entretuve contemplando
un zunzuncito libando
en una flor de majagua.
Después fui a beber el agua
de su río Hanabanilla,
observé desde su orilla
las abejas laboriosas
posadas en las hermosas
flores de la campanilla.
Cumanayagua, tu ríos,
tu Prado y tu Calle Real
se observan por el cristal
de tus grandes lomeríos;
donde los meses más fríos
más lindo el grano se ve,
donde se oye el ruido de
una histórica gangarria
que anuncia que viene un arria
con su carga de café.
LA DÉCIMA CAMPESINA
La décima campesina
tiene un guía espiritual
de gloria tradicional
en el cantor de Rufina.
La aurora, el sol, la neblina,
el llano, el viento, el café,
la hamaca, el guajiro a pie
de bandurria, tiple y güiro…
todo, todo lo guajiro
habla del Cucalambé.
La décima es una flor
que del huerto está escapada
y la atrapó en la alborada
el sinsonte trinador;
es un mensaje de amor
que en diez renglones se expresa;
tiene la misma belleza
de una estrella y un lucero,
y cuando está en el cantero
con su perfume nos besa.
AMANECER CAMPESINO
En la campiña temprano
se destaca la neblina
y es música en la colina
el violín del verde guano.
Canta el gallo campechano
cual reloj despertador
y brillan en el verdor
del potrero bellas perlas
que invitan a recogerlas
por su intenso resplandor.
Celestino Bravo León (Cumanyagua, 1939). Tuvo una infancia
pobre y campesina, lo cual influyó en su visión del mundo
y la apropiación de la décima repentista como expresión
poética, de la cual ha sido fiel cultor. Junto a otros poetas populares
como Francisco Otero, Pablo Marrero, Amador Calvo y Luis Gómez
fue continuador de las canturías que desde siglos precedentes se
ha venido desarrollando por las distintas regiones de la actual provincia
de Cienfuegos y el resto del territorio nacional.
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