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Cumanayagua, Cuba,
     
CIBERNICANIBALISMO
CUBARTE
 

 

 

Por Isabel Ricardo


Imágenes, ideas, hardware, software, baudios, bookmark, bps, fac, sensores, etc... mezclados en heterogéneo conjunto danzan en mi memoria mientras permanezco sentada ante el teclado.
    Un bombillo azul se enciende con intermitencia y la cámara emite un suave silbido, avisándome la entrada de una nueva comunicación que no miro inmediatamente.
“Máquinas diabólicas” pienso al tiempo que “ordeno” a mi sillón recostarse hacia atrás, con la única finalidad de pensar con calma.
    Estoy cansada. Me levanto y voy hasta el baño. Necesito refrescar la cabeza. Presiono los botones del panel hasta obtener calor, humedad, haz de ondas, cascada de colores y música adecuada. Reconforta. Por último, recibo un masaje hidratante, una terapia musical y quedo nueva. Mis ropas de fibra sintética, holgadas y frescas, me dan la sensación de comodidad.
    Nuevamente me siento ante el monitor. Apago las luces de la habitación y me coloco en la muñeca los sensores de la cinta de conexión neuronal; pero no me conecto, aunque necesito trabajar. La búsqueda del equipo multidisciplinario me tiene en ascuas. Investigamos las leyes de la herencia sobre los órganos y tejidos, y el efecto de las soluciones ZHIT sobre los nervios autóctonos pertenecientes a los sistemas simpático y parasimpático en caso de destrucción masiva y la posibilidad de limpieza total de agentes entrópicos en el organismo, a fin de lograr una longevidad sana y plena de potencialidades mediante el proceso de fisiohemoterapia. Quiero concentrarme, pero las últimas noticias me tienen demasiado preocupada.
    Vivir y depender de la técnica es parte inherente de cada uno de nosotros. Es maravilloso poder, en contados segundos comunicarnos con cualquier persona en el planeta gracias a la velocidad con que los microprocesadores manejan la información; pero lo pensado por el círculo de científicos acerca de crear redes neuronales con una base central de arquitectura electrónica para la toma de decisiones de todo el planeta, implantando haces de circuitos biológicos integrales sobre cada uno de los periféricos, es una insensatez, una locura.
    La última noticia pasada por el videófono muestra este diabólico proyecto convertido en realidad. Supe que ya está instalado y se ha convertido en un monstruo que cada día obtiene más información, que ha integrado casi todos los circuitos planetarios; pero lo más desastroso de todo es saber que es un ente biotrónico el que puede “absorber” las células biológicas inteligentes de cada uno de los miles de millones de actuantes en los periféricos, asimilar sus decisiones personales y convertirlos en una especie de robot.
Es incongruente que mientras nosotros nos dedicamos a la lucha por salvar vidas, alguien haya pensado en todo esto y lo lleve a cabo, y peor es que el Consejo Central no tenga fuerzas para oponerse. A estas alturas del desarrollo humano debía haber un poco más de respeto por la integridad de cada individuo. Es desesperante saber que nos buscará en toda la red planetaria, pues aunque lo deseemos, no podemos separarnos de ella.

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Conectó su mano a los sensores que le permitían la comunicación en red y tuvo un presentimiento: quizás en este momento, miles de actuantes estén ante la pantalla del procesador y mientras leen, sientan que sus dedos se adhieren al teclado y que éste les chupa literalmente su vitalidad y no puedan luchar ni defenderse...
    La luz del monitor era tenue. Solo le iluminaba el rostro. Pensaba, mientras acariciaba maquinalmente los controles, que aun cuando se apagaran todas las máquinas de la Tierra, aquella monstruosidad seguirá ahí, latente, esperando agazapado el instante en que alguien se le acerque. Se estremeció, ya no por presentir, sino por la seguridad de algo. La oscuridad creció a su alrededor con pequeños destellos que chispeaban intermitentes.    Quiso desconectarse; pero de pronto la penumbra fue rasgada por un haz de luz que iluminó todo a su alrededor, bañándola con una luminiscencia opalina que la cegaba y la dejaba inerme. Aquello duró unos segundos. Al restablecerse la calma, solo quedó una blanca figura desmadejada en el sillón, cuyos movimientos figuraban los de un autómata.

 

 

Isabel Noemí Ricardo Osorio (Sagua de Tánamo, Holguín, 1956). Poetisa y narradora. Premio Nacional “Rubén Martínez Villena” 2005. Su obra aparece publicada en revistas literarias de Europa, Latinoamérica y África, entre ellas: El Llanto de las Libélulas (España), Pandora (México), Bolivia-Literaria, Letras Perdidas (Argentina), Eciberlan (Guinea Ecuatorial). Profesora de narrativa en el Taller Literario Municipal Infantil, así como de Estética en la Universidad de Moa. Tiene en preparación dos libros de literatura para niños: Las Aventuras del Conejito Blanco y Cuentos de la Abuela.

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