GLOSA A CARILDA
Amado: cuando ya duerma,
cuídame tu mano mala:
siempre supe que es un ala
que aquí en la tierra se enferma.
Carilda
Quiero verte en la aurora
y que en la bruma me beses,
acunarme en tus reveses
y sentir a cada hora
esta paz consoladora;
toda mi albura en tu esperma
y que esta, mi tierra yerma,
al final deje de serlo
para que tú puedas verlo,
amado, cuando yo duerma.
Y dormiré en tu regazo
para soñar con tus besos,
tus caricias, y con esos
susurros y con tu abrazo.
No, amor, no me hagas caso,
no sé volar sin mi ala,
mejor me quedo en la sala
para cuidar de nosotros
y antes de que lleguen otros,
cuídame tu mano mala.
La mano que siempre loca
acarició mi inocencia
y derramó su presencia
en mis senos, en mi boca,
que hace tierno lo que toca,
que mi demencia hala
y que casi como bala
se adentró en todo mi ser.
Pero he de reconocer:
siempre supe que es un ala.
Ala que cuida mi aliento,
mi ilusión desvanecida,
mis recuerdos y mi vida,
y que en cada nuevo intento
perdona lo que yo siento.
Y perdóname que duerma,
siento que mi aliento merma,
deja salir mi alma pura
pues en el cosmos se cura,
que aquí en la tierra se enferma.
POESÍA AMIGA
amiga poesía
por mis pupilas pasan
letras tras letras
palabras tras palabras
versos tras versos
y yo me refugio
en la inocencia de tus entrelíneas
como escapando
de los filos de tus ideas
cada palabra,
un golpe a mis sentidos
una reafirmación de mi ser
una confirmación de que hay más
cada verso,
una lluvia empapando mis ganas
un sortilegio de otoño
una tristeza de hogaño
versos tras versos
palabras tras palabras
letras tras letras
pasan por mis pupilas
poesía amiga
TOMA MIS VERSOS
Tómalos.
Me los saqué del pecho,
los escribió la nostalgia
con lágrimas de mi memoria.
Tómalos.
Puedes hacer lo que quieras,
excepto una cosa:
olvidarlos.
TU SONRISA, TU VOZ
A Pablo Armando Fernández
Tu sonrisa llena
—más bien inunda—
nuestro cuarto
nuestro cuarto azul
—o acaso verde—
por tus ojos.
Desde tu foto
vigilas nuestro sueño y nuestro amor
con tus canas
que la brisa
—repleta de metáforas—
suavemente mece.
Tu poema no escrito aún.
Tu palabra no dicha aún.
Tu verso no pensado aún.
Es tu voz
más allá del sonido
más allá del silencio.
Es tu voz.
ESE AROMA
Ese aroma
que me embriaga
y que mi memoria
—en su otoño—
no identifica.
Decido buscarlo,
me levanto,
ato mis cabellos
con la ternura
de tus recuerdos,
me calzo de esperanza
y envuelta en una nube rosa
desando los pasos…
Llego a la playa,
donde me reconoce
la caracola
donde aún la arena
guardaba mis huellas,
aspiro el aroma
del mar que me acaricia.
Pero…
no es el recuerdo del mar
que me trae aquel aroma
que no logro identificar
… ¿serás tú?
Y SIGO SIENDO AQUELLA ADOLESCENTE…
Los años pasan
y yo sigo adolescente.
Creo en la poesía del siglo XIX.
Me enredo en la inocencia
de mi romanticismo.
Debo prepararme
para vivir en el siglo XXI.
Lo prometo.
Creceré.
UNA SONRISA
Con una carga tremenda de tristeza
había cerrado mi corazón al optimismo.
Hace tan solo dos días
a mí llegó una sonrisa,
y no sé si conmigo
o con mi recuerdo,
pero se ha quedado.
Esa sonrisa.
Me impulsa a sentir algo de alegría,
a apartar de mis sueños la nostalgia.
Esa sonrisa
que siento como una caricia,
me roza la piel
y se enreda en mis cabellos.
Esa sonrisa
como un aroma de esperanza
que me llega en el agobio de mis penas.
¡Qué lástima no poder hacerla mía!
Pero…
¡Cuando la haga mía
le sonreiré
para no perderla!
GUÁRDAME II
Guárdame.
No en mi foto
de mirada perdida
y labios sin color.
Guárdame.
No en una crónica
develando un ayer
Habana 1993.
Guárdame.
No en un librero
ni siquiera al lado
del Don Quijote.
Guárdame.
No en una tarjeta
no en el tintero
no en tu corazón.
Guárdame.
En todos tus sentidos
para poder cubrir
yo toda tu nada.
¿QUÉ HACEN?
El olfato y la memoria
andan cogidos de la mano
como dos niños
haciendo y recordando
travesuras
SOLO HACIA TI
Madre tú has sabido ser
Amante y cariñosa
Mucho has querido y querer
Ante todo te hace hermosa.
Esa sensación que solo se siente
cuando los dos corazones laten al unísono
y tu mano, esa mano que tantos años
ha acariciado mis cabellos,
se siente más cálida que nunca.
Ese rubor que se siente
cuando lees mis pensamientos,
cuando descubres mis secretos,
cuando sabes lo que pienso
con solo mirarme a los ojos.
Ese saber que me quieres
y que me diste la vida,
que tornarías la noche en día
con tal de verme sonreír.
Y esa alegría que siento
al ver dulzura en tus ojos
y al sentirte feliz
cuando te doy una rosa.
Solo se siente contigo,
solo se siente hacia ti, mamá.
HE TEMIDO
He temido,
he temido tanto
que he guardado
mi corazón en un sobre.
Afuera, una tarjeta
ya amarilla.
Josefina Ezpeleta (Holguín, 1950). Poetiza, narradora y editora. Graduada universitaria, con un Diplomado en Marketing. Ha publicado, entre otros, los libros: Aleteos de un zunzún (cuentos infantiles, 2008); Bosque de bojs (poemas, 2008); Me lo contaron las vicarias (cuentos, 2008); Ecos de mis antojos (poemas, 2009). Finalista del Concurso Internacional de Cuento Corto Augusto Monterroso (2009). Tiene varios libros en proceso de escritura.
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