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Cumanayagua, Cuba,
 

LA BIOÉTICA Y SU COMPONENTE CULTURAL

CUBARTE

 

Por Margarita Quintana

 

La educación en el mundo actual necesita ser cada vez más eficiente, este es uno de los grandes retos de la época contemporánea. Llevar una educación de calidad a todos los niños del mudo es uno de los más hermosos sueños de la humanidad y una convicción para vencer el reto de sus males. La Revolución Cubana desde sus inicios depositó gran parte de la atención en la educación del pueblo, para lo cual fue preciso recurrir a la formación emergente de maestros que se realizó a través de diferentes planes: la formación acelerada de maestros y profesores, la formación regular y la formación permanente.
    Es importante destacar que cada una de estas formaciones, ha tenido sus propias características, debido a que cada una de ellas ha sido testigo del momento histórico concreto en que se ha desarrollado la sociedad cubana y las demandas o exigencias que en estas han surgido, es decir, todos los planes de formación que se han concebido han dado respuesta a lo que ha necesitado la sociedad en ese momento. Su movilidad se ha manifestado en los cambios de esencia que ha experimentado la formación de maestros según los diferentes momentos vividos en el país, en esto ha existido gran dinamismo porque ha sido fruto de la necesidad de adecuación a las nuevas y crecientes exigencias.
    La sociedad cubana de hoy necesita de individuos que sean los encargados de la formación de las nuevas generaciones, que lo hagan de forma adecuada con los principios de nuestra política educacional.
    De todos es conocido que esos individuos son los maestros, pues son los que se preparan según lo orientado por el conjunto de ciencias que se ha puesto al servicio del perfeccionamiento de la educación como: la Psicología, la Pedagogía, la Sociología, la Filosofía, la Didáctica. Estas ciencias tienen los saberes imprescindibles para el desarrollo de nuestros educandos.
    Además, los maestros cuentan con una alta responsabilidad en la escuela socialista en su importante misión de activista de la política del PCC, porque en el rol profesional del maestro, su contenido fundamental y sus diversas obligaciones legales y morales que de él se derivan, constituyen asuntos de máximo interés para el desarrollo de la teoría y la práctica de la pedagogía contemporánea.
    Lo anterior ha planteado al ministerio de educación la preparación y superación del personal docente y ha dotado a todas las escuelas de importantes medios técnicos.
    Todo esto se ha hecho precisamente porque en los momentos actuales resulta indiscutible el desarrollo alcanzado por la humanidad. La ciencia y la tecnología generan a grandes velocidades, ante este avance cambian las relaciones internacionales, las formas de comunicación humana, las personas se enfrentan a nuevos cuestionamientos éticos y necesitan tomar decisiones responsables, por lo que asistimos a cambios sin precedentes en toda la cultura y entonces la educación al reflejar el contexto en que tiene lugar, modifica sus cimientos, se plantea nuevos objetivos, transforma su contenido, los métodos, los medios, las formas de trabajo.
    El proceso de formación del maestro requiere de una renovación constante, que le permita a este profesional desarrollar una labor exitosa a la altura de los trascendentales cambios en la ciencia y la técnica contemporánea.
    El transcurso de este milenio se desarrolla a partir del desarrollo de las (TIC), la que produce grandes cambios en todas las esferas de la vida del hombre, en los modos de actuar, de pensar, de fomentar la cultura, de asumir el mundo.
    Los adelantos ocurridos en la ciencia y la técnica, han permitido el vertiginoso desarrollo de la transmisión de información, por lo que los profesionales y específicamente el maestro, se enfrentan a nuevos modos de actuar, de aprender, de aprehender el cúmulo de información que se produce, lo que propicia un diferente modo de convivir y de ser.
    Si se tiene en cuenta todo lo relacionado con las TIC y si las fuerzas progresistas del mundo han centrado su atención en el problema de los valores, en el rescate de la cultura humanista y ambientalista, en la necesidad de globalizar la solidaridad humana, la toma de conciencia y el desarrollo de una ética que responda a los intereses humanos universales, quién mejor que la bioética para apuntar hacia esa dirección.
    La bioética fue propuesta como una reflexión ética innovadora que intenta superar la dicotomía entre el conocimiento científico y los valores humanos. Representa la conciencia científica y la ciudadana que se preocupa por los riesgos crecientes que trae consigo el progreso científico y tecnológico.
    Por todo esto, hoy la ética de la educación y la cultura se encuentran más unidos que nunca en el fortalecimiento de la conciencia y en la búsqueda de alternativas para la comprensión de la complejidad de los fenómenos y búsqueda de vías para transformar la realidad en aras de un mundo de solidaridad más justo, de equidad, de diálogo, de entendimiento humano y sustentabilidad del desarrollo.
    Entonces, si se desea un saber bioético que tiene su expresión en una cultura de amplio saber, en el que se integran habilidades como el saber aprender, el saber ser, el saber convivir y el saber hacer como cultura apropiada o incorporada en la humanización de los seres humanos es lo que nuestros maestros deben lograr con sus alumnos en el cumplimiento de los programas de estudio de cada una de las asignaturas.
    Si se reflexiona con respecto a la preparación que debe tener todo docente para formar generaciones y se analiza el pensamiento científico contemporáneo y dentro de este, la bioética, el maestro debe estar pertrechado en conocimientos en aras de contribuir, mientras desarrolla los programas de estudio a pensar y buscar soluciones al problema de la supervivencia de la humanidad. El maestro debe ser capaz de ayudar a encontrar caminos para habilitar el avance del conocimiento científico, por lo que debe estar consciente de los problemas fundamentales que nos afectan para que los lleve a sus estudiantes.
    El maestro debe ser capaz de cultivar a los seres humanos, también debe activarlos en su vida cotidiana y en la elevación de su papel individual en la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, que son problemas de nuevo tipo, por lo que se necesita la intervención consciente de estas personas para enfrentarlos, que no son más que los cambios en la vida cotidiana y la introducción de las ciencias y las tecnologías en el sistema productivo del planeta. Si tiene la preparación que necesita en nuestros días, con su orientación debe contribuir al desarrollo de una ciencia de la sostenibilidad; pues es uno de los desafíos que esta encara en el programa alternativo que debe favorecer la democratización y extender el proceso de su apropiación social a las grandes mayorías, por lo que educación es un sitio de preferencia de la ciencia y la cultura. Ella continúa a lo largo de toda la vida y el maestro, de generación en generación, puede realizar su contribución en la formación de las diferentes generaciones.
    Esta idea es un tema que nuestros docentes deben contribuir a desarrollar, haciendo hincapié en la ciencia de la sostenibilidad, un sistema científico orientado a favorecer el desarrollo sostenible desde la perspectiva sociológica, caracterizado por una visión holística, interdisciplinaria y ambiental, reduciendo el hambre, la pobreza, la falta de equidad, a la vez que mantiene la biodiversidad y los sistemas de soporte de la vida en el planeta.
    Uno de los objetivos a lograr es la educación bioética, encaminada en formar valores morales universales como la sensibilidad humana, la comprensión, la ayuda, la generosidad, la sinceridad, la sencillez, la modestia, la cortesía, el respeto  mutuo; todo ello está relacionado con la formación moral, por lo que se unen las vivencias morales, los mecanismos psicológicos, los sentimientos, la intuición, la vergüenza, así como la dignidad humana, la solidaridad, la intolerancia a la humillación y a la opresión que funcionan como ideas morales y que movilizan las acciones de los individuos hacia el logro de su realización.
    Este proceso está dirigido al desarrollo de los conceptos, las actitudes, las habilidades y los valores necesarios para formar una nueva cultura de la vida y de la naturaleza que permitan la participación responsable en la valoración, la prevención y la solución de dilemas relacionados con la dignidad humana, la calidad de la vida y del medio ambiente.
    Todo este enfoque bioético debe ser incorporado de forma intencional a la escuela para que contribuya al fortalecimiento de la raíces culturales cubanas, y así enriquecer nuestra identidad al relacionar lo propio con lo foráneo. Pero no hay dudas de que la bioética es también un nuevo paradigma de reflexión global que se ubica en el planeta como contexto obligado del pensar, del sentir y del actuar ético.
    Uno de los valores que la educación cubana contribuye a desarrollar es la solidaridad, que desde la bioética ha de verse, no solo en las relaciones entre las personas, sino también en el vínculo con la naturaleza y con la crisis ambiental, económica y social que afronta hoy la humanidad. 

 

Margarita Quintana Capote (Cienfuegos, 1961). Licenciada en Educación Primaria y Máster en Ciencias de la Educación. Ha recibido diferentes posgrados en especialidades pedagógicas, así como participado en eventos científicos de pedagogía del 2005 al 2009.

 

 

 

 


 
 
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