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Por Marta Rosa Castillo
Para poder entender la diversidad sexual, desarrollar ideas e impulsar alternativas -mediante una mirada amplia y enfocando sus distintas aristas sociológicas y humanas-, el fenómeno deberá ser enfocado desde una perspectiva cultural y así contrarrestar la vulnerabilidad que provoca la discriminación, la exclusión, la marginalización y el rechazo.
La cultura tiene que ver con cómo somos y cómo nos vemos, y “el respeto al derecho ajeno” de todos y hacia todos. Debemos liberarnos de fanatismos y discutir en serio sobre estos temas sin caer en careos improductivos o parapetándonos en dogmas como trincheras, con cuyas actitudes, lejos de avanzar, estaremos retrocediendo. Porque históricamente “lo natural, lo natural” ha sido hasta ahora enfocado como el coito genital heterosexual, y las otras diversidades sexuales se han identificado como perversas.
No estamos hechos para juzgar y mucho menos condenar injustamente a los demás, sino para entenderlos en su realidad. Lo que sí puede afirmarse es que una persona posee antivalores si, por ejemplo, es envidiosa, egoísta, cruel, hipócrita, megalómana o poco solidaria (entre otros defectos censurables), cualquiera sea su posición en materia sexual.
Pero ser diferente en gustos y proyecciones no es de ningún modo un antivalor. Eso solo prueba su pertenencia a un grupo minoritario, justamente porque se aleja de las normas de la mayoría. Si aceptamos esa realidad y la comprendemos, puede quedar como lo que es, una minoría digna de todo respeto, sin caer en generalizaciones que dañen la imagen de unos y otros.
De este modo se logrará identificar en gran medida situaciones tales como el estigma, la falta de comunicación con la familia o la pareja, conductas de riesgo en las prácticas sexuales, fundamentalmente la no utilización de protección, la elección de sitios no apropiados para tener relaciones sexuales y como consecuencias la posibilidad de contraer una infección de transmisión sexual, e incluso VIH. Todo ello va aparejado a una perspectiva de carácter e información cultural.
Me parecen esclarecedoras las palabras del sexólogo Jeffrey Weeks: “La sexualidad tiene tanto que ver con las palabras, las imágenes, los rituales y las fantasías como con el cuerpo. Nuestra manera de pensar en el sexo modela nuestra manera de vivirlo. Le otorgamos una importancia primordial en nuestra vida individual y social debido a una historia que ha asignado un significado central a lo sexual. No siempre ha sido así. Y no será necesariamente siempre así”.
Lo que significan sexo y sexualidad para cada cultura, en sus contextos históricos concretos, está contenido en los preceptos morales, leyes, prácticas educativas, teorías de la conducta humana, tratados médicos, ritos sociales, el lenguaje popular y las expresiones artísticas que la caracterizan.
En el municipio de Cumanayagua se hace realidad la reflexión anterior con el proyecto hombres que tienen sexo con otros hombres (hsh), cuyos objetivos van encaminados a educar para prevenir las ITS/ VIH/ SIDA, también lograr la aceptabilidad de la comunidad y tener en cuenta que forman parte de la sociedad y esto se logra mediante diferentes acciones educativo-culturales. Un ejemplo de esto han sido los videos-debates, las capacitación para la formación de promotores hsh y las galas realizadas con juegos participativos. Unido a esto, se han producido debates acompañados de la música, la poesía, el relato, la danza, espacios donde se ha debatido de manera abierta y sin cortapisas acerca de los prejuicios y el sentido de exclusión que comporta la homofobía, entre otros.
El pasado mes de julio, en el espectáculo cultural conocido como Noche de Hidalgos, teniendo como escenario la Casita del Prado de nuestra localidad cumanayagüense, el grupo “Teatro de los Elementos” ofreció una función teatral para hacer historia de cómo los hombres que tienen sexo con otros hombres se han ido asociando a la cultura, sobre todo mediante diferentes manifestaciones artísticas como la danza, el doblaje de canciones, la mayoría de las cuales se han presentado en diferentes centros nocturnos. Todo lo cual redunda en ir dando pasos progresivos hacia la aceptación de estos grupos humanos a partir de una escala de valores y no por sus preferencias sexuales. Recordemos que estamos en el mismo mundo. Tengamos la cultura y la ética necesarias para respetarnos, pues “todos somos diferentes”.
Marta Rosa Castillo Morera (Cumanayagua, 1958). Licenciada en Historia y Ciencias Sociales. Ha participado en diferentes eventos nacionales e internacionales de promoción y educación para la salud. Trabajos investigativos suyos aparecen publicados en revistas especializadas. Actualmente se desempeña como funcionaria de Promoción y Educación para la Salud del MINSAP en el municipio de Cumanayagua (Cienfuegos, Cuba).
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