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Cumanayagua, Cuba,
 

CIENCIA Y CULTURA EN LA EDAD DE ORO

CUBARTE

 

Por Niurka González Pomo

¿Qué intereses motivaron a José Martí a concebir, en medio de sus preocupaciones de índole política, un proyecto para los niños de América como La Edad de Oro?  La respuesta puede hallarse en las propias páginas de la publicación. La portada de la revista contesta en buena medida la interrogante inicial: “La Edad de Oro, publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América”. Pero, ¿es esta revista únicamente de instrucción y recreo? Las reflexiones que provoque su estudio, serán mucho más contundentes al respecto.
    En la “La exposición de París”, dice: “¡Y toda está cubierta de máquinas, que dan vueltas, que aplastan, que silban, que echan luz, que atraviesan el aire calladas, que corren temblando por debajo de la tierra! En cuatro hileras están en el centro las máquinas mayores… De un horno rojo les viene la fuerza. Viene por correas, que no se ven de lo ligeras que andan. De cuatro filas de postes cuelgan las ruedas de las correas. Alrededor, unidas están todas las maquinas del mundo, las que hacen polvo del acero, las que afilan las agujas…”
    ¿No es esto, conocimiento científico descrito en un artículo?, y ¿con qué fin en esta revista? Nadie dudaría de que sea para que los (pequeños) lectores se apropien de los conocimientos que la ciencia ha puesto hasta ese momento al servicio de los hombres.
    En la página “A los niños que lean La Edad de Oro,  expone: “…y para decirles a los niños lo que deben saber para ser de veras hombres”. Y deben saber mucho, saber cómo surgen los fenómenos tanto de  la naturaleza, como de las manos del hombre, de sus conocimientos, de su ciencia descubierta y acumulada. No desdeña Martí para nada lo que debe descubrirse aún, ni lo que brinda el elemento natural para beneficio  directo o para que se procese.
    Y ahí está la Historia de la Cuchara y el Tenedor, en la que escribe: “Y ya vamos contando la Historia de la Cuchara y el Tenedor. Antes hacían de plata pura todo lo de la mesa, y las jarras y fruteras que se hacen hoy a máquina; …ahora se hace con máquina todo eso, y de un vuelo de la rueda queda el redondel hecho en un jarro hueco, y lo de la mano no es más que lo último, cuando va al dibujo fino de los cinceladores… Es hermoso ver eso…”
   En este texto, además de describir el proceso de una forma real (dentro de la verdad que preconiza  la  ciencia) realiza  una  difusión  de  los  conocimientos  que hasta ese instante poseía el hombre, y la ciencia es divulgación de los saberes a que se ha accedido. En él, Martí ofrece a los lectores la descripción científica de un hecho de importancia relevante para el hombre. El dominio de las  habilidades comunicativas que exhibe el escritor, en este caso el manejo de una descripción científica, posibilita la más exacta apropiación del conocimiento del proceso de producción que se muestra. Es cuidadoso el texto, así como los restantes que componen la revista, de mostrar con fidelidad y en forma muy amena, el tema a que se dedica.
    En el texto aludido Martí explica los trabajos con el cobre, el níquel, el zinc; describe el corte de los metales, el papel de la electricidad, la máquina y el ahorro de tiempo y trabajo para el hombre. Además de la difusión de los conocimientos alcanzados por el hombre, en este artículo, como en casi toda su obra, va José Martí más allá (pues esos que están vivos son quienes trabajan y por tanto quienes favorecen el bienestar del ser humano); está despertando en los lectores la motivación por el ejercicio de la labor útil, los está inclinando al valor de la laboriosidad, al amor al trabajo como elemento de desarrollo y de perfeccionamiento social. Y a este valor se añade el reconocimiento de la creación de bienes materiales que facilitan la vida del hombre.
    Martí, con su inherente sentido de la armonía, asume la técnica -con un sentido moderno-como el método más inteligente y racional para hacer algo, de acuerdo con los conocimientos de que se dispone. Así expone: “Fundar la Literatura en la ciencia. Lo que no quiere decir introducir el estilo y el lenguaje científicos en la literatura, que es una forma de verdad distinta de la ciencia, sino comparar, imaginar, aludir y deducir, de modo que lo que se escriba permanezca, por estar de acuerdo con los hechos constantes y reales. Así la literatura no perecerá con sus nuevos vestidos y expresiones, como no perecen los árboles porque se les caigan las hojas: así perdurará la expresión, por virtud de la verdad que se expresa. Nada sugiere tanta y tan hermosa literatura como un párrafo de ciencia”.   
    Puede omitirse todo tipo de comentario sobre el párrafo anterior, puesto que la publicación no solo mantiene vigencia, sino que sigue siendo itinerario de conocimientos para niños y adultos a más de cien años de su publicación, en la búsqueda de diferentes motivos lectores. No equivocó entonces en la concepción de “fundar la literatura en la ciencia”.
    La revista incorpora además, artículos de las ciencias sociales (véase “La historia del hombre contada por sus casas”, “Un paseo por la tierra de los anamitas”, “Las ruinas indias”, “Tres héroes”, “Músicos, poetas y pintores” o “El Padre Las Casas”). En “La historia del hombre contada por sus casas” da fe de lo anterior: “Ahora la gente vive en casas grandes, con puertas y ventanas y patios enlosados, y portales de columnas: pero hace muchos miles de años los hombres no vivían así… En aquellos tiempos no había libros que contasen las cosas…” Pero esas “cosas” a las que se refiere están presentes en este artículo. En él hace un recorrido por diferentes geografías y épocas,  presentando  los tipos de construcciones que edificaban las distintas civilizaciones atendiendo a las condiciones físicas en que estas se desarrollaban. Pero además, era con estas construcciones, con las que los hombres, desde sus inicios, buscaron cómo guarecerse de las inclemencias del tiempo, o cómo protegerse de los animales que podían atacarlos.
    En el anterior texto casi nos pinta majestuosamente las diferentes construcciones que los hombres se vieron obligados a hacer, puesto que ellas se correspondían precisamente con las condiciones de vida de cada región. Este artículo, además, es una alta descripción, pero es a su vez una verdadera enseñanza para los lectores, más que una vía de recreo, una instrucción esmerada de lo que el hombre, con fines de supervivencia hizo, y que es hoy un legado valioso para quienes necesitan saber de su cultura, de su historia en fin, dicho de manera elegante en cuanto a su depurado estilo.
    De esta forma, en el artículo en cuestión se describen las sociedades desde sus inicios, mediante la detallada descripción que hace Martí de su arte arquitectónico, por lo que pudiera considerarse entonces como ciencias sociales descriptivas.
    Extenso puede ser el análisis de este como de otros de los textos de la revista, suficientes recursos, para que docentes de cualquiera de los niveles de educación, logren que la enseñanza de esta disciplina les resulte agradable a sus alumnos, si la emplean con la maestría que requiere todo proceso académico. Pero además se propicia el tratamiento de valores que se ven en estos hombres como la identificación con lo suyo, y el coraje con que lo defendieron, lo que pone en franco ventaja al maestro para que trabaje el patriotismo, así como la laboriosidad al presentarles los trabajos que acometían y cómo decoraban sus templos , sus casas y sus asentamientos. Téngase en cuenta que la estética y en este aspecto se aprecia, es también un valor incuestionable.

 

Niurka González Pomo, Licenciada en Educación Primaria, directora de la SEDE Universitaria de Cumanayagua. Participó en Pedagogía 2009.

e-mail: niurka@cfg.rimed.cu

 

 

 

 

 

 

 


 
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