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Cumanayagua, Cuba,
   

POEMAS DE YULKI SÁNCHEZ

CUBARTE

 

CONCEPTO TRISTE DE UNA OFENSA

 

Imagina que soy un cigarrillo.

El cigarrillo obsequiado a los estudiantes

en no recuerdo cuál poema.

Sólo encuentra mi cuerpo

en el desvanecido acto de tu imaginación.

Yo: cigarrillo Malboro, Hollywood,

H Upman si lo prefieres.

Yo en la boca de un millonario,

en la boquilla de una prostituta,

iluminando el escritorio de un poeta,

insuficiente en las manos de los escolares.

Yo en un baño familiar

en una peña hippie

en las oficinas y en los velorios,

en los hospitales y los basureros.

Yo, el cabrón cancerígeno tan necesitado,

el sencillo misterio de la relajación.

Imagina que soy un cigarro

y que puedo pensar,

hacer de tus problemas un corcho nicotínico.

Vanamente una mujer regresa a tu recuerdo,

la maldices y enciendes de súbito

otro cigarrillo, mirando cuán bello

y terrible es el mar.

Yo estoy acostumbrado a ser ceniza;

en mis noches de viaje con el viento

he de expandir amores por nacer.

 

El mundo que escondes

a las mujeres

y no pudiste amar,

es de misterio y renunciación.

Llegaste fuera de mí.

Yo estaba contigo,

y mi deseo era que si estábamos

habitados por la tristeza,

así, por fuera eternamente tristes,

en nuestros pechos, al contrario,

nos penetrara la ternura.

Algunas mujeres con aires lúgubres

tienen la tristeza del mar.

Los años lentos se estremecen

y pasan camino a la ciudad.

Cuando vuelven,

pasan devorando toda la nostalgia,

el vestigio sin contraste,

las letanías que tu corazón susurra,

el mundo que esconde

a las mujeres que te amaron
y no pudiste amar.

 

Escucha Mónica

Caen mis lágrimas

y tu pañuelo no sabe qué hacer.

Solo un pequeño error de estos ojos

y cierras tu catedral ante mí.

Hasta que vengas a enmudecer

mis sollozos con tus besos

he de pensar que la muerte

es una artimaña.

Alguna vez dije:

encenderé la eternidad;

tan altisonante campanada que me huye.

Yo te procuraré eterna,

es una cuestión menos personal

que la dureza de una estatua.

Hasta que vuelvas, Mónica,

lloraré aldaba en tu pecho.

Aseguro que la muerte es un océano,

el océano que te huele la cara
con mis propias manos.

Todo confluye a tu regreso,

absolutamente todo y la tristeza.

Ahora recuerdo aquellos sueños que tuvimos,

aquellas caricias que morían

asesinadas por tus manos

y he aquí dónde intuía mi destino.

A esta hora, y de momento,

soy feliz de saberme abandonado.

 

Nota: Con estos poemas la autora obtuvo Tercer Premio en el Concurso Territorial “Zenón Rodríguez” 2008.

 

Yulki Sánchez Molina (Cumanayagua, 1986). Instructora de Arte. Miembro del Taller Especializado en preceptiva de la poesía “En el vórtice de la contemporaneidad”.

 

 

 

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