Colocar este sitio de Home Page     |   Agrégueme a sus Favoritos
Cumanayagua, Cuba,
   
CÓMO EL TREN Y LOS VIOLINES NOS INSTA A NUTRIRNOS DE NUESTRA PROPIA HOJARASCA
CUBARTE

 

 

Arañando la piel, arando al centro del alma, taladrando con la mirada el otro lado de las cosas… es así como Yannit Pozo Castillo (Cumanayagua, 1983) nos entrega estos abrasantes poemas de materia ígnea en ebullición para conformar su primer libro édito: El tren y los violines (Reina del Mar Editores, 2007), en un cuidadoso y atractivo, por lo artístico, proceso de edición, contando con ilustraciones salidas del artista plástico José Luis Díaz y prólogo del poeta Jesús Candelario. El propio autor se encarga de brindarnos unas notas preliminares, que el lector pudiera leer o no, pero que yo le recomiendo que lo haga, en busca de la detección de ciertas claves poéticas que pudieran servirle de brújula por los vericuetos del eje temático y el asunto tratado en cada argumento poemado, en cada reflexión, estado de ánimo o emocional, u observación del sujeto lírico.

    En cada poema hay una autoconfirmación del yo, una tendencia a la identidad entre el yo autor y el sujeto lírico; es el acto poético como revelación de la agonía existencial como leitmotiv, un ansia irrefrenable de deshacerse en el tiempo; agonía que alcanza las dimensiones de un nihilismo sólo comparable al que atenazó a Julián del Casal. En una amplia enumeración de pares antitéticos, Yannit enhebra uno de los poemas más contundentes de esta su ópera prima: “Que todo acabe… los zapatos y el miedo/ la muerte y los semáforos / el partido y las rubias con paraguas/ el big bang y la historia/ el espejo y las palabras/ que acabe todo/ incluso/ yo/ y mis ganas de que todo acabe” (QUE TODO ACABE). El que estampa esas vivencias es el primer tonto, el inepto para integrar una cognoscibilidad imposible; es el sujeto lírico que se flagela, se autoagrede e increpa con acritud a sus interlocutores poemados: “¿Qué te justifica?/ ¿tu pálido modo de decir que ya no te hace falta la vida?/ …¿tu imagen grosera y sarcástica / en las pupilas de una mujer?/ ¿tu ventana enorme que da al otro lado de la soledad?...” (¿QUÉ TE JUSTIFICA?). Hay un pequeño núcleo, dentro de la primera parte dentro de las cuatro que integran el libro, que alude a la pérdida de un niño que puede partir o no de una anécdota traumática de carácter personal, pero que se convierte en obsesión nonata: “¿o piensas que con un poema tu hijo extinto va a volver al vientre?” (Íbidem). “…mi hijo estaba muriendo/ en cada esquina de cualquier día… (MI HIJO)

    El lector abre una puerta y pasa en este libro a una realidad otra, en la que los objetos cotidianos de la vívida percepción se convierten en la otredad de una realidad que se vive desde el poema mismo. Los teóricos hablan de la metacreatividad, es decir, la creación (poiesis) que vuelve sobre sí misma, que se explica desde ella misma; en el caso de Pozo la sustentación teórico-poética de ese acto tiene una honda raíz socrática: “es la causa que hace pasar del no ser al ser”(De: El banquete ). De manera que el ser, el existir, se ha logrado por la magia de la creación poética. El poema, pues, se convierte en un universo porción-extensión de la realidad; la realidad (referente) es una metaforización poética. El paso a la cosmovisión de esa realidad tiene agujeros o ranuras que son la vía de tránsito: persianas o ventanas-símbolos como límite entre lo subjetivo y lo objetivo, la inmediatez cosificada del claustro casero y la eclosión de la naturaleza: “el pan vino con el sabor acostumbrado/ y ahora la luna se esconde en la persiana… el pan seguirá viniendo con el sabor de siempre/ la luna entrará por otras persianas/ y yo/ continuaré paciente como un cadáver…” (POEMA SIMPLE). ¿Será la imagen cotidiana del pan trabado entre las tablillas de las persianas que cobra una dimensión singular, en su relectura?

    La originalidad y contundente fuerza del entretejido imaginal son rasgos sorprendentes en la estética de este poemario, y para ello el autor se sirve de las figuras de pensamiento más contrastantes: la antítesis, la enumeración caótica, la paradoja hasta los límites del oxímoron, el paralelismo sintáctico, la resonancia de voces, los ecos fonéticos; de igual modo, las reiteraciones de determinados vocablos y su convivencia dentro de la metáfora coadyuvan a la formación de una red léxico-semántica de sinónimos, antónimos y parónimos léxicos o semánticos: agonizó, lágrima, desamparo/ aurora, amanecer, cristales/ cristales, parecido a morirse, en que los sintagmas en que se insertan estas palabras a veces les varían sus matices semánticos y por consiguiente su valor simbólico. (El propio título del libro alude a la asociación sorprendente que se establece entre el ruido rudo, seco y monótono de las ruedas de hierro sobre los rieles en extraña pero no imposible cópula con el sonido delicado y agudo que produce el arco sobre las tensadas cuerdas.)

    Otra característica predominante de este poemario es el sentido de economía de sus imágenes poéticas; levantadas sobre los pilares de la precisión, no se siente la sensación de una adjetivación excesiva y agobiante, como tampoco de una verbosidad infértil.

    Influencias no faltan, pues somos, como dijo un poeta “deudores irredimibles”. Así, pueden escucharse ecos vallejianos en las asociaciones sorprendentes en función de la metáfora esencial, en la tensión asociativa: “me he sentado a ver cómo/ suplicante y moribundo/ el día se arrastra a mis pies.” (REY Y LACAYO), o del cinismo descarnado de Bukowski, tierno y ácido a un mismo tiempo, eminentemente autobiográfico: “Lo más estúpido de mi estupidez es quien único la consume…/ estúpido barba de adolescente/ lágrima en la lluvia/ lluvia de lágrimas/ puta nerviosa…” (DICTADO). Hay también imágenes que producen ambientes absurdos, en un acercamiento a la absurdidad cotidiana, apoyadas en los contextos e intertextos intuitivos y sutiles que se recrean.

    Dolor rebelde este -con algo de influencia del nihilismo pasivo a lo Nietzsche, como resultado de la pérdida de los valores tradicionales-; mirada de extrañeza y pasión sobre las páginas a veces amarillentas del decursar cotidiano, queja y rebeldía e interrogación filosófica nos brinda el autor en este su primer libro editado, y ya se nos presenta como punteando con voz propia y auténtica dentro del “coro de los grillos que cantan a la luna”, al decir de Antonio Machado, y donde el aliento esperanzador que impone el alter ego de Yannit nos insta, parafraseando sus versos, a nutrirnos de nuestra propia hojarasca.

 

 

Orlando Víctor Pérez Cabrera

 

El presente trabajo fue leído por el autor en la presentación del libro El tren y los violines, en la Biblioteca Municipal “Tania la Guerrillera ”, la noche del sábado 1ro de marzo de 2008, dentro de la XVII Feria Interancional del libro en su edición cumanayagüense.

POEMAS DE EL TREN Y LOS VIOLINES

 

 

FILO EN EL UNIVERSO

 

 Esta tristeza hiede a hombre

a filo en el universo

este desamparo de mí mismo

empequeñece mis huellas

como si fuese yo el ave sutil

en la vorágine de un desierto

 

hasta en mi sombra destila la muerte

pone otra ardentía en la mirada

similar a ese con que Sísifo calcina la roca

la montaña     los dioses

 

es una flor que se alimenta por el perfume

 

soy todo yo esta tristeza

me existe    me habita la indignación

porque hace rato apesto a hombre

endeble filo en el universo

 

 

CUANDO SOY RÍO

 

salto

me reviento en el aire

crepito con mi dolor

arranco de mí los remansos

destierro las orillas

y convencido

me cerceno el fondo

y ando

ando ya más diáfano

como una estrella

en cualquier esquina de la noche

entonces

vuelvo a saltar

deshaciéndome en el viento

quise decir

en el tiempo

 

 

LA REALIDAD

 

es un tigre que

súbitamente despierta

en nuestro pecho

debemos estar dormidos

para cuando él despierte

o aprovechar su frágil sueño

para subirnos a su estómago

con la esperanza

de que nos crezcan garras

 

 

REY Y LACAYO

 

me he sentado a ver cómo

suplicante y moribundo

el día se arrastra a mis pies

 

no sabe que ya es tarde

muy tarde

porque me lo viví completo

 

 

QUE TODO ACABE

la ternura y los portones

la lluvia y la tibieza de las sábanas

el relámpago y el silencio de los árboles

que acaben el maquinista y los amantes

el otoño y las estatuas

las rosas y las noticias

las pesadillas y el helado

el derecho y los negros

el blanco y el izquierdo

el crepúsculo y las avenidas

que acaben los cementerios y los sementales

los globos y las angustias

los hombres y lo ignoto

la hostia y los cafés

el tren y los violines

el corazón y las mesitas de noche

los zapatos y el miedo

la muerte y los semáforos

el partido y la rubia con paraguas

el big bang y la historia

el espejo y las palabras

que acabe todo

incluso

yo

y mis ganas de que todo acabe

 

Yannit Pozo Castillo (Cumanayagua, 1983). Miembro de la AHS. Actor del grupo “Teatro de los Elementos” y estudiante de dramaturgia en el Instituto Superior de Arte (ISA). Cursó el Taller Especializado en Preceptiva de la Poesía “En el vórtice de la contemporaneidad.” Hizo estudios en el Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Premio Regional en Narrativa “Jesús José Rojo”. Finalista en el Premio Nacional “Poesía de Primavera”. Premio “Poesía Eres Tú”. Primer Premio en el Concurso territorial “Zenón Rodríguez” Cumanayagua, 2006. Tiene publicado el libro de poesía El tren y los violines (Reina del Mar Editores, Cienfuegos, Cuba, 2007).

 

 

 

 

CUBALITERARIA
Museo Nacional de Bellas Artes
Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba
Lettres de Cuba
AZURINA
El Caimán Barbudo
Revista Cine Cubano
Museo Hemingway
La Jiribilla
Cuba contra Bloqueo
 
Volver a la Portada

Revista cultural Calle B
Fundada el 20 de Marzo del 2001
Todos los Derechos Reservados © Copyright 2001-2008
Director General: Pepe Sánchez, Edición: Orlando V. Pérez Cabrera, Webmaster: Lisandro Menéndez Quintana

Asesor: Adonis Subit Lamí,  Diseñador Artístico: Alfredo Sánchez Iglesias
Calle Antonio Machado No. 76  e/ Rafael Trejo y Artime, Cumanayagua, Cienfuegos, Cuba
Teléfono: 43-433536