Por Rodolfo Alemán
–¿Cómo está la situación, Rey? –se escuchó la voz desde la calle.
–Bien, Jefe –dijo Rey–, ha sido una mañana tranquila, sólo un viejo con frutas en una jaba, y el antisocial de la esquina que insiste en vender dulce casero con la leche de su vaca.
–Correcto, Rey –mirando y vigilante, recalcó ahora la voz–: Recuerda que hay que ser intransigente, esa es la orientación de la Organización.
–Sí, Coordinador, en eso no hay dudas –dijo Rey–, esta mañana sorprendí a mi hermano con un pedazo de carne y, ¿usted sabe?
–¿Qué hiciste, Rey? –preguntó el llamado Coordinador.
–Lo de costumbre, Jefe, lo establecido, ya no lo verá mataperreando de nuevo en la vía pública –dijo Rey.
–Ok, Rey, ah y no olvides, en los coches solo ocho pasajeros, ni uno más, Rey, solo ocho –concluyó alejándose el Coordinador.
–Correcto, Jefe, fuerte y claro –dijo Rey a modo de despedida.
El Coordinador siguió su camino, a ratos movía la cabeza, aspiraba y trataba de descifrar los olores indescifrables de una mañana cualquiera de su pueblo. Ansiaba llegar a la sede. Cuando divisó el cartel que anunciaba Partido Demócrata Canino ladró con alegría y pensó que Rey tenía un gran futuro en la Organización.
Rodolfo Pablo Alemán Pérez (Quemado de Güines, 1954). Poeta y narrador. Ha recibido premios y menciones en diferentes concursos literarios. Tiene publicado el libro de narrativa Romanos (Editorial Mecenas, 2007).