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El marinero

Por María R. Martínez

Al noroeste, el hombre espera su barco; tiene una gorra con visera y el pulóver le cubre el cuello; en esta zona el viento es fuerte, hay marejadas, pero él está bien protegido del frío.

Su nariz es ancha, también sus labios, y bajo enormes pestañas le relampaguean los negros ojos.
Me preguntaba cómo un hombre tan fuerte podía tener pestañas de mujer.
No me había visto, porque no dejaba de mirar al horizonte, donde la puerta da al patio. ¿Acaso vendría su barco desde tan lejos?
Conversar con un hombre de mar iba a ser difícil para mí. ¿Qué le contaría?, una admiradora ya tenía, pero con lo de las pestañas largas yo misma me sentía incómoda.
Comencé a tararear una cancioncilla para llamar su atención:

Oiga marinero
¿De dónde salió?
¿Ese cuello alto
le da picazón?

Se rascó el cuello y dejó ver sus dientes amarillinegros.
“¡Qué lástima!”, pensé, y ya no me sentí atraída por su presencia.
Los marineros a veces no tienen tiempo de lavarse los dientes y fuman en pipa, pero saben muy bellas historias, que querría escuchar, pero de este no recibí ni un hola.
De pronto, desde el extremo del techo donde no se acumula la humedad, apareció un barco inmenso y la falta de agua no le permitía navegar, cruzar el techo de orilla a orilla.
¿Para qué querría un marinero un barco que no puede navegar?
Entonces empezó a abrir y cerrar sus ojos con fuerza una y otra vez y a hablar alto con el viento que aumentaba a su alrededor; yo no podía creer aquello, para eso eran sus inmensas pestañas.
El barco llegó volando y él se subió de un salto, se dejó caer en la cubierta y desde aquellas cortinas entreabiertas contemplaba el sol.
A veces lo he vuelto a ver y aún no pierdo las esperanzas de que me cuente una historia de viajes por los mares; mi puerto es tan pequeño, pero parece que no le gustan las niñas; si algún día pudiera montarme en un barco movería mis pestañas, aunque abuela diga que yo me estoy volviendo loca, que eso es hereditario; así dice cuando mami y yo nos ponemos a jugar a “sigue la rima” y se nos van las horas como si estuviéramos en un puerto lejano:

Marinero, sombrero; barco, arco; mar, amar…

 

 

 

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