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Página de Inicio Argos Obra Literaria de Germán Rizo Ven al milagro de la noche

Ven al milagro de la noche

Por Germán Rizo

renuncia al caos tentador
y que las legiones
devoren el ímpetu
atrapado en tus sombras
Deja que el silencio
riegue trozos de sacrificios
en la plaza

Ven adelgaza estos abrojos
trenza la luna
de perlas robustas

Soberana
resucita hirviente el júbilo
en ese lienzo atormentado
de tu pelo
y retorna codiciable
al bramido de mi sangre


Me pierdo en tu rostro


buscando la sed
que redobla mi cruz
Ardo en la tentación del sol
azotado por la cólera
grito
nombrando los cirios
lo tormentoso del sepulcro
Tu rostro celda de espejos
signos de sílabas tejiendo cifras
que flagelan este adorno
del símbolo en mi ruta

Flotan los cristales
collar de jaspes mutilando mi voz
En viaje hacia las hojas
busco en la sombra desnuda
de tu cuerpo
lo misterioso del silencio


Adolezco en tu desnudez


amor en tu oscuro vértigo
donde hechizas la luz
el rayo y las hojas que azotan
la alegría de la lluvia

Leyenda que oculta el eco
tatuado en mi armonía

Amor germinando en mis besos
tu libertad despunta la nostalgia del otoño
barcas que ondean
en lo estéril de la espuma

Amor que salvas este deseo
de todas las máscaras

Amor en su lenguaje solar
en su manía infinita
Luz en la cordura del reloj
linaje audaz en su ceguera
tejiendo otro acorde

Amor hilando otra claridad
esos pedazos de lluvia
en su abandono

Desnuda la sed


pan que hierve
y palpo en los espejos
Penetra este imperio de antorchas
que estallan
en el universo de mi voz
al milagro de las palabras
en su signo venerable

Oye la fiesta de los pájaros
atravesar los latidos
la amarga semilla ardiente del dolor
cantando en el desorden
de las mariposas
Vestidura tardía
armada en la tempestad
Sortilegio de cuerdas
desatando gaviotas en tu pelo

Tu ritmo es la penumbra
fortín de lámparas
péndulo
donde resucitas benévola

Recuesta tu demencia


en mi corazón
lámpara sosteniendo la fe
Los espejismos cercenan
las cumbres del cielo
perturban la sombra de los árboles 
Sujeta estos versos
que arden en el conjuro
de tus ojos
ese ramo de imágenes
desbastadas en el caos
Llanto oprimido y rebelde
brasa oculta
refulge mi tormento
este manojo de injurias
que envejecen
Recuesta ese desconcierto
ondulado en charcas de miel
Sostenme en ese remolino de hogueras
que confunde mi sangre
con el aullido de este invierno

Desfallezco en la tragedia de la muerte


Desnúdate


la tarde es una sombra
desconocida
dos muslos extendidos la creación
Entre volcanes fluyen tus caderas
nidos retoñan en el orden de tus senos
en tu desnudez zumban todos los acordes
la tentación estalla su mármol
hoguera que abre a la demencia

Tibia fecundas las semillas del aire
Me arrastra tu piel
desnuda en el silencio
Tú buscas la conspiración
te adentras en mi infancia
Eres la línea sobre el fuego
entreabres un pedazo
de armonía en mi cuerpo


Conozco ese rostro


secreto mar en su delirio
Teje un linaje de geranios
bajo el murmullo de la sed

Conozco ese refugio
que sustenta la furia
ahondada en esa gota
Taladra y no cesa
gozo que desangra
lo demacrado de la noche

Conozco esa tormenta
enmudecida
que designa el arcoíris
Viento rompiendo los espejos
oleaje que seduce
un trozo de mi sol


Toda tú

diversa y breve
Basta el desorden de la sangre
para deslizarme en tu goce
y llegar a los elementos
que fulguran en ti

Mi incienso tú
el verbo en la proa
envolviendo nuestra luz
Espejos tejiendo
en círculos mi rostro

Toda tú en ese altar tardío
danzando en la emboscada
su cortejo de tormenta


Que arda el papel

y el poema
Que me quemen tus ojos
estoy en el azote
del fuego
entre los signos del dolor
Me angustia la sed
y lo vertiginoso del viento

En mí arde el otoño
las arpas tiemblan
en lo dócil de las hojas

Llamas asaltan
los residuos de la noche
Crecen cenizas
bajo la piel del miedo

En tu rostro
se desploman los soles


Fúndeme al racimo

que adorna tu verano
Que tu boca arrastre
el río en su mortaja
Nómbrame en el hervor
de la luz y la ansiedad
Crece ostentosa
y besa el aullido
que desnuda la sombra

Fruto codiciable
recorro tu cauce de brasas
Júbilo de gacela
naciendo en el sollozo
Fúndete a mi escudo
sofoca las llamas del signo
y tiéndete mujer aquí en mi boca


Enrédame en tu amor

en tu holocausto de alaridos
Eres vértigo
la tarde y el sol florecen
en la osadía de tu pelo
donde la tristeza forma laberintos
y las palabras son semillas
colmando el polvo del verano
Te adivino en mi boca
en el lenguaje
perpetua de zafiros
en lo vigoroso de las hebras 
y la vigilia



Escribo otra sílaba

Mis manos inventan otro cuerpo a tu cuerpo.

Octavio Paz

el dolor en su enjambre
ensordece lo domado
de la soledad

Me sujeto a ese navío
de ruegos
al triángulo que sustenta
ese enjambre de pájaros
Toco lo irreverente
La noche en su avaricia  
enciende otra vela
Lámpara 
espinas en el polvo
consumen el hervor estremecido
Cerco esa hoguera de fábulas
que abre la eternidad 


Hoy anidan soles


en tus ojos
el fuego de la tarde
celebra en tu voz

Isla
extraviado en el reflejo
de tu danza
en el brillo de tu conquista
Trigo maduro
buscando la estación 
de tu desborde


Amarte es hilvanar


las formas del silencio
vaciar la demencia frente al fuego
Atarme a tus ojos
en el disfraz de la noche
Amar el desencuentro
entre mi sombra y tu enigma
Domar el gozo de tu lengua
los sembradíos de aliento
que atan el milagro
Robarme la fe
el ritmo en tu cintura
donde se desgranan las ausencias
Amarte es ofrendar mi sed
a los muros de la noche
perderme colmado en tu laberinto


En ese brote de gaviotas

atravieso
la pureza de tu sangre
Qué hermoso navío
cuando se desploma
en mis venas
Advierto una armonía
de soles
Sobreviene un cauce
una emboscada de estíos
para mi hambre


Vuelve a reencarnar


la eterna punzada
que golpea lo sagrado
ese tormento devorando
gestos que sacuden la flor
Arrogante en el pánico
intento cruzar la mano
que aflora en los surcos
de la oscuridad

Vuelven las brasas del sol
a coronar estos ojos
La antorcha áspera y
su vaho
la fragancia extensa
en el regazo
codiciando mis huesos

 

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