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Voy a tu noche

Por Odalys Interián

hay un reflejo de ti
en cada encrucijada
Un llamado
y voy creciéndome
Soy ímpetu
sol rodando en su llovizna
en su volcán y lava

Voy a tu cuerpo
un roce
un convite de vinos añejados
fruto virgen
en esa lucidez de los latidos

Y voy bendita
espigando en tu sangre
el trueno y la promesa


Irán tus manos entre las luces

encendiendo el sol
y la ternura
Todo el aire en su volcán 
y llama
en esa desnudez del eco
y la llovizna
Pacíficas irán
rondando hacia la sed
y los silencios

Irá tu boca entre las fábulas
mordiendo lento la oscuridad
las vivas semillas de mi cuerpo
Irá tu boca callándome 
en su alivio
numerosa en su deshoje
de sílaba y tormentas


Iré despacio a ese encuentro


vestida de toda ceremonia
acortaré la luz
el tiempo muerto anochecido
en su triste color y desamparo
Haré ronda sobre tu cuerpo
te cercarán mis manos y mi boca
ese salitre dulce del veneno
estrenará su muerte
Me estrenaré señuelo
me nombraras
Iré en mi noche
humedeciendo las luces
bordeando las escalas y los ríos
esa ternura de tus manos
que florecen
Iré despacio a vestirte de amor
con mis ofrendas
con el dátil sereno de mis lluvias 


Comienza en mi boca

en la palabra
en esos ardores que desperezan
el signo
Empieza aquí
haz un círculo que borre la oscuridad
Lame el rencor de las noches
la verdad de nadie
Pon una pausa
planta una luciérnaga callada
que recorra ese infinito de ausencias
Planta un ciprés
y riega con tu boca
ese follaje esplendido que detiene la luz
Deja en la palabra una huella
lo amable que azote
con su péndulo frío de silencio
Comienza aquí
en su naufragio y ruina
en su rutina y vuelo
Tiéntame con tu sol
con esa claridad que me organiza


No hay palabras

solo el ruido vigoroso de la  lluvia
y los silencios
Me llueves  
y tus manos reteniéndome
y tus besos libándome la fría muerte
Nazco bajo el fuego de tu lengua
en esa esfera insomne de tu rabia
Devorándome la noche
el ciclo armónico de luces y palabras

Naces en mí
en esa serenidad de olas cálidas
en su rompiente espasmo
Despiertas la espuma
en su fraternal gloria
de relámpagos
Otra vez me inundas
ruedan tus manos
y ruedo
cerca de tu boca
que nace mía
en ese candor de libertades



Mi cuerpo un almenaje


la noche crece en él
juntándome a tus sílabas
a tus manos
Y vas trayendo más lluvia
un puñado de luces tiernas
Y vas tendiéndome
en todos los silencios
Trayendo tu boca
y la palabra
Cansando el amor
vistiéndome de otoño
con las hojas que ruedan
Tus ojos
soles que fluyen
que siguen fluyendo
hacia el desborde


El tiempo es tuyo


regreso pródiga a tu cuerpo
corcel domado
Vuelvo a tus madrugadas
a esa victoria siempre
de tu mano sobre mí
a ese regocijo donde me ofrendo
Dátil en su lluvia
un nuevo sol en su temblor cotidiano
Y amas el silencio de mi boca
la libertad donde me pierdes
Sabes amar mi música
esos volcanes de esperanza
la palabra incierta que pronuncio a solas
Amas mi olvido
esos desmanes infinitos
ese volver desde  la ausencia 
sosegada
lista para el amor


Devora también tú

un dosier de silencio
Pasta en el néctar
Roza el aire allí
en la claridad
en el plazo quemante
y sin frontera del amor
en una encrucijada
Bébeme ese sabor amargo
en su rutina
Devora esas esferas rotundas
de la noche
la atada luz en su lujuria
Semilla en la semilla
En el candor despuéblame

La oscuridad también es espejismo


Tantea  aquí

en esta oscuridad
sigue las alondras
Halla un camino en mi piel
Hállate en lo tibio y solar
domando el frío de la luz
y los otoños
Sostenme en tu llama
vuelve sobre tu huella
Cruza los destellos
esa distracción a donde van las sombras
Incendia lento con tu boca
los racimos
todas las figuras del verano
los soles en mi sangre
Sigue el juego en mi pupila
los brotes sedientos
el largo relámpago sobre los girasoles
derramándose


Sonoro como esa lluvia

repetido en el néctar
en lo desbordante y primitivo
ondeando
ese trigo febril y luminoso de sol
Tú el que sostiene mis vértigos  
Volátil en lo domado
y transparente del silencio
en lo ardiente del paisaje 
y la llovizna
Ataviado en mí
pródigo
robándome la oscuridad
las nevadas profundas del corazón
lo árido de esta muerte


El sonido del frío


muere en mi cuerpo
también la madrugada
Tú trayendo los pájaros
y la sed
los vuelos húmedos del lenguaje
Trayendo a los latidos
la encendida estrella
que acomodo en mi piel

Durazno el sabor
sol y mímica de ti
Vistiéndome
el fruto de tus voces
Todo el verano
libando el amor en esa boca
irrepetible
goteando
su corteza de eternidades


Esa serenidad

que me une al sol
Ese  silencio tuyo
a donde voy libélula
en la frescura de tu mano
ondeando
Manos que abren
las lluvias y mi sed
Serenidad pródiga que invita
y vuelvo al roce de esa voz
abierta y única que me nombra
Esa serenidad con que amas
esos volcanes tuyos
llenos de amaneceres
Gaviota yo
ensimismada en tus soledades
Esa serenidad del amor
ese dátil dulce y virgen del fuego
meciéndose en ti
meciéndome


Si te quedaras sobre esta duna


en lo vencido y despierto del sol
en mi fiebre y pasto
sujeto a esa libertad
En esa gloria para espigar veranos
en su abierta semilla cotidiana

Si te quedaras en lo doblegado
y silente
en mi barbarie  y luto
Bebiendo mi veneno
la caída fatal
mi noche enferma
la doble lluvia de este abismo
Si te quedaras sujeto a mi tormenta
bajo su vidrio y noche
bajo el lodo espléndido
de emboscadas solemnes



Porque se llena mi palabra

I

de esos cielos
De esos convites
donde el aire te mueve
y te confirma íntimo
con ese olor de todos los recuerdos
con esa música donde te encierras
y me encierras

II

Tan puro el aire en tu silencio
tan exacta yo
Hija de tus manos
floreciendo
Dándome a la ternura
a esa divinidad de las palabras
En esa simetría donde flota la lluvia
y nuestros cuerpos
En esa apacibilidad
donde me inventas
y te invento


Estás llevándome


el mar se hace sombra
y todo el silencio
Y voy domada
eres como los álamos
el sol es un reflejo sobre ti
Y voy mariposa
golpeada en su huracán de bosques
a tu incendio de lluvias

Estás llevándome
entre la trizadura de dos soledades
hacia los fríos espacios del amor
hacia lo muerto del signo
y las palabras

Llevándome
estás llevándome
y me dejo


Amarte es amar los pájaros


en cada borde del fuego
Ascender hasta incendiar las sílabas
y las noches
Es juntar palabras bajo un sesgo de luz
los sonidos que abren el sol
a las piedades
Es amar el dolor
en su cuerda de arpegios solemnes   
lo rebelde del júbilo en su llaga
lo que viaja en su vaivén
de lluvias y tormentas
Fundiéndose a la sed del vértigo
y lo cotidiano
Amarte es leer el fuego en las heridas
Beber el símbolo oscuro de la tarde
en los silencios

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