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El legado de un maestro

Por Sandra M. Busto

Me motivé a escribir sobre el Maestro Rubén Urribarres debido a la visita que hará la Orquesta de Cámara, que hoy lleva su nombre, al Teatro Tomás Terry de Cienfuegos. La agrupación actuará por primera vez en este escenario el próximo mes de marzo, durante la celebración de la Temporada de Música de Concierto. Tal vez no sea tan conocida su trayectoria artística en esta ciudad, aun cuando dejó un capítulo de su vida en ella. Sin embargo, es otro de esos hombres que tejió su legado en la vida de muchos músicos.  Quizás su labor más reconocida fue la de director de la Orquesta Sinfónica de Villa Clara. Hoy sus discípulos y compañeros de muchos años hacen que su legado continúe, precisamente en la agrupación de música de cámara que él fundara y que actualmente lleva su nombre.
Todo el que estuvo cerca de Rubén le recuerda con su amor a la música de concierto y su empeño en mantenerla siempre en alto, aun ante los desafíos de los tiempos modernos. Desde lo personal, quisiera compartir mis propias vivencias y el agradecimiento que le guardé todos estos años.
Comencé muy joven en la Orquesta Sinfónica las Villas como educando. Tuve la suerte de conocerle precisamente allí y que mis primeras experiencias como músico de atril fueran bajo la guía de su certera batuta. Me encontré con un universo que parecía gigante, lleno de todos los sueños de alguien que comienza a dar sus primeros pasos dentro del mundo profesional de la música. Hasta ese momento existía una distancia palpable entre las grandes obras que había escuchado en la escuela y en casa, y aquellas que estaban escritas delante de mí en un atril. Ahora cambiaba de lugar y estaba frente a la batuta de aquel hombre alto, delgado, con un cabello blanco y lacio, que se dirigía enérgico y gentil a todos los músicos de su orquesta. Aquel hombre podía hacer que un colectivo de casi setenta músicos pudiera caminar junto a él y crear ese maravilloso momento en el que nada parecía más importante que la música que pasaba de un papel a ser real, entre los sonidos de todos los instrumentos de una orquesta sinfónica. No importaba la edad, si eras profesor o alumno, si tenías muchos años de experiencia o eras recién graduado; en el momento en que la batuta bajaba todos éramos uno, hablando un mismo lenguaje, a un mismo ritmo, a un mismo nivel y con una misma intención.
Con el paso del tiempo descubrí la historia de vida de Rubén, cómo fue creciendo en el mundo de la música y se fue preparando para llegar a dirigir la orquesta. Nace, tal vez ya predestinado, un día simbólico para nuestra cultura: un 20 de octubre del año 1939 en la Ciudad de Camajuaní, Provincia de Las Villas. Se vinculó de niño al estudio de la música, hasta que a los trece años obtiene su primera plaza como percusionista en la Banda Municipal de su ciudad. Por medio de Agustín Jiménez Crespo es que pasa a formar parte de la nómina de la Orquesta Sinfónica de Santa Clara y de la Banda de Conciertos de esta misma ciudad. Paralelamente va a alternar con otras agrupaciones y con sus estudios en la Academia Provincial de Música, de la que se gradúa como profesor.
La cercanía geográfica entre Cienfuegos y Santa Clara, dos ciudades unidas por la antigua Provincia de las Villas, favorece al intercambio cultural que ha existido entre ambas. Rubén va a ser uno de ellos cuando toma la batuta como director de la orquesta del Cabaret Jagua en el año 1964, situado en el Hotel que lleva su mismo nombre en la Perla del Sur. De manera alterna forma en Santa Clara la Orquesta Venecia, en el cabaret de igual nombre, el 24 de julio de ese mismo año. Tres años más tarde funda y dirige la Orquesta de Música Moderna.
En 1969 da un giro a su carrera al quedar finalista en un concurso de oposición para dirigir la Orquesta del Ballet Nacional de Cuba en la que permanece por seis años. Durante esta etapa dirigió varias orquestas como la de la Ópera de París, las Sinfónicas de Praga y de Madrid. Realizó, además, giras por diferentes países de América y Europa.
En 1976 regresa a Santa Clara y comienza a dirigir la Orquesta Sinfónica de Las Villas.  Al año siguiente es nombrado oficialmente como su director titular. A Rubén le tocó mantener viva la legendaria sinfónica en momentos tan difíciles como lo fuera el Período Especial. Es precisamente durante estos años en que pasamos a hacer prácticas como educandos un grupo de jóvenes que aún éramos estudiante y  a los cuales él alentó. Allí nos preparamos como músicos de atril junto a nuestros profesores y al excelente colectivo de músicos que integraba la orquesta. Mi formación como músico nunca hubiera estado completa sin esta experiencia. El tener que tocar en vivo en el Teatro La Caridad, exigía darlo todo cada vez. En lo personal continué otro camino dentro de la música; pero muchos jóvenes egresados de todos los niveles de la enseñanza artística sí llegaron para quedarse en la orquesta.
A pesar de los esfuerzos de Rubén por mantener los espacios habituales, el período especial demandaba alternativas que pudieran adaptarse a aquel momento histórico. Una de las más difíciles era mover a toda la agrupación, por los gastos de transporte, combustible y recursos. Esto motiva a su director a buscar una solución que fuera capaz de mantener los habituales conciertos didácticos en las escuelas, municipios y en salas de conciertos como la de la Biblioteca Municipal José Martí con una agrupación, nacida con los solistas de la propia orquesta pero con menos cantidad de integrantes. Nace así, oficialmente, en el año 1992 bajo el nombre de Orquesta de Cámara de Villa Clara. Se mantuvo en espacios habituales en Varadero y luego en la cayería norte de la provincia.
A partir de la muerte de su director el 2 de julio de 2011 se nombró Orquesta de Cámara Rubén Urribarres. Su primer violín, Juan Águila Mendoza (Santa Clara, 2 de enero de 1970), es quien asumió la dirección de la misma y ha seguido el estilo de trabajo con el cual se fundó la agrupación. Es un excelente violinista y pedagogo con reconocidos lauros. Desde el año 1994 labora en la Orquesta Sinfónica de Villa Clara y ocupa el puesto de Concertino de dicha institución desde 1998. Se vinculó a esta agrupación desde que estudiaba en la Escuela Nacional de Arte ENA, como invitado en conciertos.
Juanito, como le llamamos todos cariñosamente, es primer violín la Orquesta de Cámara desde su fundación en mayo de 1992, en la que ha permanecido hasta la actualidad. Asumió la dirección de la misma sin abandonar su instrumento para ello. Continúa el estilo y la línea de trabajo que ha distinguido a la agrupación de concierto desde su creación. Ha incrementado el repertorio nacional e internacional y ha  incorporado obras de valiosos jóvenes compositores villaclareños.
La orquesta mantiene sus presentaciones habituales en cuatro espacios fijos mensuales en instituciones y municipios, en la cayería norte, colaboraciones hechas en graduaciones de estudiantes, galas y actos político de suma relevancia. También acompaña eventos destacados de la Provincia como son: A tempo con Caturla, Cubadisco, Ferias del Libro, Fiestas de la Danza, Peña del ICAP La casa como un árbol, Festival Gustavo Rodríguez, Jornadas de Concierto, Conciertos dominicales en la UNEAC, Brigadas y Talleres de Verano, Festival de Invierno, Festival de Teatros del Mejunje, atención cultural a damnificados y veladas culturales; por solo citar algunos. Por todo el trabajo realizado, la agrupación, ha recibido reconocimientos del CPS, la UNEAC, el Teatro La Caridad y El Centro Provincial de la Música.
La Orquesta de Cámara Ruben Urribarres cuenta con músicos de vasta trayectoria artística y pedagógica como el propio director y primer violín Juan Águila, Otoniel Ciscal (primer violín), Tomás Moré (Contrabajo), Pastor Quesada (segundo violín, nacido en Cienfuegos y gracias a este evento tiene la posibilidad de volver a tocar en su ciudad natal). Se les suman: Alejandro Pérez (primer violín), Delaray Iznaga (segundo violín), Claudia Noriega (segundo violín), Maikel Veitía (viola), Jonás Pérez (viola), Yoanet Santos (violoncello), Denmys Enríquez (violoncello), Darian Hurtado (segundo violín). Músicos todos de generaciones más jóvenes, muchos de ellos alumnos de los primeros, unidos por la excelencia.
El mejor legado de un maestro es ver perpetuada su obra desde sus discípulos. Ellos son ahora los encargados de enseñarles a otros el camino que un día nos mostrara Rubén: el amor por la música de concierto y de cámara. El próximo 24 y 25 de marzo cuando se abra por primera vez para ellos el telón del Tomás Terry vamos a escuchar a los discípulos de un gran director y pedagogo, perpetuar su legado y su esencia.


Fuentes consultadas

Hernández Ramírez, Giselda. Diccionario de la música villaclareña, Editorial Capiro, Santa Clara, 2004.

Pino Borges,  María Magdalena (representante de la orquesta). Notas para relaciones públicas.

 

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