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Página de Inicio Autopista sur Obra Literaria de Sandra M. Busto Marín Conversación con Amaury Pérez Vidal

Conversación con Amaury Pérez Vidal

Por Sandra M. Busto

 

Me siento a escribir mi próxima colaboración mientras escucho un disco nuevo que traje hace poco de La Habana. Delante de la página aún en blanco y entre las canciones, todas con excelentes arreglos, textos inteligentes y voces realmente para agradecer, comienzan a fluir recuerdos. Él no es un músico cienfueguero, como acostumbro en mi trabajo, sin embargo: ¿por qué no escribir también sobre este creador, que ha dejado una huella importante en nuestra cultura y nos ha aproximado a la filosofía de vidas de tantos otros?; ¿cuánto se conoce de su maravilloso mundo creativo y espiritual?

 

Es un artista cubano que tiene mucho que aportar desde sus vivencias. Un hombre con ingenio y sensibilidad indiscutibles, grande en tamaño y talento. Difícil el desafío de escribir sobre él, por esa suerte de respeto que le profeso. Sin embargo, un ser humano que desborda cubanía y que ha tenido una trayectoria dentro de nuestra música que merece ser conocida por todos. A mi entender, poco estudiado desde la musicología y aún no reconocido todos sus aportes a nuestra cultura; que van desde su obra como compositor, intérprete, escritor y guionista, director y conductor de espectáculos, programas de radio y televisión, tal vez su faceta más mediatizada en los últimos años.

Hoy departo con ustedes algunos fragmentos de un día en el que llegué a su puerta y fluyó una conversación muy acogedora y llena de anécdotas.

Guie las primeras preguntas hacia sus inicios cómo trovador…

 

Amaury: En los comienzos de mi vida dentro de la trova, recuerdo que nos reuníamos muchas veces en casa de mi mamá. Venían Silvio, Sara, Noel, Vicente, muchos de ellos estrenaron sus canciones allí. Noel escribió: «Te perdono», de pronto nos llamó para que oyéramos lo que había acabado de escribir y la cantó. Yo también hice algunas improvisando entre mis amigos.

En esa época era tan sencillo todo, la gente se conocía tan fácilmente. Llegaban, tocaban a la puerta, se presentaban y se unían al grupo. Consuelito (1), mi mamá, salía en su bata de casa y chancletas y nos brindaba café; una artista tan conocida en la Televisión Cubana, de pronto venía como cualquier madre en cualquier casa y nos pedía que bajáramos la voz porque estaba haciendo algo o estudiándose un libreto y necesitaba concentrarse y no la dejábamos.

En aquel momento era aficionado, tenía un trabajo oficial por el que debía cumplir y cantaba, se puede decir, en mis ratos libres. Trabajaba como utilero y asistente de sonido del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (2) y (3), al que pertenecían Silvio, Pablo, Noel, Sara y muchos otros músicos queridos. Canté con ellos en la última etapa, pero no me puedo considerar parte del grupo, musicalmente hablando. En esa época tenía mucho trabajo, de ocho de la mañana a cinco de la tarde, además hacía el noticiero ICAIC y algunas películas en la que me llamaban como microfonista. Yo no pude dedicarme por entero a hacer mis canciones hasta el año 1975 aproximadamente, en que me contrataron oficialmente.

A partir de que en el 1976 grabo mi primer disco, empezó a rodearme —y tengo que admitir que a mí me encantó en aquel momento— una aureola de popularidad espontánea grande. Me envanecí como hacen los jóvenes, pensé que había llegado. Tengo que decirlo, no es mentira. Comencé a viajar con el grupo del ICAIC y conocí España, Polonia, Austria y Bulgaria. Después me gané un premio en Dresde, en el año 1976. Luego grabé el disco de Martí que se hizo popular en la radio. Empecé a presentarme en conciertos, mi imagen no era ya la de un trovador con una guitarra, parecía más un rockero o un artista pop.

Eso fue poco a poco enfriando mis relaciones con los trovadores. Me trajo problemas con algunos compañeros de la Nueva Trova, donde se hablaba de mí como si yo llevara una vida perniciosa. A causa de esto me fui alejando hasta que en el año 1979 no tenía nada que ver con ellos. En ese momento iba a cantar a los teatros con grupos de músicos que me acompañaban y todas las cosas que trae la popularidad, con esa cohorte entre los que están los vestuaristas, maquillistas y otros que se van pegando. Y uno vive todo ese momento que ahora parece absurdo y hasta me río; pero lo disfruté entonces mientras duró. Yo seguía haciendo las mismas canciones, la esencia nunca cambió, lo que era la locura de la popularidad. Tengo una etapa de mi vida que empezó en el 1979 y debe haber terminado en el 1987, donde me mantuve alejado.

Sandra: Es que Usted tomó otro camino y optó por una sonoridad auténtica, no se parecía a otro artista de su momento y eso también en la música tiene su costo a veces. Usted tenía su propia manera de hacer y eso es muy válido.

Amaury: En aquellos momentos era muy riesgoso. Recibí muchos ataques en la prensa, sobre todo cada vez que me presentaba. Yo nunca lo tomé como un asunto personal, que si algunos llegaron a no dirigirme la palabra por años fuera por un sentimiento de odio. Se creó una mitología con relación a todo aquello. Sencillamente la Nueva Trova de esos años era fundamentalista, era de un extremismo artístico y ético. Claro, un artista que se vestía de rojo, que se ponía un arete —creo que fui el primero en salir con un arete aquí en la televisión—, que tenía el pelo largo, hacía diseños de luces, ponía globos, tiraba serpentinas  de los balcones en los conciertos, era ir al extremo opuesto de lo que se hacía en la trova. Sin embargo, mi esencia era de trovador, como: «Vuela pena», «Acuérdate de abril», «Hacerte venir», «Amor difícil», «Encuentro», yo cantaba esas canciones, pero dentro de otro marco.

Sandra: Es que Usted se adelantó en ese momento. Ahora nadie ve nada extraño en montar una tarima con luces y todo un espectáculo que acompañe un concierto.

Amaury: A mí siempre me interesó y los artistas que me gustaban lo hacían, como es el caso de Joan Manuel Serrat y Alberto Cortés, que presentaban un espectáculo impecable.

Sandra: Es interesante comprender las influencias cuando se quiere estudiar la obra de un creador, porque todas ellas van conformando el arsenal espiritual, sonoro y vivencial del cual luego emana la propia creación del artista. Siento en Usted ese cuidado por un texto con vuelo poético y una armonía más contemporánea que me evoca a Serrat. A Silvio lo asemeja la intrepidez y ese toque de identidad, perspicacia y cubanía que se mantiene como una constante.

Amauri: En los trovadores de esos años hay dos influencias muy marcadas, primero Silvio y luego Serrat. Recuerdo que escuché cantar a Silvio en la televisión. Fue cuando empecé a escribir canciones tratando de parecerme a él. Me sentaba a tocar la guitarra en las Escuelas al Campo, ponía un pie encima de otro como Silvio hacía.

Cuando llegó Joan Manuel Serrat, nos influenció sin dudas a un grupo de nosotros. Fíjate que no te hablo de cuando lo escuchábamos por el radio, sino cuando pudimos verlo tocar sus canciones en vivo. Ahí empezamos a buscar los acordes que se oían en los discos de Serrat.  En mi primer disco, me dijeron que querían a un Serrat Cubano y Mike Porcel tuvo que ponerse a escuchar los arreglos de Ricardo Miralles (4). Las canciones no se parecían, pero en los arreglos utilizamos acordes que hicieran que el acompañamiento se acercara a la sonoridad de Serrat. Luego fue pasando esa influencia del principio, uno tiene que cambiar. En un momento es cierto que estuve muy marcado por su obra, que nos aportó mucho.

Si me preguntas sobre mis influencias musicales tendría que añadir la canción norteamericana de los años 60 y los 70: James Taylor, Joni Mitchell, The Mamas and the Papas, Los Beatles, y de Hispanoamérica, Alberto Cortés.

Otra de las influencias de la trova de aquella época fue la música latinoamericana. Leo Brouwer trae al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, la música del Brasil nuevo; porque claro, todos nosotros sabíamos quién era Antonio Carlos Jobim, Vinicius de Moraes, los grandes de todas las épocas. Cuando Leo se apareció con los discos de Chico Buarque, Edu Lobo, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Milton Nascimento y aquellas cantantes increíbles como María Bethania, Gal Costa, Elis Regina. A todos nos gustó la sonoridad y quisimos experimentar un poco con aquello. Tengo fotos de un concierto en el que a última hora no vino el percusionista y yo mismo tuve que tocar el triángulo. Se llamó Cuba-Brasil y se hizo en la Cinemateca de Cuba. La primera parte eran canciones brasileñas cantadas por Silvio, Pablo, Sara, Noel y la segunda parte eran canciones del Grupo. Fue un concierto precioso.

Todos asimilamos muy bien las influencias que han venido, incluso de la música mexicana, la andina, sobre todo los ritmos. Después comenzamos a conocer a los cantautores e intérpretes de América Latina; el mismo Víctor Jara, cuando vino aquí a la Casa de las Américas, Mercedes Sosa, Violeta Parra, sus hijos Isabel y Ángel. La relación con la Casa de las Américas nos abrió un camino extraordinario, donde absorbimos lo que nos parecía interesante y que podíamos mezclar con nuestros propios ritmos.

Una cosa es el folclor de cada país y otra es la interacción entre las culturas. Un buen ejemplo es: «Los caminos», de Pablo Milanés; él montó esta canción con el grupo, pero respetando el formato de rumba. A todos nos gustó. Sin embargo, si Pablo hubiera querido hacer un disco solo de rumba, tendría que haber tocado con Yoruba Andabo, los Muñequitos de Matanzas u otra agrupación especializada en la rumba como tal.

Todos los seres humanos tienen un grupo de ideas y lo que se hace es buscar la confrontación con otras personas que te reten, para no repetirte. Que aporten a tus ideas otra visión, y junto a las tuya se van multiplicando. Me gusta trabajar con gente joven y con músicos que sepan el concepto; porque no es solo que toquen bien, sino que sepan por dónde va cada tema, que tengan cultura, que le puedas decir: «Ese ritmo no me gusta, conoces tal canción de x autor, tal vez en la introducción podemos hacer algo similar», e inmediatamente entiendan.

Sandra: Amaury, le agradezco mucho el haber aceptado que yo viniera a conversar con Usted. Para poder comprender todos estos procesos en los que ha transitado, como creador, me es muy necesaria la interacción. Se aprende mucho más que de cualquier otra manera.

Amaury: Lo pensé así, pude haberte dicho que me mandaras las preguntas por correo, pero sabía que iba a ser muy rígido. Hay una cosa coloquial que se pierde en la entrevista que se escribe. Puede que tenga todos los signos de puntuación muy bien puestos, las comas, los puntos y los acentos en el lugar exacto donde van; pero se siente la diferencia entre la entrevista que se escribe y la que se ofrece. Aquí tienes además el timbre sonando, el perro ladrando, a mi esposa despidiéndose que acaba de salir, el café y el entorno que me acompaña.

Aquella tarde rescaté el testimonio que hoy les cuento, que fluyó con la espontaneidad de quien es sin dudas un gran comunicador. Estas cuartillas no pueden relatar toda su obra, que es muchísimo más abarcadora, pero sí es un pequeño homenaje a quien ha dedicado su talento a la cultura de nuestro País.

Gracias, Amaury, eternamente.

Entrevista realizada por la autora a Amaury Pérez Vidal, La Habana, 2014

Notas

(1).- Consuelo Vidal Regal (La Habana, Cuba, 4 de diciembre de 1930-7 de octubre de 2004). Una artista muy querida que se destacó en la televisión y el cine. Por su talento, carisma, cultura y espontaneidad, se ganó el corazón y la simpatía de varias generaciones de cubanos que la recuerdan como imprescindible e inolvidable. Desde su sonrisa se reflejaba el alma y la grandeza de una de las más autóctonas, respetadas y populares mujeres cubanas.

(2).- El grupo de Experimentación sonora del ICAIC se funda en el año 1969 por Alfredo Guevara. Estuvo dirigido por Leo Brouwer.

(3).- ICAIC: Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica.

(3).- Pianista y arreglista de Joan Manuel Serrat.

 

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