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Página de Inicio Autopista sur Obra Literaria de Sandra Margarita Busto Marín Músico: ¿se nace o se hace?

Músico: ¿se nace o se hace?

Por Sandra M. Busto


Es muy interesante acercarse a los músicos y escuchar sus historias de vida. Se encuentran diferentes caminos, estilos, maneras de pensar y de concebir el arte.

Desde cada perspectiva se aprende, se descubren miradas totalmente diversificadas y todas a su vez unificadas en siete sonidos musicales. ¿Dónde nacen las diferencias?, ¿Dónde se crean los estilos?, ¿Por qué existen tantos tipos de música y tantos artistas todos con sellos propios y diferentes? ¿Se nace ya predeterminado para ser músico o se logra mediante la instrucción? Estas son algunas de las interrogantes que aparecieron desde que comencé a analizar y a intentar descubrir qué ocurre en el interior de un músico. Si ustedes también se han hecho estas interrogantes, los invito entonces a reflexionar sobre algunos de estos temas que explican cuáles son los factores que predeterminan o ayudan a la formación y desarrollo de un músico.

 

Algunas opiniones refieren que ya se nace con la predisposición para la música. En cierta medida esto es cierto, por lo que habría que mencionar en primer lugar a los factores biológicos. Ellos son esas características que le facilitan en gran medida a un individuo el aprendizaje de la música. Uno de los estudios más completos al respeto y que ha respondido muchas de mis preguntas es la Teoría de las Inteligencias Múltiples, la cual expone que el cerebro humano está compuesto por diferentes zonas y que el desarrollo de ellas puede ser independiente; lo que determina que un individuo pueda estar mejor dotado para un campo del aprendizaje. No quiere decir que mediante el estímulo correcto, no se pueda desarrollar otra área dentro del cerebro. En el caso de los músicos, se aprecia un desarrollo dentro del área que abarca la Inteligencia Musical, la lingüística y en muchos casos la Interpersonal.

Dentro de los factores biológicos están además las condiciones físicas que facilitan la interpretación de los diferentes instrumentos. El ejemplo más claro es la voz. De nada sirve nacer con una afinación absoluta y un sentido del ritmo perfecto, si las condiciones vocales como el timbre y el color no le permiten ser cantantes, o al menos líricos; aunque bien pudiera dedicarse a otro tipo de música a la que su voz le permita adaptarse. Sucede lo mismo para el piano y la guitarra, para los cuales se necesitan dedos largos y finos, con una extensión amplia. Para los diferentes instrumentos aerófonos, también se precisa de labios con determinadas características que facilitan alcanzar la maestría del instrumento. En el caso de los percusionistas es elemental la buena coordinación y relajación, aunque esta es una constante para todos. Por eso la importancia de seleccionar el instrumento más adecuado para continuar con él toda una vida y el género por el cual encausar la carrera artística. Esto no quiere decir que sea imposible para quienes no tienen esas ventajas poder interpretar un determinado instrumento, o hacer un determinado género; pero les llevará más sacrificio, tiempo y tal vez no llegue a los parámetros de excelencia requeridos, a los que sí podría llegar estudiando sus posibilidades y encausándolas de la manera idónea para cada artista.

Sin embargo, sobran ejemplos de músicos que aun teniendo limitantes en cuanto a los estándares físicos han podido alcanzar la maestría en la interpretación. Y es que uno de los aspectos más importantes en la carrera de un artista es la voluntad. No basta con nacer con todas las condiciones que se necesitan si no hay un compromiso ante el estudio y la preparación. Bien sabido es el sacrificio, las interminables horas de estudio y búsqueda de la excelencia, del sonido perfecto, de la nota exacta, la intensidad, la precisión, la interpretación. Si no tiene la voluntad no llegará a esos logros.

Creo que la mejor amiga de la voluntad es la motivación, el vehículo impulsor que dará un sentido a tanto sacrificio. Solo si el individuo se siente motivado, podrá vencer tanto tiempo dedicado al estudio. Esta es una constante para todo en la vida, no incluye solo a la música. Quienes comienzan a estudiar dentro del sistema especializado de la enseñanza artística, lo hacen siendo niños. Por eso se les debe estimular adecuadamente para que encuentren ameno el proceso de aprendizaje y no sea el enemigo que les hace ver desde el cristal a los otros jugar en el parque. El compromiso que adquiere un artista con su estudio y trabajo le hace crecer y madurar desde muy joven y va a determinar el futuro de su carrera profesional.

Cuando un ser humano ha comenzado por el camino del arte, entra en escena el dominio y desarrollo de todas sus potencialidades, sus mejores aliados para  comenzar a ascender dentro de su nueva tarea. Uno de los aspectos más necesarios dentro del proceso creativo es la concentración. Junto a ella se va haciendo cada vez más aguda la percepción, cómo el ámbito dónde se genera el conocimiento. Pero este conocimiento no llega solo de lo que ese ser humano puede hacer por sí mismo, sino que va a necesitar la interacción. En este momento entra a jugar su papel el vínculo social, mediante el cual el músico alcanzará su preparación personal y profesional.

La cultura se adquiere en sociedad y según se desarrolla la capacidad intelectual, cognitiva, apreciativa de un intérprete, esto va a incidir definitoriamente en su desarrollo interpretativo. El músico debe conocer, valorar, explorar, escuchar, leer, interactuar y ampliar cada vez más su arsenal vivencial. La interpretación de un músico que adquiere la excelencia no deviene solo de la práctica mecánica, sino que toma origen primeramente en la esfera emocional, cuando se convierte en vehículo de afectos, emociones, intereses, deseos y necesidades del artista. Al unir lo cognitivo, es decir: el dominio de la técnica; junto a lo afectivo, lo hace desde sus propias vivencias. A la vez que se van creando otras dentro de una continua movilidad, que deviene de la búsqueda, de la necesidad de renovación y de nutrirse de todo aquello que culturalmente pueda enriquecer sus experiencias.

Toda persona nace dentro de una cultura determinada que define su percepción primaria del mundo. Luego la aprehende socialmente a través del entorno en el que se desarrolla. De ahí el surgimiento de diferentes maneras de hacer el arte, entiéndase por estilos, géneros, ritmos, entre tantas formas de traducir en mensajes sonoros el mundo interior de los individuos. Sin embargo, el artista es responsable de su cultura, de su arsenal como intérprete y ser humano, del cual  podrá luego abastecer y enriquecer su obra. Cualquiera puede por sí solo reproducir sonidos, ritmos, formas y crear. Sin embargo, la búsqueda, el compromiso, la preparación y la disciplina determinan y marcan las diferencias.

En este momento es dónde aparece con más jerarquía la figura del maestro, o de personas que van a ser influyentes dentro de su formación. A través de esos paradigmas, van a estimularse los procesos y van a servir de guía para alcanzar objetivos cada vez más altos. Algunos tienen la suerte de poder interactuar desde edades tempranas con un vasto mundo cultural que estimule su intelecto, otros lo van a ir buscando y provocando. Es en ese intercambio sociocultural dónde se van dando los primeros pasos, dónde aparecen las metas, se aprecian los logros y surgen a su vez nuevos objetivos que estimulan cada vez más el proceso de aprendizaje y de creación. Todo aquello que le llega al músico como información sonora, va a ser reelaborado y formará parte de su posterior material disponible para trabajar, recrear o crear.

Se dice que los intérpretes somos también co-creadores, porque al interpretar estamos trasmitiendo el mensaje que develamos que una obra. Ninguno lo hace exactamente igual, como tampoco un mismo músico toca fielmente dos veces una misma obra. Depende de la sensibilidad, tan necesaria para un músico, esa posibilidad de sentir, de ver, de crear otras realidades, de apreciarlas y luego trasmitirlas como mensajes sonoros. No todo artista logra conmover, dejar su huella. Existe en muchos músicos esa incansable búsqueda por lo auténtico, de encontrar la esencia, lo que le hace ser diferente. Pero necesita tener conocimientos de sí mismo, de quien es, qué quiere, cual es el mensaje que desea trasmitir y cómo lograr hacerlo.

La meta final de todo artista es la autorrealización a través del acto de creación y comunión con el hecho artístico. El músico que ha alcanzado llegar en su interpretación o creación al cumplimiento de sus objetivos, conoce ese estado de paz y autoliberación que lleva implícita la creación en sí. Pocas veces dura mucho tiempo, porque en esa suerte de movimiento eterno, enseguida surgirán otras metas, otros deseos, otra idea a completar y continuará regalándole al mundo aquello que nazca del fruto de su sacrificio, de su talento y de su trabajo. Solo así podrá ir llenado el espacio que le toca socialmente como parte de un engranaje, como dador de momentos que se le agradecen.

Todo músico ha pasado horas de sacrificio, de estudio interminable, de toma de decisiones difíciles. Pero en las fechas importantes va a estar allí, regalando un momento para que las personas puedan disfrutar de ese misterio que nos abre otro espacio en el que podemos ser felices a través de la música. No importa el día, no importa el clima, no importan credos o preferencias. La música puede unir todas las diferencias en un espacio de comunión, de paz y de felicidad.

 

 

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