Me acaricias lentamente

Por Maritza Vega Ortiz

Me acaricias lentamente
para este goce infinito
—la gloria de lo maldito,
lo victorioso inclemente—.

Waldo González López

Luna de miel estival
hicimos de aquel invierno;
—diciembre nacía eterno—
entre luz, llama y panal.
No hizo falta un tribunal:
tus caderas legalmente
saciaron mi fuego urgente,
y hoy al recuerdo me asomo
para ver, y sentir cómo
me acaricias lentamente.

Tanto he visto en mis pestañas
la madrugada prenderse:
sensual, nostálgica, hacerse
cómplice de mis hazañas.
A ojos de impaciencia bañas
mi lujuria con un grito
y compartir me permito
contigo un cielo de amor:
entre jardinero y flor
para este goce infinito.

Emisario de crueldad.
Sorpresivo. Inconveniente.
Límite de la pendiente,
y dueño de mi orfandad.
Asfixiada en tu maldad
fuiste un regalo bendito.
Cruel escultor, erudito
que apetece mi figura
con placer, con amargura
—la gloria de lo maldito.

Los años han transcurrido
como transcurre la vida.
Exhausta en ida y venida
se completa el recorrido.
Yo me quedé, no me ido,
no me pasa por la mente,
solo soy fiel y vehemente
en verano y primavera,
silencio, placer, espera
lo victorioso inclemente—.