Príncipe de celda

Por Juan Andreu Monteagudo

Cuando yo era príncipe/ andaba en mis carruajes por la duna
y solía pasar con mis súbditos;
portaba mi corona, sombría las noches
intimas de alcobas con Nubia entonces.
Después del destierro vagué
por todos los hoyos del firmamento,
entre tantos desatinos
buscaba el tiempo de mis padres
para ser rey como ellos,
mas la alcoba agonizó
con mis placeres mundanos;
sucumbió la ternura de mis besos, mis palabras...
mis senderos desiertos se nublaron
y también perecieron bajo el polvo angosto
sin dejar la huella de mis pasos.
Anduve errante cuando ya no era soberano,
caminé sobre el pasto que
desecharon los becerros
y dormí al calor de sus pelajes.
Marchité tantas horas de reinado que a veces pienso no volar a ser príncipe
el día que recupere completamente el juicio.