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Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Por Andrés García y Agustín Suárez

Primera parte

Ha tenido extraordinaria influencia en lo cubano, el pueblo canario que emigró desde hace 500 años de su archipiélago hacia el otro extremo del Atlántico, el mismo océano que abraza

también a Cuba, para traernos su cultura, su laboriosidad, sus sentimientos, virtudes y defectos que, en simbiosis con los nuestros forjaron un pueblo nuevo e igual, distinto y semejante, imbricación mágica, realidad maravillosa de esta América barroca que ha descrito uno de los máximos escritores de la lengua castellana, Alejo Carpentier, con una obra de importancia capital.

 

Siguiendo su cuerpo de ideas en relación con Hispanoamérica, convertido después en plataforma ideológica, acerca de la realidad natural, social política, cultural e histórica, presentamos este trabajo que aspira, como objetivo principal, probar con ejemplos generales y con otros particulares de la región de Cienfuegos, en el centro sur de la Isla de Cuba, lo que el título proclama; la indudable influencia canaria en la nacionalidad y en la independencia cubanas.

Nos interesaba concretar en un texto breve, un cúmulo disperso de información existente en diversas publicaciones de todas las épocas, que colocadas de conjunto vienen a corroborar el objetivo anterior y lo enriquecen.

Y por último apoyar, por justa y necesaria, la ley española que permitirá revindicar a los caídos por los errores del pasado, y a los que emigraron por problemas económicos y políticos, mediante la justicia en el presente.

Para lo anterior, utilizamos como fuentes un grupo de textos y fondos que se detallan en la Bibliografía, que pueden ser consultadas indistintamente. Toda esa documentación la tratamos metodológicamente, recibiendo su saber, utilizando siempre sus conocimientos y espíritus; en unas ocasiones, citándolos específicamente, o tomando nota de sus datos y cifras, o convirtiéndolos en fuentes de nuevas vivencias creadoras para comparar, comprobar, y arribar a conclusiones.

Se trata de un primer acercamiento a una posible obra mayor, que merece ser emprendida por nosotros mismos u otros seguidores de este estudio monográfico inicial que entregamos para este concurso de Ciencias Sociales “José Viera y Clavijo”.

¿Qué es la historia de América toda, sino la crónica de lo real maravilloso? Así se ha preguntado Alejo Carpentier, aunque resulta más una afirmación. Por ello entiende él lo que existe en una determinada realidad sin que haya tenido que intervenir la mano del artista. Lo real maravilloso difiere por tanto del realismo mágico y del surrealismo.

A buen entendedor: en América se da no sólo en la historia, si no también en la naturaleza, el paisaje y el psiquismo humano. Con ello nos aparecen tres vertientes de lo real maravilloso: la naturaleza, la historia y el comportamiento individual.

Y es precisamente lo que hallamos al analizar lo ocurrido en Cuba, probado en la práctica y comprobado documentalmente, a partir de su encuentro con otras latitudes. Y no nos referimos al “encontronazo” inicial de civilizaciones, sino como constante del espíritu, como se da en todos los tiempos y en todos los lugares, partiendo de que en última instancia lo más maravilloso que existe en toda realidad es el hombre, el ser humano, capaz de producir hechos insólitos, sea que se trate de las mayores iniquidades o de las realizaciones más sublimes.

De estas últimas, del ser americano en su contacto con el ser semejante de otras islas Afortunadas, allende al Atlántico, trataremos aquí.

Precisamos historiar, narrar, aportar datos y fotos –que preferimos trasladar a los Anexos- demostrar, al cabo, que lo insólito que nos es cotidiano es nada mas y nada menos que el barroco americano que, por imbricarse como “luminosa cohabitación” en el “ajiaco” criollo que somos (nos gusta más este término que el de “transculturación”, más técnico) aportó el canario al nacimiento del “criollo” en el que está; a la noción de cubano, en que está; en el mambí está, en el rebelde y en el revolucionario actual, está.

En esa magia cubana vemos con los ojos del cariño y la imaginación a nuestros ancestros canarios en el poema-épico pionero de nuestra literatura nacional; en los iniciales conflictos con la Real Hacienda, colgados en al arboleda del camino veguero de Jesús del Monte; fabricando palabras nuevas y tonadas campesinas que sazonan todavía los guateques campestres. Simbiosis mágica retadora de siglos.

Espacio y tiempo no limitan la devoción a la Aparecida Candelaria del archipiélago ultramarino, porque existe la Candelaria pinareña donde en los últimos días de noviembre de 1896, dos mil míseros soldados españoles brindaban sus cuerpos exánimes a las voraces auras; y en las tradiciones populares actuales de San Fernando de Camarones, Cienfuegos.

Estirpe canaria del padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y del Héroe Nacional José Martí, que luchan a muerte contra el colonialismo al que le oponen la lanza, “como el centurión en el cuadro de Jesús”, pero son luchadores sin odios al pueblo peninsular, víctima también del Estado español culpable de los males de su patria.

Estirpe canaria, no sólo francesa de la colonia Fernandina de Jagua, cuyo fundador Don Luís DeClouet caracteriza a los isleños como “generalmente laboriosos y de buena índole”. Presentes en la Guerra de los Diez Años, y en la que preparó Martí en 1895, “para bien de América y del mundo”.

Sangre joven de la leva de los pobres mezcló sus genes ya mezclados en las bravías tradiciones de siglos, con las novísimas americanas, por la testarudez metropolitana. Sangre que cubre las banderas del Batallón de San Quintín, en la primera contienda. Que aniega los campos de Mal Tiempo, en la Guerra del 95. Pero que “no se ha hecho para el exterminio de los hombres buenos, si no para el triunfo necesario sobre los que se oponen a su dicha…”

Así hemos de comprobarlo en el transcurso del tema, que también quiere ser recuerdo póstumo a la juventud española sacrificada en vano, gran parte de ella contra su voluntad, y homenaje al sufrido pueblo español y el sufrido pueblo cubano, víctimas de la injusta política del colonialismo.

También comprobamos que no hay odios ni rencores, y ahora, ambos pueblos –que son uno por la sangre buena- luchamos juntos, como debe ser, como aliados naturales que quieren ser felices.

Nada hay más real maravilloso.

I

Sumamente convulsa es la historia de España.

Así ha sido desde que íberos y celtas se establecieron en el Levante y en la meseta castellana y dieron lugar a los celtíberos. Luego los fenicios y griegos fundaron colonias, de las que serían desalojados por los cartagineses, potencia marítima mediterránea.

La dominación romana en España tropezó con la dura resistencia de las poblaciones indígenas, como testimonia la heroica defensa de Numancia y las dificultades de las legiones para reducir el baluarte cantábrico.

El poder unificador de Roma sometería a la península Ibérica e impondría su lengua y legislación. Florecerían escritores que honraron las letras latinas y según la tradición, el cristianismo fue predicado por los Apóstoles Santiago y San Pablo, y la Iglesia española adquirió importancia dentro del imperio.

A la caída de éste los pueblos bárbaros se lanzaron a la invasión y llegaron a España en sucesivas oleadas de suevos, vándalos y alanos que saquearon el país y dieron paso más tarde a los visigodos, más civilizados, que se establecieron en la Galia durante tres siglos. Fue entonces que las huestes árabes irrumpieron y se apoderaron de toda la península.

La Reconquista duraría cerca de ocho siglos. Nacerían núcleos cristianos que hicieron nacer reinos y llevaron a cabo la lucha contra el poderío musulmán instalado en el territorio peninsular.

Todo culminó con la entrada triunfal en la plaza de Granada de los Reyes Católicos en 1492, símbolo de la unidad nacional.

El acontecimiento más importante de este reinado fue el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, aquel año de 1492, llevado a cabo con la ayuda de la corona de Castilla, especialmente por la Reina Isabel.

Don Fernando prosiguió la tradicional política de expansión mediterránea y además de atender a la conquista y colonización del Nuevo Mundo recién descubierto, éste primero, y sus sucesores después, tuvieron que combatir al poderoso enemigo turco y a los movimientos de carácter social de los Comuneros, así como las guerras contra Francia y la permanente hostilidad de los ingleses.

Si, sumamente convulsa es la historia de España.

No lo fue menos en la primera mitad del siglo XIX. Se caracterizará por las constantes guerras, la profunda crisis económica y social, el enfrentamiento permanente entre la Iglesia y el liberalismo, y el papel preponderante del ejército en la vida política del país.

Esto repercutió directamente en el escenario histórico cubano.

II

EN 1492 ocurre el descubrimiento de América. El mundo Caribe, Cuba incluída, se hace teatro, particularmente, de la primera simbiosis, del primer encuentro registrado en al historia, entre tres razas que, como tales, no se habían encontrado nunca; la blanca de Europa; la india de América, que es una novedad total; y la africana, que si bien era conocida en Europa, era totalmente desconocida en este lado del Atlántico.

La simbiosis de estas tres razas, por su riqueza y su posibilidad de aportaciones culturales, creó una civilización enteramente original.

El historiador cubano Elías Entralgo lo llama “la luminosa cohabitación”, y explica;

El aborigen llegó por sus propios medios a Cuba.

El hombre blanco europeo no supo originalmente por qué llegó.

Al negro lo trajeron, por fuerza, a lo largo de los siglos.

Las tres sangres se mezclaron.

El día que una india cohabitó con un amo blanco,

El día que una negra cohabitó con un amo blanco,

El día que una blanca cohabitó con un negro esclavo,

El día que una india cohabitó con un negro esclavo…

¡fue luminoso para la humanidad!.

De tal miscegenación saldrían virtudes en lo físico y ascendentes en lo psíquico y moral. La sangre renovada daría el producto genuino de la cubanidad. Por cierto el más nuevo de la historia.

III

Apenas se ha llevado a cabo el Descubrimiento se produce un elemento negativo que será compensado por un elemento positivo, después.

El negativo es la noción de coloniaje.

Hay por la época otros navegantes extraordinarios, como fueron los portugueses, que llegaron antes a los confines de Asia y explotaron “las islas de las especias”. Los marinos ingleses y franceses que llegaron a la India y navegaron a lo largo de las costas de África, ninguno de ellos, jamás, pensaron en crear colonias en el sentido propio de la palabra.

Crearon una especie de “almacenes” de intercambio comercial: iban a buscar mercancías y recibían mercancías a cambio. Negociaban, comerciaban, y aunque podían haber puntos donde hubiera algunos familiares de colonos, que eran los familiares de empleados de este comercio, no había noción, ni intención de colonización.

Pero España sí entra en América con esa noción. El primer colonizador que entra después del Descubrimiento es Don Diego Colón, hijo primogénito del Gran Navegante, que llega con su esposa, Doña María Toledo, que es sobrina del Duque de Alba, y ella funda una pequeña corte renacentista en Santo Domingo. Y esta idea se afianza. Se instala.

Para el trabajo sucio, para el trabajo duro se necesita la mano de obra esclava. Y se traen africanos. Y este será el elemento imprevisto que nos dará la noción positiva. Porque el negro traído del continente africano que llega a América encadenado, amontonado en las bodegas de los buques negreros insalubres, que es vendido como mercancía, que es sometido a la condición más baja del ser humano, será el germen de la idea de la libertad, de la idea de la independencia.

Primero será un negro fugado solo. Luego será un pequeño grupo escapado que se esconderá en los montes, o en las grutas o cuevas. Y creará un palenque. Pero llegará un día que se unirá a un grupo mambí, a combatientes libertarios, y entonces se sumará a la idea y al concepto de descolonización, de independencia total, de emancipación total.

IV

En América, en Cuba, aparece un personaje histórico nuevo, que antes no existía. Es el criollo. Es el hombre, la mujer, nacidos en América. En Cuba. Mestizo de español e indígena. De español y negra. Y de negros y negras “de nación” (africanos). Y serán negros y mulatos, o pardos, nacidos aquí. En América. En Cuba.

Pero habrá más. Habrá lucha de clases. La historia de América toda se desarrollará en función de la lucha de clases. Aquí no habrá como en Europa, en España, guerras dinásticas, de sucesiones al trono; no habrá luchas de familias enemigas, ni lucha de feudos, ni guerras religiosas, pero si habrá lucha de clases. De la clase de los conquistadores contra la clase de los autóctonos sojuzgados y oprimidos; lucha del conquistador contra el colonizador, porque éstos llegaron inmediatamente después de aquellos y trataron de “bajarle los humos”, y de crear ellos una oligarquía, o sea, ejercer la autoridad, y lograron destruir a la clase de los conquistador es que terminaron pobres, asesinados o desterrados. Y el colonizador se volvió la aristocracia, la oligarquía, en lucha contra el criollo que, como dijo Simón Bolívar; “no éramos jamás virreyes ni gobernadores; ni arzobispos ni obispos, o pocas veces; ni diplomáticos ni jefes militares, solo subalternos; nobles sin privilegios reales; ni magistrados ni financistas, y casi ni aun comerciantes”.

Con las guerras por la independencia fue la sublevación de los criollos, de los nativos de América. De Cuba. Contra el español. Y en América, el criollo vencedor crea después una nueva oligarquía contra la que habrá de luchar el esclavo, el desposeído, la naciente clase media, intelectuales, profesionales, maestros… Y el criollo busca su identidad particular y surge la noción del nacionalismo, de nacionalidad, y en ese mundo de criollos nace aquí la noción de cubano (que antes fue indiano, o insulano). Y en cada país americano surgirá la nominación correspondiente. Y los luchadores correspondientes.

El intelectual dominicano Juan Bosch ha explicado en “El Caribe: frontera imperial” (De Colón a Fidel Castro): “El hecho es que todos los países del Caribe son hijos de un mismo acontecimiento histórico y hay que verlos unidos en su origen y en su destino común. La historia del Caribe, es la historia de la lucha de los imperios contra los pueblos de la región para arrebatarles sus tierras; es también la historia de la lucha de los imperios, unos contra otros, para arrebatarse porciones de lo que cada uno había conquistado; y por último, es la historia de los pueblos del Caribe para libertarse de sus amos imperiales”.

V

Muy temprano en el tiempo, la isla “llave del golfo” (de México), por su historia y por su gente, despertó emociones en otros isleños: los canarios, vecinos del archipiélago español del Atlántico que, precisamente en el año del Descubrimiento de Cuba (1492) fueron conquistados para Enrique III de Castilla.

Y vinieron isleños canarios a Cuba en oleadas migratorias, por igual condición de insularidad o por facilidades para emigrar de su archipiélago en crisis, o por afinidades espirituales, pero lo cierto es que durante los siglos XVIII, XIX y XX Islas Canarias ocupó el primer lugar entre los emigrantes de todas las regiones españolas en Cuba. El 83 % de los canarios que salieron de su archipiélago en le siglo XIX escogieron a Cuba como destino de sus vidas. Y si antes se mezclaron las sangres, continuaron mezclándose en delicioso “ajiaco” cultural, las corrientes de pensamiento y creación. Y fue Silvestre de Balboa y Troya de Quesada, nacido en Gran Canaria en 1563 y residente en Cuba, quien compuso en 1608 el poema épico-heroico que tituló “Espejo de Paciencia”, que relata el secuestro del Obispo de Cuba, Fray Juan de las Cabezas Altamirano, por el pirata francés Gilberto Girón.

El poeta, reputado entre precursores del barroco hispano-americano, con finalidad moral, le asigna y exalta virtudes al paciente obispo, a la par que condena los delitos del secuestrador, pero hay mucho más. Se aprecia la apasionada simpatía por la naturaleza insular cubana en al descripción, con verdadera fruición, de la flora y de la fauna autóctonas cubanas, mas que por la narración del hecho histórico en si, y la participación de otros fundadores étnicos –después- de la nacionalidad cubana, y reproduce el ambiente de la vida colonial de aquel momento, que nos servirá para comprender nuestra paulatina evolución de la personalidad nacional e incluso hasta de la conciencia identitaria.

“Espejo de Paciencia” no es, pues, tan solo y con ser mucho, el primer poema de nuestra literatura. Es la narración primera de la actividad conjunta de españoles, criollos, blancos y negros, aborígenes y otros componentes del citado “ajiaco” que somos, “y a mucha honra”, como dirían nuestros abuelos canarios.

Acaban de cumplirse 401 años de esa primera obra de la literatura cubana, cuando aquel bienaventurado canario nos legó para la posteridad ese primer signo de una literatura que andando el tiempo, junto con otras artes y letras, ciencias e ideas, será obra de todos, por el fenómeno de la transculturación. Pero aun más, no estaba si no inaugurando una tradición de mitificación de la Isla, que encontramos en nuestros días, en al literatura y en otros aspectos del devenir patrio.

Si desde los inicios de la colonización española en América hubo un flujo migratorio de familias canarias de origen campesino, este se activó a partir de la Real Cédula firmada en 1686. Y a los aportes culturales anteriormente apuntados, se añade el magnifico en el campo de la agricultura y la producción, en especial tabacalera.

Pero con el recrudecimiento de la explotación en Cuba, por la presencia en el gobierno de España de los Borbones, se introdujo el monopolio estatal del tabaco, estableciéndose su estanco por cuenta de la Real Hacienda. Mediante esta medida el gobierno adquiría a bajos precios, que él mismo fijaba, ciertas cantidades del producto, y era el único autorizado para embarcarlo, y prohibía a los vegueros a vender el sobrante.

Entre los vegueros así expoliados estaban numerosos cultivadores canarios que por su laboriosidad reconocida mantenían excelentes vegas, y estos y los cultivadores criollos, con una solidaridad muy desarrollada para la época, -fines del primer cuarto del siglo XVI- se lanzaron a grandes marchas de protestas que fueron cruelmente repelidas. En uno de aquellos ataques, en 1723, fue muerto un veguero y otros once fueron hechos prisioneros en las cercanías de Santiago de las Vegas. El gobernador español ordenó su ejecución ejemplarizante y los doce cadáveres permanecieron colgados en los árboles del camino de Jesús del Monte, poblado fundado por canarios. Otros ocho fallecieron a consecuencia de las heridas recibidas durante la represión.

Es así como, tempranamente, la sangre generosa une a cultivadores tabacaleros canarios y criollos en un hecho que la historia recoge con el nombre de “sublevación de los vegueros”. Otros productores ganaderos y agricultores de nuestros dos archipiélagos, mantuvieron durante toda la primera mitad del siglo XVIII un activo comercio de contrabando para defenderse de los atropellos de la Real Compañía de Comercio. Pero la inconformidad y el espíritu de lucha se extendía de un extremo a otro de la Mayor de las Antillas.

La tradición del buen tabaco para producir los mundialmente famosos puros cubanos se ha mantenido. Desde 1845, por ejemplo, la familia Robaina, abuelo y padre, que son canarios, se asentaron en los llanos de San Luís, en Pinar del Río, y desde entonces perpetúan el oficio y el apellido, con un producto reconocido mundialmente. Alejandro Robaina es el hijo cubano, descendiente de canarios, “nació veguero” y cuenta que hace casi 80 años aprendió el hábito y el arte de cosechar exclusivas capas para la confección de los habanos cubanos. Hoy él produce anualmente las hojas que cubren unos ocho o diez millones de puros, entre los cien o ciento sesenta millones que Cuba fabrica para exportar a 260 países. Varias publicaciones nacionales y del mundo lo han entrevistado, por su fama de productor y su simpatía personal y “chispa” cubano-canaria que se puede apreciar en esta anécdota. En Suiza fue a una conferencia de prensa con una veintena de periodistas. Uno le preguntó por qué al tabaco toscano no lo pica el bicho y al cubano sí. Como un rayo, Robaina le contestó: “porque el bicho no come mierda”. La respuesta le dio la vuelta al mundo. En España, Robaina ha compartido con el Rey Juan Carlos, y con el cantante Julio Iglesias, con éste apareció en la foto de una portada de revista. También ha compartido con el cantante Sting, quien por demás le pidió su autógrafo, y con el Premio Novel de Literatura, Gabriel García Márquez ha compartido en su casa, en la siempre verde campiña pinareña.

Hacia 1846 el censo cubano de ese año arrojaba la presencia en la Isla de Cuba de 177 466 habitantes cubanos nacidos en España. De éstos 53 825 eran canarios. Y éstos llegaban con sus hábitos de trabajo, sus cantos, sus costumbres sanas y la lengua que unió a nuestros dos pueblos. De ellos aprendimos palabras y expresiones de neto origen canario, que por su uso frecuente ya no se sienten como “préstamos” lingüísticos y son de nuestro uso ordinario común.

Un cubano de hoy en día, no puede sospechar el origen de tales palabras y expresiones, como por ejemplos; medio-hermano, tocayo, ordinario (por poco gentil), pintón (fruta semi-madura), ahuecar el ala (por volar o irse), desempercudir, cachivache, acotejar, tolete ( por torpe), ratón (por cobarde), a la vuelta de la esquina (por cerca), pejiguera, hervor (por hervir), golondrino (quiste en las axilas), recular, gofio; y sobre todo en el campo escuchamos: guindar (por colgar), achujar (por echarle a uno los perros), punta de mái (por maíz), berraco (cerdo sin castrar), muermo (por gripe en personas o enfermedad en animales), engrifarse, fotingo, ajumarse (emborracharse), y otras muchas.

De igual manera los emigrantes canarios ejercieron influencia en la música campesina cubana. El género cantable del ámbito campesino es el llamado punto guajiro, o punto cubano, de marcada raíz hispánica. Y fueron los canarios asentados en nuestra isla quienes crearon este género una vez que asimilaron elementos de la música andaluza y substancias africanas que le dieron su carácter criollo y vida propia, alcanzada hacia el siglo XVII.

El “punto” es la vida del guateque, la fiesta del campo cubano, en que guitarra, tiple, tres, laúd, clave, güiro y guayo le acompañan, mientras los intérpretes sazonan la fiesta en controversias de improvisación, y se dividen en “bandos” con los respectivos colores de sus emblemas. Existen las distinciones o pequeñas diferencias en los diversos lugares en que tienen lugar, más o menos fluidez melódica, más o menos lento el aire de la composición, más o menos rasgueo de los instrumentos, más o menos frecuencia de la seguidilla, la síncopa, más o menos explícitas las rencillas o los requiebros amorosos, más o menos fuertes los encontronazos de los improvisadores, pero en todas las variantes, el origen es la raíz hispánica, preferentemente canaria.

Aunque en toda la isla está presente el punto cubano, en las zonas rurales, en el centro de Cuba se encuentran fundamentalmente en Remedios, Placetas, Zaza el Medio, Cabaiguán, Taguasco, y en muchos otros lugares, en especial en la provincia de Pinar del Río, todos lugares donde se asentó el mayor número de agricultores tabacaleros canarios.

Es en el reino de las Artes que la descendencia canaria presenta frutos exquisitos. ¿Qué resulta sino la excelsa poetisa romántica Luisa Pérez de Zambrana?¿O Ernesto y Ernestina Lecuona, hijos de Don Ernesto Lecuona Ramos, llegado a Cuba desde Santa Cruz de Tenerife, la misma zona de Leonor Pérez Cabrera, madre de José Martí?.

¿No son personalidades extraordinarias en la poética cubana, Jesús Orta Ruiz “El Indio Naborí”; o en la pintura Mariano Rodríguez?.

¿No son personalidades de la música campesina, de fuerte ascendencia canaria; Adolfo Alfonso y Chanito Isidrón?.

¿No es personalidad relevante en la ideología cubana, José Miguel Pérez, canario llegado a Cuba en 1921, electo secretario general del primer Partido Comunista de Cuba, fundado por Mella y Baliño y otros compañeros en 1925?. Deportado a España, José Miguel Pérez fundó también en su tierra natal el Partido Comunista de Canarias, antes de ser fusilado por los fascistas en 1936.

En las filas de nuestro gloriosos mambisado cayeron muchos canarios, simples soldados sufrientes, muchos oficiales, e incluso Comandantes, y Coroneles, que presentamos más adelante en estas páginas.

Entre los fundadores de la Nación cubana está el primero de ellos, Carlos Manuel de Céspedes, el padre de la Patria, de orígenes canarios, y en al continuidad de la misma revolución, la que éste iniciara y defendemos hoy los cubanos, están los jóvenes de la Generación del Centenario de José Martí, que asaltaron el cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, como por ejemplo, Pedro Marrero Aizpurrúa y el médico Mario Muñoz Monroy, descendientes de isleños.

¿No recibieron la semilla de la rebeldía patriótica, también, junto a la sangre canaria de sus ascendientes, José Luís Gómez Wangüemert, caído entre los asaltantes al palacio presidencial el 13 de marzo de 1957; o César Fernández González, abatido en el asalto al cuartel Goicuría de Matanzas, durante la lucha contra la tiranía de Batista? ¿O el combatiente del Movimiento 26 de Julio y comandante del Ejército Rebelde, Faustino Pérez?.

¿No recibieron la semilla del internacionalismo en sus genes canarios, los cubanos caídos en misiones internacionalistas, como los capitanes Manuel Hernández Osorio y Alberto Fernández Montes de Oca, hombres de la guerrilla del Che en Bolivia?.

Si, no puede sorprender que de raíces tales, surjan troncos fuertes y frutos lozanos.

En la zona cienfueguera de San Fernando de Camarones, existe arraigada la tradición popular de celebrar festividad de la Virgen de Candelaria. La Patrona de las Siete islas canarias, en especial, de Tenerife, recibe homenaje en las fiestas patronales que se celebran allí desde el año 1497. En San Fernando de Camarones, Cienfuegos, Cuba, poblado fundado en 1714, por canarios, según consta en los libros del Registro Civil de la localidad, ofrecen este homenaje desde el 1749, todos los días 2 de diciembre. Esta es una de las poblaciones más antiguas de la provincia de Cienfuegos.

El nombre de San Fernando de Camarones, cuenta la tradición, se debe al interés de rendir honor al Rey de España, Fernando, y referirse a la profusión de esos crustáceos en los ríos aledaños.

Fue justamente en el poblado de San Fernando de Camarones donde comenzó el esplendor político, económico y social que caracterizó a esa zona desde los primeros tiempos de la colonia.

Posteriormente, por la influencia económica del comerciante habanero Agustín de Cerice y Xenes; comenzó a desarrollarse en territorios cercanos un poblado que recibió el nombre de Palmira, dado por Cerice, y que se favoreció por la construcción del primer tramo de ferrocarril que desde Cienfuegos llegaría mucho después a la capital provincial, Santa Clara. Hacia febrero de 1842 se oficializó la fundación de este nuevo poblado fundado por Cerice y Xenes, que llegaría a ser, y es la cabecera municipal de ese territorio.

Y en ese territorio se asentaron también agricultores canarios, en la continuación de las migraciones hacia estas tierras rurales sureñas a inicios del siglo XX. Una de estas familias creadas, fue la Suárez Ravelo, originada por el casamiento del canario Juan Miguel Suárez de León Anexos 1 , oriundo de San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria, con la cubana Ramona Celestina Ravelo Cruz, natural de San Fernando de Camarones, (abuelos paternos de uno de los autores de este trabajo). Se casan en el año 1902 y compran la finca “La Unión” en el barrio rural de Ciego Alonso, especializándose en el cultivo de la piña, conjuntamente con otras familias asentadas en dicha zona rural; los Puerto, descendientes de vizcaínos en su finca “San Antonio”; los de Armas en su finca “Asiento Viejo”; los Tapias, etc., entre otras, y este productor canario, sus descendientes y demás familias cubanas, adquirieron fama por la excelente calidad de las piñas “Cuba” y la “Morá” que cultivaban en dichos terrenos con especiales condiciones para su fomento. Por tener producciones altas y la calidad de la piña, lograron insertarse y comercializarla en el mercado nacional por el ferrocarril, desde Palmira, hasta Cienfuegos, Santa Clara y la Habana, hasta principios de la década de los años 60 que comenzó a decaer dicha producción, por disímiles razones. Anexos 1A y 1B.

El asentamiento palmireño sería conocido como “el pueblo de las tres industrias”, refiriéndose a la profusión de piñas, considerada la reina de las frutas, galletas (de la fábrica Villar y Pancha que abastecía también a la región central del país); y raspaduras producidas en los numerosos pequeños trapiches de caña de azúcar existentes en al zona. También el territorio palmireño es conocido por los cultos sincréticos, fusión de cultura y tradiciones de la numerosa población esclava de la época colonial. (Tomado del sitio Web de la Cultura en Palmira, y Cienfuegos en la Historia II, 2006, y otras fuentes testimoniales escuchadas.)

En el territorio más occidental cubano, Pinar del Río, se fundó en 1809 el pueblo de Candelaria, actual municipio de ese nombre que tomó de la Virgen de la Candelaria, patrona de las Islas Afortunadas.

Y hay Danza Isleña en Taguasco, grupo fundado en 1917; y Danza Portadora de las Pozas, en Cabaiguán, desde 1933, entre otras manifestaciones de raíz isleña en la zona central cubana.

Es así que resulta muy interesante valorar la existencia de marcadas diferencias entre aquellos primeros colonizadores de condición aventurera y los que después se asentaron definitivamente en la isla y contribuyeron a forjar nuestro ser nacional. Y precisamente la emigración canaria, por su origen campesino sano y laborioso, su asimilación afectiva al nuevo espacio y circunstancias, deja una impronta que dura hasta hoy, a través de sus descendientes.

De estirpe canaria es nuestro Héroe Nacional, José Martí y Pérez, Apóstol de nuestra Independencia, el hijo de Leonor Pérez Cabrera, nacida en Santa Cruz de Tenerife. Ella llegó desde aquellas Islas Afortunadas, siete hermosas torres en el Atlántico, como tantos otros emigrantes movidos por iguales necesidades y esperanzas, y engendró a quién tanto entregó para la libertad, la soberanía cubana y la intransigente lucha contra el colonialismo.

Y Martí siempre tuvo muy en cuenta la influencia de su madre y sus ascendientes canarios, y enfatizó en su papel en su formación humana. Y dijo: ”¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, y de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”. Expone la Dra. Maria Caridad Pacheco González, en su artículo, ”Canarias en José Marti” que… “Es muy sugerente el hecho de que Martí siempre asociara a su madre con la valentía, la entereza, el clarísimo juicio”. (….) “Mucho se ha especulado de dónde le viene al famoso escritor su interés y conocimiento de las costumbres e historia de Islas Canarias, y no sería osado asegurar que éstos se forjaron en la relación íntima que lo unió a su madre, Doña Leonor Pérez. Esa relación quizás haya inspirado algunos de sus relatos y apuntes. Tal es le caso de “Un juego nuevo y otros viejos”, aparecido en la revista “La Edad de Oro”, que publicó para los niños de América, y en el que escribe y alaba algunas tradiciones isleñas y hace alusión a la enseñanza de la lucha canaria en las escuelas”.

En la Virgen del Camino, en Ciudad de la Habana, hay un monumento a Doña Leonor Pérez Cabrera, en el parque que lleva su nombre, que perpetúa la imagen de la madre del Apóstol.

También escribiría el Maestro: “Una revolución que se hace contra la codicia e incapacidad de España, contra el dominio de las castas y el provecho legítimo de pocos, tenía que contar con la magnifica contribución de los canarios humildes y luchadores, que son la mayoría inmensa de los radicados en Cuba…”.

Durante muchos años las publicaciones identificadas con los intereses de las clases opresoras en islas Canarias, resaltaban los méritos de aquellos que combatían en el ejército español durante la guerra de independencia, y los valores de la nacionalidad eran utilizados para convencer a la sociedad española y la opinión pública internacional de que los independentistas cubanos odiaban a España y a sus hijos, lo que se hacía con el propósito de frenar las ansias libertarias tanto en el archipiélago como entre los emigrados.

La historia recoge la participación de canarios a favor de la metrópoli colonial, es el caso del político, diplomático y periodista Fernando León Castillo (1842-1918), que Martí mencionaba y alababa por su calidad de excelente orador parlamentario, pero asimismo lo criticó por su posición intransigente en relación con el status colonial de Cuba y Puerto Rico.

Esas fuerzas fueron minoritarias, porque en las filas del Ejército Libertador, como veremos más adelante, y en las del Partido Revolucionario Cubano, y en las de los núcleos clandestinos, actuaron miles de canarios. Y es que esta identificación de los canarios con el ideal emancipador cubano, provenía del propio estado de rebeldía del pueblo canario, por su propia situación de penuria económica y política que padecía, y de los obstáculos que les ponía la metrópoli a su realización nacional.

Y no fue, hasta 1983 que pudo materializarse la autonomía del hermano pueblo de las Islas Afortunadas.

Conocemos de las publicaciones e instituciones canarias en la Isla, y particularmente en Cienfuegos, aunque no hemos podido acceder a ellas, y por tanto desconocemos documentalmente sus enfoques, aunque resultan imaginables.

Esos periódicos e instituciones son las siguientes;

.-En 1872 se funda en Cienfuegos “La Asociación de Beneficencia Canaria”, para el año 1891 contaba con 350 miembros.

.-El 16 de mayo de 1891 se publica en Cienfuegos el primer periódico canario “El Eco de Canarias”, su director fue Esteban R. Acosta. Sito en D´Clouet y San Carlos, en los altos de la Tienda La Cienfueguera.

 

 

 

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