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Página de Inicio Pretextos Obra Literaria de Andrés Daniel García Suárez Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Por Andrés García y Agustín Suárez

(Segunda parte)

El 15 de Noviembre 1891 se publicó el periódico canario “La Colonia Canaria”.

El 28 de Enero de 1928 se inaugura “El Liceo Canario”, sito en Paseo del Prado No. 119. En este lugar se celebraría la sesión inaugural del Segundo Congreso Obrero en Cienfuegos.

El 22 de Junio de 1930 se funda el nuevo “Centro Canario de las Villas”, sito en Prado # 204. Relacionada con este centro tenemos una foto que anexamos en este trabajo que nos muestra a un grupo de canarios armados en su Cuartel General de la Revolución durante los convulsos primeros días de septiembre de 1933, cuando se tramaba un golpe de estado contra la naciente Revolución, por los incondicionales del derrocado presidente Gerardo Machado, golpe de estado contra la Junta Revolucionaria que lo derrocó en la Huelga Revolucionaria del 12 de Agosto de ese año. Buscamos información sobre esta participación canaria en los dos periódicos cienfuegueros de la época, “La Correspondencia” y “El Comercio”, y no pudimos localizar que este hecho fuera reflejado en sus tiradas del 6 de septiembre del 1933, o posteriores a esta, fecha que aparece manuscrita en la foto.

Ya en el contexto nacional, la comunidad canaria se organiza por primera vez en “La Asociación de Beneficencia y Protección Agrícola en 1872”, para ofrecer protección a sus miembros.

El 11 de noviembre de 1906, se funda en la capital cubana la Asociación Canaria, con la finalidad de contribuir a la asistencia sanitaria, instrucción, recreo y auxilio de sus socios. Por diversas razones, propias de la desidia en que se vivía en la Isla antes de 1959, fue extinguiéndose, pero ya en 1992 se funda la Asociación Nacional Canaria de Cuba, “Leonor Pérez Cabrera”, heredera de las mejores tradiciones de sus antecesoras y representante de la comunidad canaria de Cuba, y hoy cuenta con decenas de miles de asociados en todo el país, entre nativos y descendientes. Su presidente es Carmelo González Acosta.

El conocimiento de José Martí acerca del archipiélago natal de su madre, le viene al Maestro por haber estado allí durante su camino a Valencia en 1857, cuando el buque en que viajaba hizo breve escala en Tenerife, aunque en la actualidad una investigadora busca indicios sobre una residencia junto a su familia, a sus seis años de edad, en Santa Cruz de Tenerife, aspectos que no hemos podido conocer por el momento.

El Héroe Nacional, José Martí, que tanto luchó contra le coloniaje reaccionario, nos enseñó a querer al pueblo español, reconociendo sus virtudes, ansias de libertad y laboriosidad. Él lo diferencia bien de la monarquía.

Ésta no estaba integrada exclusivamente por el monarca, “sino que la fuerza de la Corona, su vivacidad, radica en su valor representativo. La Monarquía es una “sociedad anónima” cuyos accionistas principales son la Iglesia, el Militarismo, las oligarquías financieras, el Banco de España, la aristocracia, los grandes latifundistas y los elevados dignatarios de la maquinaria del Estado….”. Así lo definió Joaquín Maurín en “Los hombres de la dictadura”, Madrid, 1930, pg.240).

Ese Estado español es el que conoció José Martí durante su permanencia en España durante dos épocas -1871 a 1874- y 1879, en que vivió en ella como exiliado político y el estudio posterior que con motivo de sus empeños revolucionarios hizo de las clases sociales y de las instituciones hispanas. Así descubrió dos Españas, autocrática una; liberal la otra, y ambas en perpetua y enconada lucha.

Martí conoció, porque estudió a fondo a ese Estado español autocrático, ciego y sordo siempre a los clamores de reformas, empeñado únicamente en dominar y explotar a Cuba, su colonia desafortunada.

La otra España que conoció y estudio, antítesis de la anterior, es la España liberal y progresista, que supo ser noble y generosa con los cubanos y darnos la razón frente a la ceguera e intransigencia de sus monarcas, sus gobernantes, su clerigalla, sus políticos y sus militares, y se puso a nuestro lado, y defendió con sacrificios de la vida, el bienestar y la hacienda, la causa de Cuba Libre, porque la creyó humana y justa. Así lo hicieron muchos españoles –y muchos canarios- que para él debían ser y fueron “los buenos españoles”, como los llamó y como los quiso, y de ellos dijo “los españoles buenos son cubanos”. Y distingue: “A los pícaros le pondremos la lanza por delante, como el centurión en el cuadro de Jesús”.

Por eso a Martí, Gabriela Mistral lo llama en feliz expresión: “luchador sin odio”. Y dice: “No se encuentra en ningún trabajo de Martí frase alguna de rencor u hostilidad contra el pueblo español, ni aun contra los españoles de Cuba en general; porque no ve en aquel, sino en el Estado español, el culpable de los males de la patria, y del cual juzga víctima también al propio pueblo de la península”.

“Martí se da cuenta, comprendió perfectamente a la sociedad española, vivió en ella y se hizo hombre, como él mismo dice en versos: Donde rompió su corola la poca flor de mi vida” (en Zaragoza). Allá conoce a intelectuales, artistas, pero también a mucha gente de pueblo, la misma que defendió la Primera República de la que él mismo se sintió parte. Y se da cuenta de que existen “dos Españas”, la de la oligarquía en el poder y la de los españoles útiles: los padres, los amigos, los trabajadores, los del alma liberal. Por eso en el Manifiesto de Montecristi explica que “la guerra no es contra el español, si no contra el que se oponga a la independencia de Cuba….”.

Estas ideas son de Áurea Matilde Fernández Muñiz, prestigiosa historiadora y Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, cuya obra le ha merecido el Premio Nacional de Ciencias Sociales 2008 en Cuba.

Ella llegó en agosto de 1937 a sus ocho años de edad procedente de la ciudad asturiana de Oviedo donde residía la familia, con lo que quedó de ella: su mamá, dos tías y tres hermanos. No eran de aquellos emigrantes que antaño viajaban al “nuevo mundo” con el espejismo mítico de El Dorado. Eran parte de esa España peregrina que, desgarrada por la Guerra Civil se lanzaba al exilio. Atrás quedaba el padre asesinado por ser maestro republicano. La madre cumplía la promesa al esposo de proteger a los hijos. Y Áurea Matilde creció en Cuba y de dedicó, desde 1966 a impartir la enseñanza de la Historia de España en la Universidad de La Habana, y más recientemente en “Universidad para Todos” por la Televisión Cubana.

Le han preguntado: ¿Guarda resentimiento por aquellos hechos de la Guerra Civil española?. Y Áurea ha respondido, acaso por muchos otros españoles –Diría que guardo dolor; eso es distinto. (Datos tomados de una entrevista en Juventud Rebelde, Pág. 13, marzo 22 del 2009.)

Si se le hubiera preguntado a los cubanos al término de la Guerra de Independencia, acaso hubiesen respondido igual. Y es que prima el vínculo histórico entre los dos países, que no se perdió por la gran cantidad de migración española a la isla en las primeras décadas del siglo XX también. Hay muchos lazos de familia. Muchos. Y data de todos los tiempos.

Es tradición cubana anterior, diferenciar gobierno y pueblo. Escritores y periodistas que vinieron a conocer de cerca nuestra guerra, como lo fue el irlandés James J. O´Kelly, que publicó “La tierra del mambí” (Instituto del Libro, La Habana 1968), corresponsal del periódico norteamericano The New York Herald, escribió en su obra citada:

“Arroja mucho crédito sobre la constancia y nobleza de este pueblo (cubano) que cinco años de semejante lucha (escrito en 1873) no lo hayan hecho en realidad tan salvaje y bárbaro como sus perseguidores lo pintan. Es incuestionable, sin embargo, que ha alterado su natural docilidad de carácter y que hombres que en un principio eran inofensivos y bondadosos han adquirido después, una severidad que bajo una gran excitación puede llegar a un estado próximo a la ferocidad. En verdad los cubanos, blancos o negros, serían los seres más despreciables del mundo, si ellos no fueran severos con todo el rigor de la ley, después de las bárbaras injurias de que han sido víctimas. No es bueno que a las naciones se les permita cometer crímenes con impunidad; y el arma que asesina debe ser destruida sin misericordia…..”.

Este periodista, que fuera luchador por la libertad de Irlanda, realizó una entrevista, el 6 de marzo de 1873, que publica en su libro, al presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, en los siguientes términos; “Le pregunté su opinión sobre la república española. Inmediatamente inquirió él si su existencia había sido anunciada oficialmente, a lo que le contesté que el general Morales de los Ríos había comunicado la abdicación de Amadeo y el establecimiento de la república a los cónsules, un día antes de mi partida de Santiago de Cuba, entonces me respondió Céspedes:

”España no es un país republicano, y la aristocracia militar nunca tolerará el establecimiento permanente de una forma de gobierno republicano. El actual gobierno puede durar un poco, pero antes de cuatro meses veréis inaugurada una lucha entre los monárquicos y los republicanos. Imposible es decir cómo la republica afectará a la causa de Cuba, pero si que ninguna influencia ejercerá en los hombres en armas cuanto que ellos no aceptarían proposiciones de España, excepto la independencia….. Muchos de los republicanos más prominentes han defendido el derecho a la libertad; pero hay una gran diferencia entre la teoría y la práctica. Ahora que ellos están, como me aseguráis, en posesión del poder, veremos sus actos”.

-Creo que Castelar se opone al abandono de Cuba.

-Si, Castelar ha falsificado sus principios republicanos. No hace mucho declaró que él era más español que republicano; así que no debemos ocuparnos mucho de él.

-Pero si España aceptase definidamente la forma de gobierno republicano, ¿no estaría Cuba dispuesta a reconciliarse con ella?.

-No le puedo decir los sentimientos de los habitantes de las ciudades, pero sí que los cubanos en armas no aceptarán reconciliación o paz con España a no ser bajo la base de la independencia…..

-¿Qué sería de la población española, en caso de abandono de la Isla por España?.

-“Al presente consideramos a todos los españoles como amigos y los tratamos como tales; pero si se concediera la independencia de Cuba, celebrándose un tratado de paz con España, los españoles que quisieran permanecer en la Isla recibirían la misma protección que los otros ciudadanos. Y como los cubanos son hombres de orden y respetan la ley, tan luego como se les demostrara que por la ley tenían derechos iguales los españoles, éstos podrían vivir en paz y sin temor alguno entre nosotros……”.

Con esa libertad realmente vivieron nuestros abuelos y descendientes en Cuba, tanto, que aquí fundaron sus familias y de ellos hemos recibido ejemplos y virtudes.

Y es significativo que entre los años 1882 a 1908 ingresaron en América 1´455 337 españoles y de éstos, 701 354 vinieron a Cuba, y así resulta Cuba el país que más inmigración española recibió en esos años.

Pero aún más significativo es que dentro del período de la Guerra de Independencia (1895-1898), fuera en los años 1895 que llegaron 76 780 españoles a Cuba, y en 1896 lo hicieran 90 527. Específicamente, entre 1885 y 1895, llegaron 21 296 canarios. Eso es haber tenido confianza en el destino que estaban abriéndose al otro extremo del Atlántico, que abraza a nuestros dos archipiélagos. (Datos del Libro de Jesús Guanche. “España en la savia de Cuba”, 1999).

VI

CUBA FUE la ultima colonia de España en América Latina. Cuando en los albores del siglo XIX la inmensa mayoría de los pueblos de habla española iniciaron el camino de la emancipación del yugo colonial en al coyuntura propicia que ofreció la invasión napoleónica a España, Cuba era un país de plantaciones tropicales explotadas con mano de obra esclava. La sociedad de entonces era típicamente esclavista. A despecho de acuerdos internacionales de la época, el número de esclavos aumentaba por año, a la par crecían las riquezas materiales y la prosperidad de las clases dominantes. Los españoles en Cuba dominaban el comercio y la administración; los cubanos ricos eran los dueños de las plantaciones. Esta clase social, aunque interesada en superar las trabas coloniales que estorbaban el desarrollo de la economía y su acceso al poder político, no podía prescindir de la fuerza militar de la metrópoli para mantener sumisión de los esclavos: temía la repetición en Cuba de la heroica historia de Haití y supeditaba, sin vacilación, la cuestión de la independencia nacional a sus intereses de clase esclavista. Los hombres y mujeres sometidos a esta terrible forma de explotación, ascendía hacia 1841, a mas de 400 000 en una población de poco de más de un millón de habitantes. A pesar de que la monarquía hispana consideraba a nuestra tierra como “la siempre fiel isla de Cuba”, aquellos intereses de clase engendraron también en un sector de cubanos ricos, una corriente anexionista a Estados Unidos, apoyada por los estados esclavistas del sur de ese país.

Frente a las aspiraciones mezquinas y antipatrióticas de las clases explotadoras, los explotados, es decir, los esclavos, ofrecieron incontables ejemplos de lucha social y revolucionaria, con numerosas sublevaciones reprimidas de la manera más brutal.

Convencidos los propios terratenientes cubanos de que el sistema esclavista tenía que ser reemplazado por formas más modernas de producción agrícola e industrial, surgieron con fuerza las demandas de reforma al sistema de colonial español, convertido ya en insoslayable traba al desarrollo ulterior del país, las que al ser brutalmente denegadas impusieron a Cuba el camino de las armas.

VII

Mientras, en España, hacia 1860 sostuvieron en Marruecos la cruenta campaña de África, escenario de combates célebres para la historia militar hispana. Un año después, en 1861, España se anexó Santo Domingo, enfrascándose en una guerra que duraría hasta 1865. Fue una experiencia combativa que revistió gran importancia para el ejército colonial, sobre todo si tenemos en cuenta que buena parte de las tropas participantes pertenecían al ejército regular de Cuba.

En el teatro de operaciones militares dominicano, un número considerable de jefes y ofíciales españoles se foguearon en condiciones muy similares por la geografía y tipo de guerra, a las que encontrarían tres años después en la guerra en la Isla de Cuba.

En septiembre de 1868, apenas un mes antes de comenzar el levantamiento armado de Carlos Manuel de Céspedes en Cuba, un grupo de generales, encabezados por Juan Prim, uno de los principales representantes del pensamiento liberal español, destronaron a la reina Isabel II, de escandalosa vida privada y errónea política exterior. Fue un movimiento militar liberal conocido como Revolución Septembrista. Un año después, Prim negociaba con representantes de Estados Unidos la posible venta de la Isla, con lo que ganó animadversión de los revolucionarios cubanos y de los españoles recalcitrantes residentes aquí. Prim fue asesinado en 1871 y al año siguiente comenzó la tercera guerra carlista, las Cortes se reunieron y votaron a favor de la República, que no logró consolidarse y para 1874 había un nuevo gobierno militar dirigido por el general Serrano, pero el 24 de diciembre de ese año, el general Arsenio Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II.

En medio de esa complicada coyuntura política en España, la Guerra de los Diez Años se desarrollaba con toda su plenitud en Cuba, y precisamente a las luchas intestinas hispanas obedecen los nombramientos erráticos de gobernadores y jefes militares en al Isla, que respondían indistintamente a una u otra corriente política o grupo de poder, lo cual afectó la solidez del mando militar español aquí durante al guerra, y no podía enviar a Cuba los tan reclamados refuerzos solicitados por los capitanes generales. El fin de la guerra carlista influyó a favor de España en el destino final de los acontecimientos en la Mayor de las Antillas.

VIII
La organización del Ejército Español en Cuba, está marcada por una significativa evolución del arte militar europeo como consecuencia de las experiencias de

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