Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Por Andrés García

(Tercera parte)

XII

Años después hacia principios de 1898, también estaba perdida la guerra para España que ya había entregado “el último hombre y la última peseta” en la isla inconquistable…

Las cifras, los números, aunque dicen mucho, son fríos…

1895 1898

200 000 soldados españoles 53 000

Las palabras explican más, son más elocuentes: Ramón y Cajal, quien había servido en Cuba como médico militar voluntario durante al Guerra de los Diez Años, dijo: “Todos los que hemos estado en Cuba sabemos que el clima mortífero de Las Antillas en triste complicidad con nuestra pésima administración, es decir, con el hambre, el atraso de las pagas, el desbarajuste…, habrían de reducir aquel contingente de 200 mil soldados, al año, a 100 mil; y a los dos años, a unos 50 mil…”

Otros autores son más explícitos aún.

¿Qué había sido de los miles y miles de soldados que faltan es esa cifra inicial?

“La inmensa mayoría enterrada en la manigua: otra gran parte sepultada en los hospitales; otra repatriada y muriendo por esos mares, por esos caminos, por esos pueblos de Dios… Es horrible, cerca de 150 mil hombres, casi todos juventud española, perdida oscura y tristemente.

“No sabemos si fueron muertos, desaparecidos o ignorados, porque entre ellos están los que regresaron a la Península, entre los cuales ¿cuántos llegaron a sus casas?, ¿cuántos vencieron a la anemia o a la tuberculosis con que los devolvió la Isla?

“La opinión pública en España se impresionó, y con razón, por la muerte en la travesía de soldados enfermos; soldados que tuvieron por tumba el mar. Nadie les rezó una oración; ningún signo, ningún rastro quedará para señalar su paso por el triste sendero de su infortunada vida. Sus madres no tendrán el consuelo de que una urna se alce sobre su sepulcro en suelo de Cuba, suelo de la patria, al fin. “Qué visión más tremenda, más horrorosa, la de los cadáveres de sus queridos hijos devorados por los tiburones.

“Y esos 200 000 hombres que hemos enviado a Cuba, qué hacen? ¿Qué han hecho? Hay que preguntárselo a los campos y a los hospitales de Cuba, en donde habían perecido hasta la fecha, en dos años y medio de campaña, más de 20 000 hombres. Hay que preguntárselo a esos buques mortuorios en que se habían repatriado 27 o 28 mil hombres en el estado que todos habíamos visto; hay que preguntárselo al mar, sepulcro de tantos infelices que no tuvieron el consuelo de abrazar a sus madres y en su seno exhalar el último suspiro; hay que preguntárselo a los estados de la Inspección de Sanidad Militar de la Isla, que en un solo mes, octubre, registraron 36 000 mil enfermos, y hay que preguntárselo, por fin, al que ha tenido la pena de ver cómo los que embarcaron en la Península: jóvenes robustos, sanos, alegres, con el alma henchida de esperanza, se trocaron en el combate, no con el enemigo, al que ni siquiera vieron, sino con al clima mortal, en ejército de espectros.

“Y ya esa cifra de los 200 mil soldados, la veréis disminuida; veréis como desaparece en más de su mitad, cómo se pierde en el hospital, en el mar, en el campo de batalla…..”. (Emilio Revester Delmás: Cuba española, Reseña Histórica de la Revolución Cubana. Editorial Alberto Martín, Barcelona, 1899, pp. 147-148 y 155-156).

En El ejército español en el desastre de 1898, Rafael Núñez Florencio, Cuaderno de Historia No. 42 Arco/Libros SL.; Madrid, 1997, pp.54-55, dice: “….los refuerzos militares que llegaban a Cuba, sin entrenamiento, sin adaptación, quedaban fuera de combate casi inmediatamente en una proporción superior al 80 %. No los acribillaba el enemigo, sino las enfermedades tropicales. Morían en medio de la manigua, porque en los hospitales a los enfermos les daban de alta antes de tiempo para que fueran a reforzar las filas….”.

Refiriéndose a la situación de sus tropas durante las operaciones en la provincia de Pinar del Río, el historiador español Emilio Reverter Delmas, expuso: “Eran los últimos días de noviembre de 1896. A las 11 de la noche después de haber estado durante todo el día, desde el amanecer, en marcha por lomas y vericuetos por dónde teníamos que abrirnos paso con el machete, y andar cayéndonos aquí y levantándonos allá, entramos al pueblo de Candelaria dos mil soldados………. Es decir, dos mil hombres… Es un sarcasmo llamar soldados, llamar hombres a aquellos míseros, tal era su estado. A las puertas mismas del pueblo habían caído algunos, brindando sus cuerpos exánimes a las voraces y siniestras auras, a los cuervos de Cuba. Y los que tras desesperado esfuerzo, penetraban por fin en las calles de Candelaria, tendíanse en el suelo, en medio de los charcos, sufriendo la lluvia, sin ánimos para colgar la hamaca, resignados a que aquella fuera su última noche…”.

Refiriéndose a la repatriación, El sueño de ultramar (Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Educación y Cultura, Madrid, 1998, pp.97: “….solo entonces comprendió la Metrópoli su derrota, su engaño. Había enviado ejércitos a ultramar y le devolvían espectros. Eran los repatriados. Volvían licenciados en heridas, enfermedades, agotamientos, estupores, incluso en epopeyas. Embarcados en barcos-tumbas los trajeron. Cuando llegaron vivos unos lo eran y otros ni lo parecían. Murieron allí en las barcazas, en las camillas, delante de la gente, en las puertas de la patria…”.

Fue el soldado español la víctima principal de la política del colonialismo, los jóvenes de los sectores más humildes, cuyas familias no podían redimir en metálico las 1500-2000 pesetas para excluirlos del sorteo; eran reclutados, e injustamente enviados a combatir en la Isla.

“La historia demuestra que no menos de la quinta parte de los llamados QUINTOS (llamados así, porque ese era el numero fatídico en el sorteo que los lanzaba a Cuba), fueron enviados a un Viaje sin Regreso a Cuba, por la testarudez de la Metrópoli Española de conservar a nuestra patria como colonia; “Aunque para ello perdieran hasta el último hombre y gastaran hasta la última peseta”. (Viaje sin regreso, Raúl Izquierdo Canosa. Ediciones Verde Olivo, La Habana 2001).

Uno de esos “quintos” fue el soldado Suárez de León (cuyo nombre de pila no ha sido recordado). Había nacido alrededor del año 1879 en San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria, y a sus 16 años reclutado a la fuerza, sin poder liberarse económicamente de su cruel destino. Apenas llegado a Cuba fue enviado a combatir al centro de la Isla. Según la memoria familiar cayó en la batalla de Mal Tiempo, el 15 de diciembre de 1895. No se han hallado pruebas documentales de ello. No aparece inscripta su defunción, como ninguna otra de los caídos en Mal Tiempo, en las parroquias de Las Cruces y San Fernando de Camarones. En este momento estamos gestionando sus generales, en los Archivos Militares españoles del:

· Portal de la Defensa, Ministerio de Defensa de España

· Ministerio del Interior de España

· Archivo Militar General de Segovia España

· Archivo General Militar de Madrid p/ Ultramar

· Archivo General Militar de Guadalajara

· Instituto de Historia y Cultura Militar Madrid, España

· Instituto de Historia y Cultura Naval Madrid, España

Y en los Archivos civiles de,

· Ministerio de Cultura de España

· Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares.

· Registro Civil de San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria

· Sra. María de los Ángeles Plata Medina

La Jefa de Servicio de Asuntos Generales y Asistencia Exterior

Vice-Consejería  de  Emigración y Cooperación de la Presidencia del Gobierno de Canarias

· Sra. Doña María del Pino Torres Melián,

Alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria

· Sra. María Luisa Cava del Llano y Carrío,

Defensora del Pueblo (e.f.), Madrid, España

· Pilar Lázaro de la Escosura

Jefa del Departamento de Referencias del Archivo General de Indias

· Pilar Casado Liso

Jefe de Sala del Archivo Central del Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, España.

· Sr. Don Juan A. Ozmazabal Muñoz

Párroco de la Parroquia de San Bartolomé Gran Canaria Islas Canarias

· Sr. Monseñor

Obispo del OBISPADO DE CANARIAS

· Sr Don. Hipólito Cabrera González

Vicario General del OBISPADO DE CANARIAS

· Sr Don. Severo González Brito

Canciller del OBISPADO DE CANARIAS.

En el año 1899, su hermano, Juan Miguel Suárez de León, del que nos referimos anteriormente, llegó de Canarias a Cuba, cumpliendo la encomienda familiar de hallar a este, para tratar de iniciar, juntos, una nueva vida en este país. Conoció de la infortunada muerte de su hermano y quedó triste y solo, vagando por la zona de Las Cruces. Fue entonces cuando conoció, a sus 30 años de edad, a una joven agraciada de 18 primaveras, Ramona Celestina Ravelo Cruz, que residía en San Fernando de Camarones, y el amor –multiplicado luego en 12 hijos– decidió su nuevo destino, fue uno de los principales cultivadores de piña de la zona central de Cuba, como vimos en páginas anteriores.

Pero, ¿cómo ocurrió la cruenta Batalla de Mal Tiempo? ¿En donde cayó Suárez de León?

Acaso donde con más dramatismo se aprecia el destino de aquellos “quintos”, es en los relatos de la batalla de Mal Tiempo, en el municipio de Cruces, acaecida el 15 de diciembre de 1895. Historiadores como Bernabé Boza (Mi diario de la guerra, Edit. Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro. La Habana, 1974, T-2, pp. 284-285); Raúl Aparicio (Hombradía de Antonio Maceo, Ediciones Unión, Premio UNEAC 1966, La Habana, 1967, pp. 440-442), y otros, han descrito pormenores de la batalla de Mal Tiempo, pero preferimos exponer la versión de dos historiadoras de Cruces, Cienfuegos: Mayra Teresa Pina Yanes y Ana Belén González Terry (La batalla de Mal Tiempo, Ediciones Mecenas 2000, Cienfuegos, pp. 10-16), de la que hacemos a continuación un apretado resumen:

“La rica zona azucarera de Cruces, por su situación estratégica, constituyó un centro importante de operaciones del ejército colonial, por lo que en 1895 se calculaba la existencia de 8 mil a 10 mil efectivos militares entre los cuarteles generales de Las Cruces y Mal Tiempo (…). En la mañana del 15 de diciembre salieron del cuartel general de Las Cruces, las tropas dirigidas por el coronel Salvador Arizón; estas partieron con una hora de diferencia entre sí, separándose en dirección del camino al ingenio Andreíta, la unidad bajo el mando del teniente coronel Manuel Sanz, compuesta por cerca de 500 hombres, y por el camino a Mal Tiempo la columna del teniente coronel Narciso Rich, integrada por dos compañías de Bailén y dos de Canarias, y una sección de caballería de Montesa, en total unos 550 efectivos; mientras el jefe de toda la agrupación, teniendo a su mando de 800 a mil jinetes de Treviño, marchaba a distancia táctica de las unidades antes mencionadas (...).

“Alrededor de las 10:00 a.m. del día 15 de diciembre las tropas invasoras (con los Generales Máximo Gómez y Antonio Maceo a la cabeza) pasaron frente al Central Teresa, que se preparaba para comenzar la zafra, y prendieron candela a los cañaverales. A pesar de contar este ingenio con una guarnición española, los soldados contemplaron el incendio, pero no abrieron fuego sobre las tropas invasoras, y estas continuaron su camino. Un campesino los alerta sobre la posibilidad de que en Mal Tiempo haya fuerzas españolas y se produzca un encuentro en el camino. Esto dio lugar a una breve conferencia entre Gómez y Maceo a la que responde el Titán con la orden de redoblar el fondo de la columna, y agrega: “Entró la nave en alta mar.

“Durante el recorrido por la zona de Mal Tiempo, el teniente coronel Rich llevaba como práctico al capitán conocido como el asesino de Cruces, cuando el centro de su fuerza cruzaba frente a donde actualmente se levanta el monumento de Mal Tiempo (…) se oye una detonación de un disparo de arma de fuego (…); fue el centinela Silvestre Meneses quien primero divisó la vanguardia española compuesta por el escuadrón de caballería que protegía la columna de Rich, a menos de 500 metros, y da la voz de alarma y dispara su tercerola y ese es el primer tiro que oyó Rich (…).

“Los españoles se organizan apresuradamente en cuadros de defensa contra caballería y abrieron fuego con descargas cerradas. Maceo oye los disparos y ordena imperiosamente la carga, ocupa con sus ayudantes y escoltas el lugar más delantero de la vanguardia y fueron los primeros en lanzarse al galope hacia esa dirección, pero al llegar a una zanja no encontraron el sitio propicio por donde cruzar y tuvieron que bordearla varios cientos de metros, dando el flanco derecho al enemigo, luego los detuvo una cerca de alambre, al otro lado del cual se encontraban los españoles formando en cuadros, a la derecha y a la izquierda de dicha cerca.

“En esos momentos se les unió el regimiento de Céspedes para ayudar a echar al suelo la alambrada; casi al mismo tiempo el general Máximo Gómez ve, desde el centro de su estado mayor y escoltas a algunos escuadrones villareños, con el general Serafín Sánchez al frente, que entraban como una tromba al sector de el lado de allá de la cerca, donde se encontraba el otro cuadrilátero enemigo; la posición que ocupaba le permitió avanzar sin dicho obstáculo y entrar fácilmente dentro de la línea española.

“La infantería enemiga no lograba rehacerse presa del pánico a la vista del terrible machete empuñado con furia por los escuadrones que siguieron a Gómez. Solo un escuadrón de Bailén ofreció resistencia, mientras otros grupos sucumbían bajo el acero de los mambises.

“Haciendo referencia al ejército español, respecto a este combate, José Miró Argenter expresó: ´al tratar de acudir los soldados de Canarias y alguna caballería de Treviño, el socorro ha servido para aumentar el pánico y la mortandad, pues novicios peones completamente bisoños y aterrorizados por la carnicería de Bailén han huido en gran desorden…´

“Otro testigo del combate, Manuel Piedra Martel, ayudante del general Antonio Maceo, comentó no haber visto, del ejército español, ni antes ni después de la campaña, a sus soldados perder la moral y desorganizarse…, pero en Mal Tiempo se mostraron colectivamente inconsistentes y faltos de valor individual. De otra manera no hubiésemos podido producirle aquel desastre.

Estos resultados demuestran cómo influyó en la aplastante derrota española el reclutamiento forzoso, manifiesto en la ausencia total del ideal común, principalmente en el batallón de Canarias número 42. En la siguiente descripción, referida en su libro Crónicas de la guerra, José Miró Argenter ilustra elocuentemente lo antes expuesto: ´todos los sólidos han sido deshechos a machetazos, la mitad por lo menos del batallón de Canarias, huyendo de la tremolina han soltado armas y cartucheras para escapar con mayor ligereza o rendirse a discreción, los que no aciertan a buscar refugio en al espesura de los cañaverales´”.

“Un comandante de caballería que ha tratado de rehacer el núcleo descuadernado de Canarias, tiene que huir a uña de buen caballo porque los soldados no le obedecen, tiran los fusiles flamantes, las cananas repletas de municiones, y los más de ellos se aplanan contra el suelo, bajo la terrible impresión del pánico, como palomas a la vista del azor. Pero la imagen más cabal del espanto se retrata en un grupo que se ha escondido a su manera detrás de un palmar, nuestra gente lo descubre y le va arriba; sus componentes parecen figuras de cera con uniforme de ralladillo azul, se les habla y no responden, lo más que hacen es cruzar los brazos por encima de la cabeza esperando el golpe del machete.

“Al respecto Máximo Gómez, General en Jefe, expresó: ´Yo sabia que eran quintos y que no podían resistir nuestra carga al machete…´. Él mismo pudo llegar a esta conclusión antes del combate dadas las informaciones que, respecto a la composición del ejército español, le había hecho llegar Rita Suárez del Villar, que en aquella etapa usaba el seudónimo de ´La Cubanita´, y eso constituía un factor importante para la estrategia de Gómez y Maceo en el combate. Esto dio como resultado que las tropas cubanas solo tuvieran cuatro bajas y menos de 50 heridos.

“El desastre de Mal Tiempo facilitó a los independentistas cubanos la obtención de un cuantioso botín de guerra: 150 fusiles Máuser, 60 Remington, 6 cajas de municiones, caballos de los oficiales y de la tropa, las acémilas, los equipos, el botiquín y la bandera del batallón de Canarias, así como la documentación del archivo, por las cuales se pudo conocer cuál fue la columna destrozada. (Las versiones coinciden en que se les hizo más de 200 bajas al enemigo).

“Este combate marca el fin de la primera etapa de la invasión, reafirmó la decisión y posibilidad real del avance hacia occidente, y se convirtió en una convicción de que nada resistía la carga de sus machetes.”.

Resulta asimismo muy interesante la historia de la obra monumentaria levantada por el combate de Mal Tiempo.

En un artículo aparecido en el periódico La Opinión, del 8 de diciembre de 1908, refiriéndose al lugar de los acontecimientos, el periodista Francisco Cobas Lastre señala:

“.yacen en una zanja abierta al efecto, restos de soldados hispanos (…) y diseminados en otros lugares encuéntranse también huesos de los cubanos que allí cayeron gloriosamente…”. Y destaca: “…Hora es ya que estos restos de cubanos y españoles se recojan cuidadosamente y, en tanto no se pueda hacer algo mejor, se depositen en el lugar del combate –finca Esperanza–, levantando allí siquiera sea una modesta columna de cemento y grabando en al misma una descripción conmemorativa…”·

El 7 de febrero de 1909, en reunión celebrada en la sociedad Unión Española de la localidad de Cruces, se constituyó una comisión del proyecto Monumento en Mal Tiempo, con la finalidad de “entender en la exhumación e inhumación en una sola fosa los restos de cubanos y españoles que murieron en el combate de Mal Tiempo y erección de un monumento en dicho lugar”.

A vecinos que entonces ayudaron a enterrar cadáveres, se debe la versión de que eran en total 86 cadáveres: 79 españoles y 7 cubanos. El monumento, un obelisco modesto, se inauguró el 19 de mayo de 1910, y estuvieron presentes autoridades cubanas, religiosas, de veteranos y el cónsul de España en Cienfuegos, Joaquín Travesado y representantes de las sociedades españolas en Cienfuegos y Cruces. El monumento se modificó posteriormente, colocando sobre el mismo un ángel de mármol de Carrara. La comisión recaudó por suscripción popular la suma de mil 575.84 oro español.

La tarja de 1910 decía: “El pueblo de Cuba: a los soldados cubanos y españoles que aquí cayeron gloriosamente defendiendo sus ideales el 15 de diciembre de 1895”.

Cuando se modificó el obelisco, en la tarja de 1943, se inscribió: “El pueblo de Cuba: A los soldados cubanos y españoles que cayeron defendiendo sus ideales. Diciembre 15 de 1895. Obra de la Logia Lazos de Unión y Comité de defensa local de Cruces. 1943”.

En la década de los años 50s fue construido el parque de Mal Tiempo alrededor del obelisco con calles pavimentadas y una gran área verde.

Una nueva construcción fue acometida y culminada en 1965, después del triunfo de la Revolución Cubana. El nuevo monumento respetaba aspectos constructivos del anterior y se colocó la inscripción que dice: “En este histórico lugar, el 15 de diciembre de 1895, nuestro Ejército Libertador al mando de los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez, derrotó a las fuerzas españolas en batalla decisiva, demostrándose una vez mas el arrojo, la valentía y firmeza de nuestros heroicos mambises. Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha. Antonio Maceo”.

El sitio histórico de Mal Tiempo fue declarado Monumento Nacional el 1º de octubre de 1978. Allí permanecieron los restos de españoles y cubanos, pero el cristal que los dejaba ver fue sustituido por una losa de mármol con una campana de bronce a relieve que representa la campana de La Demajagua.

En esa fecha se celebran, cada año, tradicionales actividades conmemorativas, que son símbolo y exponentes del sentimiento de amor y respeto albergado en el corazón del pueblo cubano hacia la batalla de Mal Tiempo. (Datos tomados de la obra La batalla de Mal Tiempo. Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2000)

(Continuará)