Get Adobe Flash player
Página de Inicio Pretextos Obra Literaria de Andrés Daniel García Suárez Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Influencia canaria en la nacionalidad e independencia cubanas

Por Andrés García

(Sexta parte. Final)

XVII

Era Un soldado demacrado y famélico. Parecía un niño. Demasiado joven, apenas un adolescente, para estar tan depauperado físicamente. Sobre su espalda flácida el largo fusil terciado, mas bien desplomado. La canana en bandolera; la mochila abultada. La mirada perdida en lontananza, como esperanzada de volver a ver a los padres seguramente desesperados.

El trópico fatal, los estragos de los mejores Generales de Máximo Gómez: Junio, Julio y Agosto, con sus aliados: la fiebre amarilla, el vomito negro, el paludismo, la disentería…, que mataban cien soldados diarios; el sol cubano, capaz de desteñir las telas de las banderas confeccionadas en la fría Europa. Todo ello pesaba sobre aquel soldadito español, el último de la larga fila que hinchaba la barriga del postrer buque de guerra ibérico que ahora zarparía: el “Cataluña”.

Aquel adolescente infeliz, reclutado apresuradamente en su tierra para servir de carne de cañón —más bien de machete— en la isla que combatía por su libertad, era el último en pisar las tablas del muelle del puerto cienfueguero, el último de aquel ejército español, antaño soberbio, que llegó a tener 350 mil soldados en la época de Weyler, desesperado esfuerzo por lograr con el genocidio lo que famosos generales no habían alcanzado con su teoría y táctica militar académica.

No se había apagado aún el eco de las pisadas de aquellas botas que mancillaban por última vez el suelo cubano, ese 5 de febrero de 1899, cuando penetró al muelle para abordar la nave, un personaje entorchado como para una parada militar. Lo seguían ayudantes igualmente disfrazados, Era el general Jiménez Castellanos, el último capitán general español en la isla de Cuba. Hosco, arrogante, pero con aquel halo de vergüenza y rabia de los derrotados.

Salía de Cienfuegos, de Cuba, de América, el símbolo del colonialismo contra le que luchó virilmente el pueblo cubano. Los miraba partir, con una mezcla de desprecio y pena, una muchedumbre silenciosa, de mirada dura, que se dio espontánea cita en los alrededores del Muelle Real. Era el pueblo que durante demasiados años fue oprimido, avasallado, hambreado y preterido en su propio suelo. El pueblo que sintió en carne propia la Reconcentración que costó la vida a más de seis mil hijos, el diez por ciento del total de nuestra población sureña de entonces. El pueblo que sintió vergüenza de no poder estar representado en la firma del Protocolo de Paz de París. El pueblo que vio llegar el primero de enero de ese mismo año 1899 al general norteamericano Bates, para hacerse cargo de la plaza de Cienfuegos y de la fortaleza del Castillo de Jagua. El pueblo que no podía vitorear a su Ejército Libertador hasta el 14 de febrero, nueve días después de la salida del último vestigio de la ingloriosa explotación de un pueblo por otro, porque la injerencia imperial norteamericana hizo que el neo-colonialismo sustituyera la vieja explotación por otra mas sofisticada y cruel, aunque para desprendernos de éstos no tuvimos que aguantar otro siglo para verlos partir cabizbajos otro primero de enero más feliz. (“Crónica de un aniversario centenario”, de Andrés García Suárez, en el periódico “5 de Septiembre”; Cienfuegos, 5 de febrero de 1999, Pág. 2).

Ha terminado la Guerra con España. Se marchan los últimos soldados. Los cienfuegueros los ven partir. Y la gente que no tienen una vocación por la violencia, gente que ha sido empujada a ella, de una parte y otra, siente que ese acto quedaba para siempre como una marca, una mancha, un vacío en la memoria... Se necesitará mucha fuerza y mucho tiempo para que las cicatrices cierren, y para que el hombre común de uno y otro lado, no los héroes, si no la gente de todos los días, que de momento empuñaron las armas, recuperen su paz interior y su capacidad de creación. Ayudarán los vínculos familiares, que son muchos, y la comprensión de muchas cosas, como aquello que Martí identificó como “las dos Españas”, la de la oligarquía en el poder y la de los españoles útiles… Y llegará el momento en que uno pueda sentir dolor, pero no resentimiento. Eso es distinto…

XVIII

Entre los días 15 al 19 de febrero de 1925 se celebró en Cienfuegos el Segundo Congreso Obrero Nacional. Más de cien delegados de toda la Isla, que representaban a 75 organizaciones obreras, se dieron cita en el local de la “Asociación Canaria de Cienfuegos”, (Anexo 2.), situada en Prado # 119, entre las calles de Santa Elena y Santa Cruz, para celebrar la sesión inaugural de ese Congreso.

Entre los dirigentes obreros reunidos en La Perla del Sur, estaba un isleño canario de nacimiento, José Miguel Pérez, y aunque no ha sido probado este dato aún, sospechamos que fue a instancias suyas que la citada organización canaria autorizó la celebración de ese evento en el local recientemente inaugurado.

Seis meses más tarde, José Miguel Pérez, resultó elegido secretario general del primer Partido Comunista de Cuba, fundado en La Habana, entre los días 16 y 17 de agosto de aquel año 1925. Allí estaban Carlos Baliño, que antes había fundado, junto a José Martí, el Partido Revolucionario Cubano; Julio Antonio Mella —asesinado en México en 1929— y otros valiosos dirigentes.

Y José Miguel Pérez, quince días después de la fundación del PCC, fue detenido por la policía de Machado, y deportado a España, donde sería fusilado por los fascistas en 1936. Pero su prestigio y labor, influyó también en el movimiento obrero cubano, y dejó recuerdos en al cuidad sureña donde ocurrió la celebración del Segundo Congreso Obrero que creó la Confederación Nacional Obrera de Cuba, antecedente de la actual Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

Esta es la historia bendecida del barroco americano, que se cruza con la idea de lo real maravilloso descrito por Carpentier. No es un estilo, es un hecho, una conciencia que cobra el hombre americano, en nuestro caso, cubano.

Aquí nació, de la “luminosa cohabitación” que creó el “ajiaco” criollo y nuestra estirpe de valientes sin odio. No se puede odiar la misma sangre. No fuimos nunca dos pueblos en pugna. Fuimos dos pueblos que en maravillosa simbiosis cultural crearon el poema-épico pionero de nuestra literatura nacional, en fecha tan temprana como en 1608; surgió la devoción a la Virgen de la Candelaria en el poblado creado por canarios, de San Fernando de Camarones, en 1749, en la zona cienfueguera, y en pueblo homónimo, de Candelaria, en Pinar del Río, en el 1809.

Nacieron las tonadas campesinas que amenizan los guateques del campo cubano de ayer y de hoy; y las danzas isleñas en pueblos del norte Villareño, que renuevan los descendientes de canarios no sólo en el campo de la música y el baile, si no también en la literatura, la pintura y otras artes.

Son descendientes de hijos o hijas de las Islas Afortunadas, los dos máximos expositores de las ideas libertarias cubanas, Carlos Manuel de Céspedes y José Martí y Pérez, fundadores de la nación cubana. Pero también combatientes de nuestras gestas contemporáneas en el Moncada de Santiago de Cuba, en el Asalto al palacio Presidencial habanero o en el ataque al cuartel Goicuría de Matanzas. Y genes canarios portaban combatientes internacionalistas cubanos caídos en al guerrilla del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, por solo citar algunos ejemplos que aparecen en el desarrollo del trabajo.

Hijos de nuestros pueblos entregaron las primeras víctimas durante la feroz represión por la justa propuesta de los vegueros de Jesús del Monte en 1723, en las cercanías de Santiago de las Vegas, poblado fundado por canarios. Descendientes de esos vegueros cultivan desde entonces las mundialmente famosos hojas que envuelven los millones de puros cubanos de fama universal.

Fueron creadas palabras nuevas que ya son comunes en la lengua castellana; el 43,2 % de los españoles caídos en las guerras, sirviendo a Cuba en las filas insurrectas, eran de origen canario. José Miguel Pérez, líder obrero elegido secretario general del primer Partido Comunista de Cuba, fundador después de su forzado exilio a su Tenerife natal, del Partido Comunista de Canarias, antes de ser fusilado por los fascistas, contribuyó a la conciencia y unidad sindical del proletariado cubano de los años 1920 a 1930.

De esta manera somos dos hermanos artificialmente enfrentados por un régimen obsoleto, por aquella “sociedad anónima” que era la monarquía autocrática española.

El dolor causado, empero, no generó odio, si no respeto mutuo. Es lo insólito que nos es cotidiano. El barroco americano que forma parte fundamental de la realidad maravillosa de América. De Cuba.

Existe un cuerpo ideológico con meridianos en si mismo, que no es ni mucho menos pacatería de nacionalismo a ultranza. Hay una dimensión universal en las ideas que existían ya en lo indígena, que se integra con el plateresco que llega en las naves de la conquista, para enseguida agregar el ingrediente africano. De tal simbiosis adviene el barroco americano, expresión acabada de nuestro mestizaje, una composición tan fuerte, nueva y sana que está por encima de toda mezquindad humana “normal”.

De tal carácter, los cubanos así surgidos, luchan contra la metrópoli monárquica española y la vencen. En Cienfuegos, hay tal evidencia. El muelle real de su puerto conserva el sonido y la imagen de las pisadas y la estampa de los últimos soldados y el último capitán general que regresan exhaustos, maltrechos, definitivamente vencidos por el hombre, la naturaleza, por la fuerza de la razón y de los tiempos. El pueblo los ve partir, con rabia contenida y pena. No les grita, no los ofende. No los vitupera. Sólo los ve partir, cumplido su destino.

Esto no es producto de la imaginación artística. Es lo histórico que fluye libremente. Con todo lo que mostramos en las páginas anteriores. No es sólo respeto por la verdad histórica, es la verdad histórica que se revela pujante y es posible interpretarla, hallada en las encrucijadas mágicas de la vida. Hecho prodigioso sin deformaciones estéticas. Realidad maravillosa.

José Martí ha advertido; “Es preciso ser a la vez, hombre de su época y de su pueblo”. Y los integrantes del Ejército Libertador Cubano luchaban por eso, más con ideas que con armas, y vencieron. El ejército colonialista, aunque contaba con aguerridos y bien pertrechados soldados y jefes capaces, tenía también en sus filas a adolescentes-quintos condenados a la guerra por su descapitalización, y presidiarios reclutados por los carlistas. Y tenía en su seno, hombres honestos, como Plácido Vázquez, que antes combatió bajo el mando del General Martínez Campos. Y que dos días antes de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo, recibió de éste, el grado de Alférez: la última orden de ascenso firmada por el Titán de Bronce. Es simbólico.

De esas contiendas surgió la nacionalidad, y en ella, está implícita la sangre canaria, también. Españoles y canarios buenos –como los llamaba Martí- son parte viva de esa nueva sociedad humana. Esos predecesores, españoles, canarios y de otras etnias, formaron estas generaciones y tienen influencia activa y directa en los cubanos contemporáneos.

Estos contemplan con admiración, que España está haciendo justicia con los que emigraron a América, y a Cuba, en los siglos XIX y XX, que siguieron a otros muchos que en siglos anteriores lo hicieron. Y es justa España al aprobar la Ley de Memoria Histórica (Ley 52/07, del 29 de diciembre de 2008), que reconoce y posibilita obtener la nacionalidad española a los descendientes de españoles en las tierras americanas. El gobierno de España, y su presidente Rodríguez Zapatero que la propuso como instrumento legal, y sus ministerios involucrados en estas acciones, reconocen a las descendientes de aquellos que acogieron, tales hijos propios, a tantos valientes que cruzaron el mar en busca de nuevos horizontes. Mucho nos debemos, mutuamente. Aportaron a nuestra identidad, nuestra conciencia, nuestros valores, aportaron y recibieron. Reconocerlo ahora es cumplir un reclamo justo. De esos hombres y mujeres estaremos siempre orgullosos de ser sus descendientes.

Queremos luchar por vivir aportando integración, no dispersión. Que la sociedad española comprenda el fenómeno migratorio, es necesario. Que comprenda que formamos parte de las dos caras de esta realidad, es necesario. Constituimos la síntesis del proceso en los dos sentidos. España puede comprenderse a si misma y ganar una batalla que está en función del futuro de muchos pueblos y de su propio desarrollo.

Los descendientes comprendemos que comenzamos a ser parte de forma directa de la sociedad española moderna, con todos los beneficios, pero también con todas las obligaciones. No basta con recibir un pasaporte, es preciso involucrarse en la nueva realidad, trabajar duro desde nuestros respectivos pueblos de origen americanos y dentro de la propia España, por el bienestar y el progreso de la sociedad española, en idéntica medida como lo hace con respecto a las nuestras.

No es fantasía de artistas. Es la realidad irrefutable del barroquismo y del realismo mágico que tiene que verse, que es, una constante humana. Nuestro común destino no deja lugar a dudas.

La mejor reivindicación a los caídos por los errores del pasado, a los que emigraron, es la justicia del presente.

Una política marca el rumbo. Lo estableció José Martí, el Héroe Nacional Cubano, descendiente de canaria, hijo de ambos pueblos. Es la política que anunció hace 114 años cuando en el Manifiesto de Montecristi “uno de los gritos capitales de la honra humana” como fue calificado, vislumbró; “Es necesario alzarse a la altura de los tiempos y contar con ellos”. ¡Hagámoslo juntos!

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 34 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy1302
mod_vvisit_counterAyer1429
mod_vvisit_counterEsta semana5564
mod_vvisit_counterEste mes6920
mod_vvisit_counterHasta la fecha1184847

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami