Por Carlos Galindo


Puesto que no eres sino el polvo
El tiempo en primavera y muerte
Puesto que vivificas la lluvia desde tu corazón
Y has entrado con los pastores en el tiempo del árbol
Y con los mineros en el tiempo del fuego terrestre
Puesto que aún conservas el polvo del primer animal en tus sandalias
Y la primera herida del padre aún fresca gotea en tu jornada de fuego
Puesto que aún hueles a muerte

Y la mirada de tu hermano el caballo no enciende
tu lámpara vacía
Dad al que vive un tiempo más justo que el terrestre
Un muro más profundo que sus lágrimas
Un pan más extenso que su tierra
Y sobre todo
Dad al que vive la paz de las orquídeas
La paz que en el día y en la noche del hombre
Van tejiendo los pueblos al pie de sus fusiles.

 

Circo

Le debo un poema al circo de mi infancia
Ayer he visto la carpa desplegada y de nuevo he sentido
                                          [temor del trapecista
Siempre tuve temor del aire de su muerte
Pues entrando en el verano olor de establo artificial
Oigo la música azul de sus espejos
Y pienso que alguien puede cortar el hilo que va de la
                                          [vida a la muerte
Y quedar entonces para siempre
El gesto sólo
No ser ya ni pájaro
Ni hombre
Ni acróbata
Ni circo.

 

Se regresa en el tiempo

Un hombre
en tanto que le llaman las voces de la tierra
Escribirá su nombre en las raíces
Dejará sobre las piedras muertas constancia de su fuego
Un viento innumerable tatuará a sus espaldas la flor y el enigma
No en vano del corazón del ave salió la primavera a reinar sobre el muerto
Su nombre no brilla aún en el pozo de la madre lejana
Él mira y cuenta las estrellas
Sabe que no es un nombre sobre la tierra muerta
Que no es un animal puesto a secar al sol como la lluvia
Con unos pies de niña pobre en su pesebre
Él sabe que aún le llamará la patria
Que se erguirá entonces como los puentes en la noche
Aunque la muerte innumerable nos aceche
Pero sobre las arenas desde el ojo del tiempo aún él puede regresar.

 

Hablo de tierra conocida

Y tratan de edificar sobre tu ángel
Castillos y edades
Para que el paso vertiginoso de la vida
No se contagie con tu paso
Pero tú eres
Deseada
Y tu nombre está frente a la muerte
Desafiando la consigna del polvo
Interponiendo la edad del hombre
Con la edad del fuego y de la piedra.
Solamente los hombres

 

Solamente los hombres

Solamente en uno vive la muerte que es de todos
Y puesto que el sol madura los pies y la esperanza
Démosle a la muerte un fruto inabarcable
Hombres que sólo la mirada de un niño justifica
Qué eternidad calculas cubierto de vergüenza
Qué espejo buscas que no sean tus ojos
Qué manos buscas que no sean los ángeles del tiempo
A quién interrogas si no a la propia nube de tu soledad
Qué puedes allegar a ti si no la vida
Lo que permanece y aún se cubre de flores cada primavera
Ay pon sobre la tierra tus manos y echa a andar la vida
Démosle a la muerte un fruto inabarcable.