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Sección de literatura de autores del resto de Cuba

Violación

Por María R. Martínez

El olvido es una ofensa
al dolor de la barraca,
que se expone a la resaca
del tiempo, cuando indefensa

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Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo.

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Lumbre de un rastro

Por Domingo Díaz

Me pregunté muchas veces
qué me dirían las olas
cuando se vieron tan solas
en la mar con sus reveses,

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Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo. Por

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Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo.


Por primera vez se sintió además de libre,  exclusivo.

 

Recostado en el espaldar tarareaba una canción pero fue interrumpido por el brusco movimiento del avión, como si el cielo de repente se llenara de huecos enormes. Sintió otro movimiento pero esta vez fue la mano inquieta de la aeromoza:
–¿Se encuentra usted bien?
–Sí…, sí  –atinó a decir medio adormilado y descendió  hacia el  bus.
Paris era tal cual la había pensado y hacia el interior los campos verdes estaban llenos de rosedales.
Probó todo cuanto pudo y más, los franceses son sin duda unos excelentes cocineros, algo quedaba en ellos, comunero podría decirse, pero no había llegado hasta allí para cuestionar  sino para disfrutar del azul violeta a veces grisáceo del cielo y otras con el sol más placentero que imaginarse pueda, frente a una pequeña laguna dibujó ligeros esbozos, retratando con su paleta ardorosa el primor y respirando los delicados aromas.
Un roce sobre su hombro lo distrajo y se volteó molesto, pero sólo era el crujir de la rama verde que decoraba  su espaldar y comenzó a reír y siguió riendo mientras el avión caía.

 

 

 

Encierro

Por Rando Santos

A Jesusín

Siempre hay un poco de razón con la locura

Nietszche

Casi siempre, al regresar, caminaba junto a la verja. Del otro lado, cada cual, sumergido en su mundo, apenas notaba la existencia de los demás. Un día se detuvo, y los miró atentamente. Sobre

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