Por Pepe Sánchez

 

SOCRÁTICAS


                ¿Por qué me trajiste, padre,
          a la ciudad?
                ¿Por qué me desenterraste
         del mar?

                       Rafael Alberti


Lo primero es un viento favorable,
ser el gurú que escribe tu destino,   
la ruta sobre el mar, tu sol latino.
Mantener firme la pasión, lo amable.

Y seguir construyendo un puente estable
sin ver que otros hicieron el camino,
que es difícil en tierra ser marino
y al final todo puerto es memorable.

Incluso puedes compartir las dudas,
decirle que es inútil a un recuerdo,
viajar al sueño donde nada es cuerdo.

Después, solo se trata de ir erguido,
que hay una luna amada en lo que sudas
y todo es lucha y tiempo sucedido.

 

LOS CAMINOS A ROMA


La paz del cielo, su ribera terca,
aquel preludio que al final asusta;
tu voz de mar, de ser aquel que gusta
del golpe de la vida bien de cerca.

Todo eso dejas. Y te vas creído,
feliz de que hay camino y canto nuevo 
que nos llevan a Roma, que hay relevo
bajo un sol sin coraza y renacido.

Y llegas a esa misma plaza inculta
que no es la paz, ni el resplandor: que insulta,
sin la razón de sacudirte el cielo

del camino. Rival de aquel anhelo,
se queda en el sudor del horizonte
la luz y el mar, tus ojos y tu monte.


EL DEDO DEL CÉSAR


Era la vida cuando señalaba
al cielo y los plebeyos aplaudían,
y otros meneaban joyas que rendían
honores porque el César perdonaba.

Y la muerte, si el dedo lo giraba
hacia la arena, donde se morían
los ojos del terror, lo que sentían
mientras eran la fiera que mataba.

La historia se repite, y otros dedos
nos miran desde arriba como a infieles,
como que abren la puerta de los credos.

Por eso olvide usted esos papeles
secundarios que asignan con sus miedos, 
que la vida es amor sin aranceles.

 

EN LA ARENA DEL CIRCO


Es por nada que a veces batallamos.
En la arena del circo estamos solos, 
la soledad está en los protocolos,
en el candil de paz que derribamos.

Está en los fríos templos que erigimos,
donde falta el abrazo y no lo damos.
En tanto sol herido, tantos tramos,
en lo que callas y en lo que decimos.

La soledad que somos, la que fuimos
y aún en medio del dolor buscamos,
nada es frente a las gradas de la euforia,

del ciego griterío al que partimos;
si de nosotros mismos no logramos
nuca escapar, si es esa nuestra noria.

 

ALEA IACTA EST


Para cruzar el Rubicón recitas
el Oráculo como tu denario.
Ves la audacia final del adversario,
el modo en que al azar te precipitas.

No todo es cara o cruz, y el que decide
partir las aguas, arriesgar la casa,
deja un rastro por donde siempre pasa
el dolor, las memorias que divide.

Y si los vientos giran y no sabes
qué hacer con ese olor vital del mundo;
si los sueños regresan a la amada.

Entonces, es mejor quemar las naves,
mientras Orfeo toca. Y bien profundo
respirar. Que la suerte ya está echada.


MONÓLOGO DE ULISES


                   I have heard the mermaids singing, each to each.     
                   I do not think that they will sing to me.

                                            T. S. Eliot


Pero para alguien cantan las sirenas,
aunque vayas atado al mástil solo,
algún viento será el viento de Apolo
y el mar aeda de las viejas penas.

Dios nos sonrió y ayer no fuimos pasto
de las olas que mueren en un juego
que ignoran, donde el viaje es danza y fuego
del rumbo sobre el memorial nefasto.

Y ahora que a tu tálamo regresas,
la paz y el lienzo esperas, sin sorpresas,
sin elegir la espada o la garganta.

¿No puedes escuchar su canción? Dime,
si no es aquel fervor, ¿quién te redime?
¿Acaso no es la vida quien la canta?


HERÁLDICA


                   A mis ancestros españoles.


            Se tomará un descanso el hortelano
            y aliviará sus penas, combatido
            por el viento y el sol de un tiempo manso.


                       Miguel Hernández 


En tierra de mis padres he sembrado
un árbol; fruto de mi fe temprana,
estirpe de un olivo y de la arcana
canción del campo bajo sol y arado.

En el vientre alto de Iris he forjado
un hijo; tiene una raíz hispana
y sobre el yunque de Vulcano sana
de otra luz de aridez y pan luchado.

En el libro del tiempo, al fin, suscrito
tengo fragmentos de un plural escrito
de épicas voces, viajes y desvelos.

Feliz (estoy) como un apache en tierra
de nibelungos; harto de la guerra
que con mi sangre libran mis abuelos.


Tomado de: Memorias de un gladiador (Editorial Mecenas, 2023).


Este libro de sonetos es el resultado de haber obtenido su autor la Beca de Creación “José Díaz Roque” 2019, convocada anualmente por la UNEAC de la provincia de Cienfuegos, Cuba. (N. del E.).