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La relación cultura-comunicación como un proceso histórico-social

“La comunicación es inseparable de la cultura. Es el otro lado de la misma moneda. No puede existir la una sin la otra. La cultura es comunicación y la comunicación es cultura”.

(Hall and Hall, 1990)


Autores de diferentes tendencias y épocas han emitido su concepto de comunicación, ante todo como la capacidad humana más sorprendente y necesaria para el desarrollo social y la interacción con el contexto que le ha tocado vivir a cada generación y a cada individuo en particular.

De manera que nos parece adecuado comenzar nuestro artículo con la cita al respecto de algunas definiciones: “La comunicación en un tipo de actividad compleja, especial, y su motivo es la interacción, transmisión o influencia sobre el otro integrante de la relación comunicativa” (Cruz, 2001). “El hecho humano se produce gracias a la actividad conjunta y se perpetúa y garantiza mediante el proceso social de la educación, entendida ésta en un sentido amplio y no sólo según los modelos escolares de la historia más reciente” (Vigotsky, 1987). “El hombre hace su historia con su actividad, crea el cuerpo de la cultura y a través de ella prueba ser un ser esencial, se universaliza” (Estrada, s.f.).
La comunicación, en la escuela histórico-cultural, fue trabajada como categoría fundamental a partir de los trabajos de L.S.Vigotsky acerca de las funciones psíquicas superiores, quien destacó cómo estas no responden a la línea de la evolución biológica, sino que son el resultado de la asimilación de los productos de la cultura, lo que se da sólo a partir del contacto entre los hombres. En este sentido es de destacar también la idea de este pedagogo e investigador relacionada con el  origen interpsicológico de todo lo psíquico, es decir, cómo cada función psíquica -y la personalidad en general- se genera como dentro de dichos procesos, para luego interiorizarse.  Durante el proceso de comunicación, los sujetos involucrados se influyen mutuamente, es decir, interactúan sus subjetividades a través de los fenómenos de externalización e internalización. Unido a esto, se produce una redefinición y configuración de la subjetividad, en que la realidad llega a través del otro (Águila, 2006).
Así, arriba Vigotsky a unas reflexiones medulares en cuanto al desarrollo cultural del niño, en que toda función aparece dos veces: primero a nivel social, y más tarde, a nivel individual; primero entre personas (interpsicológica), y después, en el interior del propio niño (intrapsicológica). Y cocluye afirmando que todas las funciones superiores se originan como relaciones entre seres humanos (1987).
Lo anterior explica cómo cultura y comunicación van de la mano desde su génesis, que es la actividad. Es imposible separar ambos términos en el desarrollo individual y por tanto en el desarrollo social, que es un resultado de la interacción humana. Según Estrada, la relación cultura-comunicación es imposible de disolver, mediada por los eslabones intermedios que le dan cierta autonomía a cada componente de la totalidad del sistema. Este mismo autor afirma que la historia de la comunicación se remonta a los orígenes de la humanidad, pero a partir del desarrollo de los medios impresos, que van mas allá de cualquier diferencia natural porque trascienden la diversidad cultural, por lo que en la medida que se transforman, revolucionan el modo en que los seres humanos comparten sus pensamientos.
Las formas y el contenido de la comunicación se determinan por las funciones sociales de las personas que entran en ella, por su posición en el sistema de las relaciones sociales y por su pertenencia a una u otra comunidad o grupo; se regulan por los factores relacionados con la producción, el intercambio y el consumo, así como por las tradiciones, normas morales, jurídicas e institucionales y servicios sociales. De manara que comunicación y cultura han ido de la mano desde sus propios orígenes.
Otro elemento importante son los sistemas semióticos, que según Estrada, son importantes en la comunicación y se presentan a través de los signos, ya sea del lenguaje natural o en signos no lingüísticos, por ejemplo: señales, símbolos, lenguajes artificiales, todos ellos tan necesarios para el acto mismo de comunicación. El contenido de los signos es todo un sistema complejo de significados, originados en la historia y plasmados en la cultura y está integrado por el conocimiento de las formas y las leyes de la naturaleza y la sociedad, así como la experiencia práctica que se transmite de generación en generación mediante ritos y el más variado género de actividades, normas de conducta y reglas, etc. Por tanto, toda cultura posee una función comunicativa, y para que el proceso sea efectivo es necesario que exista una coincidencia entre emisor y receptor, en cuanto al conjunto de imágenes, percepciones, asociaciones, etc.; de lo contrario, no se establece la mutua comprensión entre los sujetos, y la comunicación resulta ineficaz.
Para hacer comprensible lo anterior, hay que ver la cultura como un complejo de símbolos universales que ayudan a la comunicación, por cuanto se comparten entre los diferentes seres humanos. La cultura es aprendida o adquirida. En términos generales, se afirma que proporciona a las personas un marco de referencias cognoscitivas generales para una comprensión de su mundo y el funcionamiento en él. Esto les permite “interactuar con otras personas y hacer predicciones de expectativas y acontecimientos.” (Rizo, s.f.)
La cultura es una obra estrictamente de creación humana, a diferencia de los procesos que realiza la naturaleza, por ejemplo, el movimiento de la Tierra, las estaciones del año, los ritos de apareamiento de las especies, las mareas e incluso la conducta de las abejas que hacen sus panales, elaboran miel, se orientan para encontrar el camino de regreso; pero, que a pesar de eso, no constituyen una cultura, pues todas las abejas del mundo hacen exactamente lo mismo, de manera mecánica, y no pueden cambiar nada. Exactamente lo contrario ocurre en el caso de las obras, ideas y actos humanos, ya que estos transforman o se agregan a la naturaleza; por ejemplo, el diseño de una casa, una sencilla receta de cocina, la elaboración de un plano, la simple idea de las relaciones matemáticas, son hechos de la cultura, y sin la creación humana no existirían por obra de la naturaleza.
Resulta pertinente acotar lo que al respecto expresa Bauman (2002, citado por Cortés, s.f.): “La cultura humana, lejos de ser el arte de la adaptación, es el intento más audaz de romper los grilletes de la adaptación en tanto que obstáculo para desplegar plenamente la creatividad humana (…) es un osado movimiento por la libertad, por liberarse de la necesidad y por liberarse para crear (…). A través de la cultura, el hombre se encuentra en un estado de revuelta constante, una revuelta que es una acción y experiencia humana […] y en la cual el hombre satisface y crea sus propios valores.”
Es aquí donde la comunicación estrecha sus lazos con la cultura hasta su asimilación plena. Es decir, lo cultural se entiende como una forma de sacar el máximo partido a las posibilidades interactivas de las relaciones construidas a través de la acción. La comunicación y la cultura implementan las formas solidarias de actuar en común, en libertad (Cortés, s.f.).
Al reflexionar en todo lo anterior se puede afirmar que  la relación entre comunicación y cultura requiere considerar a la comunicación como el proceso básico para la construcción de la vida en sociedad, como un mecanismo activador del diálogo y la convivencia entre sujetos sociales. Desde esta perspectiva, hablar de comunicación supone acercarse al mundo de las relaciones humanas y de los vínculos establecidos y por establecer. La comunicación es la base de toda interacción social, y como tal, es el principio básico de la sociedad. Es en la interacción comunicativa entre las personas donde se manifiesta la cultura como principio organizador de la experiencia humana.

Referencias bibliográficas:


ÁGUILA, YAIMA: Comunicación en la vida cotidiana, en Psicología-online, 2006. Disponible en http://www.psicologiaonline.com/articulos

BUSTAMANTE, ENRIQUE: Diversidad en la era digital: la cooperación iberoamericana cultural y comunicativa. Disponible en http://www.oei.es/pensariberoamerica.

CRUZ, LEYDA (comp): Psicología del desarrollo. Selección de lectura, La Habana, Editorial Félix Varela, 2003.

CORTÉS, JUAN J: Cultura y comunicación como praxis para el desarrollo

ESTRADA Ramírez, FELIPE: Cultura y comunicación. Disponible en
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/estrada_ramirez_felipe/index.htm

RIZO GARCÍA, MARTA: La relación entre comunicación y cultura en la trayectoria del Programa Cultura de la universidad de Colima. Una exploración desde la propuesta de la Comunicología.

VIGOTSKY, L. S: Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores. Editorial Científico Técnica, La Habana, 1987

 

Maria Cecilia López Herrera

Liana González Lopez

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