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El poeta buscó sus gafas para leer, ya no era joven y tenía que ver a través de ellas. El tiempo resultaba un amigo incómodo, no era el mismo. La luz de la computadora le molestaba, sus antiguas máquinas mecánicas estaban en el cuarto de los objetos guardados y olvidados, que solo acumulan polvo y arañas. Sin embargo, las extrañaba, así como su juventud en que no tenía que usar anteojos para escribir ni pagar internet. Caminó hacia el comedor, echó un rápido vistazo, solo vio los platos sucios llenos de restos de comida. Había bebido dos días seguidos sin haber perdido el juicio, era un buen bebedor. Ahora su vista recorría el sofá donde se había dormido esperando a las musas, que esta vez no llegaron. Llevaba varios días sin poder terminar una novela, acerca de la frivolidad y la condición humana en muchos escritores. Le faltaba el último capítulo, que prácticamente era innecesario, pues en los anteriores había descuartizado con satisfacción extrema a sus colegas. Miró el reloj de pared, marcaba las 10:00 a.m. Pensó que era tarde, se dispuso a preparar un café, encendió un cigarrillo, a pesar de las advertencias médicas de un posible enfisema pulmonar si seguía fumando. Ya con el café en la mano, volvió al estudio y se dispuso a continuar la novela, que trataba de un grupo de amigos que se decían escritores y poetas; los mismos creaban grupos, asociaciones, con la finalidad de publicar sus obras en todos los posibles espacios culturales y en las redes sociales.
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Por Maria Herrera
No era un simple sueño del amor en las ideas,
alimento cual aire en la garganta;
mi última morada es toda noche perfecta,
la de luna, la de lluvia,
la de los sueños sin eternidad.
¿La vida continúa? ¿Cuál vida?
Estableceré imperativamente que mi carne hastiada
crepite cual vientos intensos
las mentes de quienes a veces me quieren.
No hay verdad en este, mi universo;
solo lo que decido creer,
pero… duran poco mis decisiones…
y… la verdad yace en el mundo
de los vanidosos que se creen “razón”.
Y yo…
yo uso cristales de arcoíris.
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A León Ostrov
Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo
Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos
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Por Maria Herrera
El inicio de la noche
abraza las vísceras de cada día,
el pecho se convierte en piedra,
queriendo asustar…
y seguís allí,
encerrando el alma en cera
con promesas lustradas,
con tu voz cavando la fosa
para mi voluntad.
Yo revivo los muertos
de mi pasado otra vez y otra…
hasta el último ápice de culpa
atada a las espaldas doblegadas que cargo;
nada invade la mente que te adorna.
Pero… la esencia de tanto caos
finalmente se impregna en mí
y ya nada es tranquilo como una tumba.
Tus mil y unas lenguas ahora están muertas
y todo volvió a ser silencio después de morir,
hoy, me devolví a la vida
y en ella no estás.
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Por Naizomi Getav
Lluvia en lunes por la noche,
lluvia fría de noviembre...
y te extraña el latido de un corazón,
te extraña mi ser
bajo esta luna
que apenas se ve.
Contradicción...
Estallan los colores en esta alma mía,
el luto y su vestido me persiguen todavía,
la muerte y la vida, ríe la algarabía
me mira una lágrima, vibra la agonía.
Estallan los colores en esta alma mía,
prenden cual pólvora a la venida de la llama.
¿Aún muero? ¿Acaso es de mañana?
¿acaso estos colores vienen de mi alma?
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Por Naizomi Getav
Por aquellos días el corazón no sabía de dolor, se raspaban las rodillas y a seguir corriendo para aprovechar la magnífica luz del día.
¿Cuándo es que cambian las cosas?
Hoy hay días oscuros a pleno sol, corazones rotos al por mayor, las rodillas
ya no se raspan, ya no jugamos a ser grandes...
¡Hoy somos grandes!
¿Y sabes?: mamá curaba mis rodillas con un beso;
¡tan mágico, tan fantástico...! El dolor huía despavorido.
Hoy me da un beso, ¡cuán profundo le queda mi corazón!
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By John Lennon
“When you do something noble and beautiful and nobody noticed, do not be sad. For the sun every morning is a beautiful spectacle and yet most of the audience still sleeps.”
No estés triste
Por John Lennon
“Cuando hagas algo noble y bello y nadie lo nota, no estés triste. Porque el sol cada mañana es un bello espectáculo; sin embargo, la mayoría de la audiencia todavía duerme”.
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En el recuerdo está el olvido
y en el olvido habita el recuerdo.
Busco en mi memoria
tu rostro surcado por mil derrotas
que no supiste combatir.
Siglos de vientos
agolpados en los muros de mis caminos
me traen tu voz ahogada por lamentos,
desatinos vivenciales,
elegiste morir en vida
y en vida morir.
Recuerdo y olvido cohabitan,
uno está siempre al acecho del otro
como fiel compañero que obligado rememora
los caminos donde lucha nuestro existir.
Olvidando te recuerdo,
porque dando pasos en tu camino
he ido desasiendo tus huellas.
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Por Edgar Allan Poe
Estoy muy lejos de considerar sorprendente que el extraordinario caso del señor Valdemar haya provocado tantas discusiones. Hubiera sido un milagro que ocurriera lo contrario, especialmente en tales circunstancias. Aunque todos los participantes del mismo deseábamos mantener el asunto alejado del público –al menos por el momento, o hasta que se nos ofrecieran nuevas oportunidades de investigación–, a pesar de nuestros esfuerzos no tardó en difundirse una versión tan espuria como exagerada, que se convirtió en fuente de muchas desagradables tergiversaciones y, como es natural, de profunda incredulidad.
El momento ha llegado de que yo dé a conocer los hechos –en la medida en que me es posible comprenderlos. Helos aquí sucintamente.
Durante los últimos años había atraído repetidamente mi atención el estudio del hipnotismo. Hace unos nueve meses, se me ocurrió súbitamente que en la serie de experimentos efectuados hasta ahora existía una omisión tan curiosa como inexplicable: jamás se había hipnotizado a nadie in articulo mortis. Quedaba por verse si, en primer lugar, un paciente en esas condiciones sería susceptible de influencia magnética; segundo, en caso de que lo fuera, si su estado aumentaría o disminuiría dicha susceptibilidad, y tercero, hasta qué punto, o por cuánto tiempo, el proceso hipnótico sería capaz de detener la intrusión de la muerte. Quedaban por aclarar otros puntos, pero estos eran los que más excitaban mi curiosidad, sobre todo el último, dada la inmensa importancia que podían tener sus consecuencias.
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1.- Rolando Revagliatti: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?
Cristina Mendiry: Era 1966, casi septiembre. Estaba en tercer grado de la Escuela Primaria. Escribí una poesía de verso libre. Tenía nueve años. Quería homenajear a la primavera. Después ya no pude dejar de escribir.
2.- RR: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?
CM: Los torbellinos me pintan. Me arrebatan. Me camuflan. Me corroen. Me destrozan. Me tiemblan. Me alientan. Me iluminan. Me inspiran. Me vuelcan. Me tardan. Me adelantan. Me sublevan. Me lloran. Me sonríen.
3.- RR: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?
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